Padres, déjense ver, déjense sentir!
Esto de las “tardeadas” y “nocheadas”, del “Culipandeo”, de “las noches de perversión”, “Gran noche de culiandanga” donde se entregan condones a la entrada, de las “Party de ninfomaniacos... sexo a mil… casa porno…”, “Noche de arrechos y arrechas… mujeres sin panty…”; “Gran noche húmeda al stylo los arrechos” me tiene agobiada. Y no por mis hijos, que ya son adultos hechos y derechos, ni por mis sobrinos menores que han sido adecuadamente formados y supervisados en sus actividades, curriculares y extracurriculares. Lo estoy por el deterioro del mundo que les está tocando vivir a muchos jóvenes por la falta de presencia, control y supervisión de los padres o de los adultos mayores encargados de su tutela.
Tener hijos no es cualquier pendejada. Es de las actividades que más exige de nosotros mismos. Demanda entrega, responsabilidad y sacrificio. Encima, nadie nos entrena para ser padres. No hay manual de funciones que nos ilustre u oriente al respecto. Y aunque nadie nos obligó a ser madres/padres sí que es nuestra obligación asumir el rol con amor, paciencia, entrega y sin egoísmos, para que adicciones, reacciones violentas, embarazos no deseados, sicariato y otras conductas delictivas dejen de ser tan frecuentemente asociadas con nuestros menores de edad.
En el mundo actual, la tecnología en pleno auge de Iphones, Samsungs, Huaweis y otros adminículos, ha facilitado las comunicaciones entre puntos muy lejanos del planeta. Pero esa misma tecnología ha contribuido a debilitar la relación entre padres e hijos. Y encima, es utilizada para convocar a nuestros jóvenes a actividades nada edificantes como las tardeadas y nochadas que me tienen los pelos de punta. Así lo aseguró un alto oficial de la Policía “en las redes sociales" los organizadores "están cooptando a los menores". Comparto su preocupación, General Botero.
La responsabilidad de la crianza adecuada de nuestros hijos no puede ser descargada sobre otros hombros. No es del Alcalde, de las autoridades o de los inspectores de policía, ni de los agentes del orden. Tampoco de los dueños de bares, discotecas o sitios nocturnos. O de los rectores de colegios, los docentes o los psicoorientadores. Aunque todos los anteriores, de una u otra forma, están involucrados en el tema, la responsabilidad de su cuidado, educación y formación en valores es NUESTRA, de los padres. A la larga, ellos son nuestros más grandes tesoros.
No obstante, somos los padres quienes nos acostamos a dormir a pierna suelta cuando nuestros hijos salen de programa. Sin percatarnos del estado en que regresan a casa. Sin saber si tomaron más de la cuenta, si llegan caminando erguidos o a rastras. Somos nosotros quienes de manera irresponsable les entregamos las llaves de un vehículo a pesar de saber que se van de parranda. Somos nosotros quienes preferimos no molestarnos en procurarles el medio de retorno a la casa y dejamos que los traiga la mamá de fulano o el papá de mengana. O peor aún, los mandamos a dormir en casa de perencejo, sin saber a qué horas y en qué estado llegan, si es que llegan, si es que no se quedan por ahí, dando vueltas, exponiéndose a un atraco por no pensar en situaciones peores.
Como padres debemos recordar que es absolutamente necesario, inaplazable e indelegable estar atentos a nuestros hijos. De guiarlos. No se trata de desconfiar de ellos, ni de asumir papeles de extrema tiranía. Podemos y debemos ser padres y amigos. Y amigos de sus amigos.
Aunque abundan quienes aseveran que nuestros hijos no necesitan que seamos sus amigos, no comparto esta percepción. Es muy hermoso ser amigos de nuestros hijos. Nada más hermoso que compartir con ellos cuando nos hacen partícipes de sus alegrías y emociones. De saber que se han cuadrado con la chica o el chico que hace rato les ocupa los pensamientos. O cuándo tienen alguna desaveniencia con ellos. Es gratificante abrir los brazos y acogerlos en nuestro regazo cuando tristes, nos comparten sus angustias.
Por lo menos las autoridades lograron frenar varias de las tardeadas o nocheadas esas, programadas para realizar en Barranquilla y en Soledad en la temporada de pre Carnavales. Pero qué triste saber que hay padres de chicos rescatados en esos operativos en los que también se incautan estupefacientes, que a pesar de ser enterados de la situación, ni para allá miran, no se dignan hacer presencia para proteger sus derechos, seguramente porque allá en su corazón son consientes de la enorme cuota de culpa que les cabe en ese comportamiento indebido de los hijos.
Saben que padres como ellos, que no fueron capaces de cuidar a sus niños, no podrán recriminar a los adultos que perdieron su rumbo por su omisión como padres. Qué tristeza!