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A propósito de “El Capo”

Resulta innegable que la historia de nuestro país está marcada, entretejida y hasta determinada por el narcotráfico y sus funestos personajes.  Y más que innegable, resulta triste. Por el saldo de muertes injustas, por la manipulación de los hilos del poder, por tantos y tantos factores negativos que no acabaría de enumerar.

Aunque el género de las telenovelas nunca me ha resultado particularmente atractivo, comencé a ver “El Capo”. Se volvió tema obligado de conversación en la oficina, mientras nos tomábamos el café de la mañana. Y aunque se desenvolvía con desesperante lentitud, ahí estaba! Pendiente de la hora de su inicio. Empecé a recriminarme por suspenderlo todo a la hora de la novela, pero ahí seguía.

Me sorprendí cuando desee la muerte de los buzos que habían sido llamados para explorar el fondo del lago. Ese fue el primer campanazo que sonó en mi corazón. Empecé a cuestionar el proceso que estaba empezando a vivir. Si eso me sucedía a mí, próxima al medio siglo, ¿qué podría pasar por la mente de los jóvenes que también se habían atado a la novelita?

De hecho, amigos de mi hijo, de 17 años, escriben en su facebook que El Capo es un teso! Horror de horrores. Nuestra juventud se está identificando con personajes de baja ralea, capaces de lo que sea por conducir las barcas de sus vidas entre ríos de dinero –no importa su procedencia-. Experimentan profunda admiración por la conducta de esos malhechores, sin ética ni principios. Y probablemente, algunos jóvenes desorientados traten de copiar esos absurdos comportamientos, sedientos de dinero fácil.

Por supuesto, dejé de ver la novela, y desde mi corazón de madre hago un llamado a los directores, productores, guionistas, para que dejen de promover como héroes- modelo de comportamiento a estos personajes, a quienes en cambio, debemos condenar por la carga de dolor, lágrimas, daño social y personal con que han sembrado nuestra historia.