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Pequeñas experiencias placenteras

La vida moderna, cargada del estrés diario y la falta de tiempo, aleja cada vez más a las parejas de su vida sexual, porque la mayoría de las veces tienen muchas ganas de estar juntos, pero también están muy cansados. 

Es por eso que hoy les hablaré #sinrecato de un concepto que viene del mundo del bienestar y se está trasladando a la vida sexual. Se trata del pleasure stacking o microplaceres. 

La propuesta es combinar pequeñas experiencias placenteras antes, durante o después del sexo. Son rituales sencillos como tomar un baño, poner música suave, una luz tenue, encender unas velas aromáticas o simplemente tener una conversación íntima. Son detalles que al sumarse crean una atmósfera sensorial y emocional más amable. 

Con respecto a esto, la ginecóloga y sexóloga clínica Deborah Bistritsky afirma que “el órgano más importante en la sexualidad es el cerebro y es por eso que sumar ‘microplaceres’ antes de un encuentro tiene un impacto directo no solo sobre el cuerpo, sino también en el sistema nervioso”. 

No son técnicas sexuales específicas que por arte de magia lograrán mejorar su vida sexual, pero sí es una manera práctica que ayudará a entender que el sexo debe tener una mística especial.

Como lo dice la profesional: “Son formas concretas de preparar al cuerpo para el disfrute. Estos pequeños estímulos placenteros actúan como refuerzo positivo sobre el sistema nervioso y activan el sistema parasimpático, el cual es el encargado de regular la relajación y el descanso”.

Los efectos son claros, como reducir el estrés, bajar el cortisol, aumentar la oxigenación, la sensibilidad y la lubricación, entre otros. Con ayuda de esto, la persona llega más relajada al encuentro sexual, ya que la ansiedad y la autoexigencia disminuyen. 

Para la especialista, los microplaceres tienen un objetivo, y es el de conectarnos con el presente. “Son formas sencillas de salir de la mente, de los pensamientos negativos, las expectativas, las comparaciones y conectar con nuestro cuerpo, lo cual facilita la excitación, y bajar la presión para rendir o cumplir durante un encuentro sexual”, sostiene.

No significa que hay que prepararse para el sexo como si fuera una obligación, más bien se trata de crear un ambiente seguro y placentero para estimular todos nuestros sentidos.

Este tipo de ejercicios son recomendados especialmente para aquellos entre el rango de edad de 45 a 50 años o más, debido a que se encuentran en una etapa donde el erotismo ya no pasa por la urgencia, sino por el bienestar, la pausa, la comodidad y la conexión emocional.

La clave del pleasure stacking no es la producción, no se trata de crear una escena perfecta o demasiado elaborada, porque puede ocasionar el efecto contrario y terminar por generar más tensión que placer.

La idea es que ese ambiente erótico debe generarse tanto afuera como adentro, deben unirse gestos propios que generen goce, que sean simples y cotidianos. Recuerda que cuando el cuerpo está cómodo, el vínculo sexual con el otro o con uno mismo fluye y se vuelve naturalmente placentero.

Los microplaceres pueden ser estímulos muy sencillos y se pueden manifestar en cosas como el ambiente (música, luz, aromas, orden y temperatura), el cuerpo (tomar un baño, usar ropa ligera, hidratar la piel, masajes, tomar una copa de vino) y en la relación con el otro (una conversación cálida, el buen humor, la complicidad y el silencio cómodo).

Esta práctica no promete mejorar el sexo al 100 %, sino que permite que tengas una experiencia íntima más amable, sensorial y conectada con tu pareja. 

Para disfrutar de la sexualidad y el erotismo, se requiere también de vencer prejuicios, desmontar mitos, explorar, autoexplorar y mucha educación sexual. 

No podemos, ni debemos dejar que el tiempo, los años y el estrés vayan apagando la llama de nuestra pasión, porque recuerden que el sexo no es malo, lo malo es no tener sexo, y aquí llamamos las cosas por su nombre.

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