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Ya ni siquiera escuchamos al Papa

No sé si el mundo puede acostumbrarse a un liderazgo como el de Donald Trumpo. Me cuesta creer que la indiferencia puede llegar a tanto. Parece que la máxima marxista de que el modelo capitalista provoca tal nivel de indiferencia hacia los demás, se nos concreta en un mundo que vive tremendas desgracias, provocadas por personas claramente identificadas y que actúan dentro de la más completa impunidad.

El problema es grave, un mundo indiferente y un sistema que instala la impunidad ante las situaciones más atroces.  La situación no sólo genera un problema legal del que todos hemos hablado, el orden jurídico internacional que se instala como respuesta humanitaria a las Guerras Mundiales y los fascismos, está por el suelo, nadie lo respeta y parece que nadie espera mucho de él.

La desprotección legal internacional es una consecuencia directa del derecho a veto de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, acompañado por la necesaria unanimidad de sus decisiones. Dicha situación permite explicar la inoperancia del sistema ante conflictos armados y violaciones sistemáticas a los derechos humanos de pueblos y personas.

La sensación de injusticia se apodera de un mundo que parece no disponer de las herramientas para enfrentarla. Grandes líderes mundiales son claramente responsables de delitos y abusos que parecen más la expresión de la más completa barbarie sin atisbos de humanidad. La sensación de injusticia es permanente, las víctimas están en la más completa indefensión, se pierde la confianza en las instituciones, se debilita el Estado de Derecho, ya que el principio fundamental por el que se erige, que no es otra cosa que el respeto a las reglas establecidas parece letra muerta.

La indiferencia asocial, la instalación de la impunidad y la violación de una normativa jurídica que nace de principios humanitarios no nos auguran consecuencias muy positivas. No sería raro que este cóctel favoreciera, desde la perspectiva política, el uso abierto de la mentira para justificar las más variadas atrocidades, el señoreo de la corrupción y todo tipo de prácticas abusivas.

El problema puede escalar hasta convertirse en una verdadera cultura que normaliza las acciones dañinas, erosiona las estructuras mismas de la sociedad, instala el mensaje de que “no pasa nada”, aumentando las expresiones criminales de violencia hasta límites insospechados.

En este contexto preocupante, las palabras del papa León XIV, en su visita que está realizando por África, adquieren una real importancia. El mensaje central se explicita en una breve pero contundente frase: “El mundo está siendo destruido por unos pocos tiranos”, agregando más adelante su rebeldía ante el uso mañoso y malicioso de Dios y de las religiones, expresando que nadie tiene derecho a usarlos para sus propios intereses, “¡Ay de quienes doblegan las religiones y el mismo nombre de Dios a sus propios intereses militares, económicos y políticos, arrastrando lo que es santo hacia lo más sórdido y tenebroso!”

Más adelante agrega una máxima humanitaria que parece estar muy muy desoída por los “tiranos” que alude: “Los señores de la guerra fingen no saber que basta un instante para destruir, pero que a menudo no basta una vida para reconstruir. Disimulan no ver que se necesitan miles de millones de dólares para matar y devastar, y que no se encuentran los recursos necesarios para sanar, educar y levantar”

Las palabras de León XIV resuenan con mayor fuerza a la luz del contexto que he buscado instalar, el mundo parece acostumbrarse a decisiones que priorizan la destrucción y la muerte, por sobre la posibilidad de construir acuerdos, instalar la cordura, aportar. En el mismo sentido el Papa nos da más luces al expresar, “…quienes saquean los recursos de la Tierra… suelen invertir gran parte de las ganancias en armas, en un espiral de desestabilización y muerte sin fin”

Recordemos que hace unos pocos días se había generado una polémica de declaraciones entre el Santo padre y el presidente de los Estados Unidos.  Donald Trump tildó al pontífice de débil contra el crimen y terrible en política exterior. No puede existir muestra más palpable de lo lejano que se instala el líder estadounidense de una política exterior centrada en la búsqueda de la paz y de los acuerdos.

Las palabras del papa León XIV se instalan en la lógica que ya había expresado su antecesor. Francisco se había planteado en torno a lo que denominó “Estructuras del pecado”, que repara en las consecuencias negativas de la concentración del poder, que genera injusticias globales. El uso de la guerra como instrumento político, que genera muertes, que viola derechos, que destruye, que corroe y corrompe las sociedades, no puede ser la mirada que inspira a líderes mundiales capaces de poner en peligro a toda la humanidad.

Las palabras que vienen del Vaticano parecen no tener la fuerza ni la relevancia que se merecen, no generan titulares ni espacios relevantes en los medios de comunicación masivo, no impactan en los ciudadanos del mundo como debieran, ya que los tiranos, a los que se refiere el papa León, fueron elegidos democráticamente, siendo la expresión más concreta de la indiferencia social, de la falta de compasión frente a la injusticia y el dolor que se instala, que eleva la guerra a un nivel de instrumento político válido y que nos puede llevar a consecuencias que ni siquiera podemos imaginar.