Saliendo el payaso, soltando la carcajada
O lo que sería lo mismo, como dice el refrán popular, “Plata en mano, culo en tierra”.
Y el tema no es de risa. Para nada. Es para preocuparse y para ocuparse. Tiene que ver con la serie de compromisos económicos en que incurren los cientos de aspirantes a un cargo de elección popular. Entre Gobernación, Alcaldía, Asamblea, Concejo, Juntas Administradoras Locales, veremos ahogarse más de doscientas personas. Y de pronto me quedo corta. A la Gobernación, hay 4 aspirantes; a la Alcaldía, 2; a la Asamblea, 93; al Concejo, 176; a la Junta Administradora Local Norte Centro Histórico, 147; a la JAL Metropolitana, 180; a la JAL Riomar, 154; 180 a la JAL Sur Occidente; 176 a la JAL Sur Oriente, según datos de www.registraduria.gov.co
Bueno, esas cientos de personas que aspiran ser elegidas no han dudado en empeñarle el alma al diablo para hacer frente a los gastos de campaña. Papelería que incluye tarjetones de ensayo, pasando por las fotografías (muchas veces gastan más en el Photoshop para la publicidad, que deja como resultado a la vista candidatos que han sufrido una asombrosa involución); aquiler de transporte, tanto para zonificar como para el día de los comicios; camisetas, gorras, canguros, pulseras o cualquier otro artículo que permita estampar su rostro, nombre y número de tarjetón con el respectivo partido; almuerzos y cenas para el personal de apoyo a la campaña; alquiler de vehículos y combustible para los mismos de la avanzada. En fin… son tantos y tantos los gastos que se derivan de esas aspiraciones.
Y en época de campaña enredan a más de uno con su labia. Pero he aquí la advertencia.
Si no quieren que el paso de los días los transforme en mendigos, pónganse pilas a cobrar antes del 22 de octubre. Después de esa fecha, les aseguro que sus acreencias se convertirán en impagables. En deudas consentidas. Así hubieran entrado a las arcas de la campaña los aportes de muchos. Después de elecciones y más cuando los candidatos, pese a la elevada inversión que hicieron en compra de votos –y no venga ninguno a rasgarse las vestiduras– lograron un cupo pero en Puerto Mocho, ya no conocen a nadie. Ni siquiera a quienes fueron sus más cercanos colaboradores en campaña. Cambian hasta el número de sus celulares y si por cualquier medio llegas a conseguirlo y te atienden una llamada, al darse cuenta que se trata de un acreedor o de alguien a quien le quedaron mal no dudan en colgar no sin antes preguntar, con evidente enojo “¿Cómo conseguiste este número?”
Ni que decir de los “callejoneros” como los denominó Iván ‘El Pibe’ Romero, capaces incluso de cruzar a la otra acera y meterse en cualquier otra carpa politiquera. Harina de otro costal son aquellos y aquellas que reciben aportes de todos lados y luego desmontan las campañas tras recibir una comisión para ‘endosar’ a sus electores, y se esfuman como magos. No sin antes amagar y amagar con ponerse al día en el pago de sus deudas. Estos merecen capítulo aparte.
Algunos de los aspirantes a cargos públicos no solamente le quedan mal a sus acreedores, sino a la ciudad. La empapelan de norte a sur, de oriente a occidente sin que exista disposición legal ni dependencia alguna que los obligue a limpiarla. Ello evidencia el grado de irresponsabilidad de algunos. No digo que sean todos, pero si la mayoría.
Así que están advertidos. No permitan, por ninguna circunstancia, que las deudas de campaña sigan siendo deudas por más de ocho días. Máximo el 22 de octubre tienen que tener el dinero en sus bolsillos, sino despídanse de él y no sueñen en recuperarlo.
Pueden poner padrinos de alto turmequé, amenazar con volver la situación de conocimiento público, volverse sombra de los personajes, perder la dignidad suplicando el pago de la deuda. Nada los hará meterse la mano al bolsillo y pagar lo que deben. Eso se lo dejan, si acaso, a los gastos de la próxima campaña.
No permita que la famosa frase popular inicial, se convierta en algo macabro: ‘Saliendo el cadáver, soltando la llorada’.