Share:

Pinocho

Al presidente Santos se le va a crecer la nariz si sigue afirmando que la reunión para ‘hablar de paz’ en la que los negociadores de las Farc en La Habana estaban entre la población civil de Conejo (La Guajira), acompañados por más de 300 guerrilleros uniformados y armados, ocurrió a sus espaldas.

 

 

 

Ahora sale el Presidente Santos con que no va a permitir que las Farc hagan política con armas y que lo acaecido en Conejo es inaceptable. Pero, ¿por qué la rabieta? De entrada estaba claro que las Farc aún no han dejado las armas, así que no puede pretender que las visitas de sus delegados a sus campamentos para hacer ‘pedagogía sobre los acuerdos’ puedan ser de otra forma.

Aquí no hay ningún factor sorpresa. Las visitas estaban pactadas y autorizadas con antelación. Por ello, los garantes de las Farc en la mesa de La Habana (Cuba y Noruega) lo permitieron, y el Comité Internacional de la Cruz Roja los trasladó en helicóptero hasta la plaza pública de Conejo. Muy cerrados de mollera tendríamos que ser los colombianos para creernos el cuento de que Santos nunca se imaginó que los señores Iván Márquez, Joaquín Gómez y Jesús Santrich iban a aprovechar la situación para promover su visión de que una constituyente es indispensable como mecanismo de refrendación, y de pura casualidad había unos guerrilleros armados.

Yo no voy a cometer la desfachatez de afirmar que debemos darle fin a las conversaciones de paz, justo cuando entran en su recta final, pero sí creo que el Presidente Santos intenta meternos los dedos a la boca cuando insinúa que fue víctima de las mentiras de las Farc. Después de todo, no es un secreto que el grupo guerrillero, en varias oportunidades, ha violado los compromisos que ha pactado. Entonces, ¿por qué Santos insiste en otorgarles tantas libertades en actividades que resultan esenciales para el proceso de paz? Ahora bien, si estas visitas están pactadas con antelación, ¿por qué el Presidente Santos simplemente da los permisos y se desentiende del resto del asunto? ¿Será que en serio quiere hacernos creer que él confía mucho en las Farc?

Por eso, embolatada como está la confianza de los colombianos en el modelo de posconflicto y en la participación en política de las Farc, el Presidente Santos en lugar de mantener una actitud obsecuente y confiada frente a la guerrilla, que nos haga temer a todos que el posconflicto será el regreso del Caguán, de la política con armas, de un ejército maniatado e incapaz de proteger a la ciudadanía,  deberá dejar a un lado las mentiras y entender este momento: estamos a cinco semanas del 23 de marzo, fecha acordada entre el presidente Santos y el comandante de las Farc para terminar las negociaciones. No es tiempo de jugar a salvarse el pellejo o de intentar quedar bien mintiéndole al país. Si el Presidente Santos continúa avanzando con reglas poco claras y no garantiza la seguridad de la población civil durante lo que resta del proceso, nos liberaremos de un yugo para caer en el otro.