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Manual de Oposición según Uribe

La oposición ya no es lo que debería.

Empiezo por recordar una obviedad: la oposición y el poder son recíprocamente necesarios dentro de un Estado democrático, en cuanto que fomentan las dinámicas de deliberación –consenso y disenso-, permiten el equilibrio de poderes y limitan la acción de las mayorías en detrimento de una minoría.

No obstante, en Colombia, la oposición actual, encarnada en el Senador Álvaro Uribe y su partido, ha desatado una violenta artillería, que en lugar de contribuir a las dinámicas de equilibrio de poderes, evidencia su predilección por la guerra, al tiempo que sigue una suerte de manual para librar una ofensiva contra cualquier proyecto del Gobierno Santos.

El manual de Uribe tiene tres instrucciones muy precisas para ejercer la oposición en nuestro país. Primero: lanzar una campaña de desprestigio en contra del Gobierno Santos y cualquiera que lo apoye o se le parezca. Para ello se ha inspirado en el modelo de Goebbels, que advierte que la repetición de una mentira descomunal no necesita pruebas, y que del engaño siempre queda algo. El estudio de caso para dicho manual podría ser la siguiente afirmación del Senador Uribe: “Las facultades ilimitadas al gobierno y la suplantación de la Constitución constituirán una nueva dictadura, avalada por el Congreso y respaldada por los fusiles y explosivos del terrorismo”. Esta es sólo una de las tantas tergiversaciones de mala fe con que el senador Uribe trata de sabotear las negociaciones de paz de La Habana, pues él no parece encajar dentro del perfil de un zonzo capaz de creerse semejante absurdo.

Segundo: ir contra de leyes y/o medidas que expida el Gobierno Santos y que él no haya tenido la posibilidad de llevar a cabo durante sus dos períodos presidenciales. Se rasga las vestiduras el Senador Uribe y desata toda clase de vituperaciones en contra de la venta de Isagén. La ironía es que durante su gobierno se vendieron bienes públicos por más de $13 billones. Dentro de la lista hay que mencionar: Telecom, Bancafé, Ecogas, Granahorrar, centrales électricas de Cundinamarca y Santander, liquidó las electrificadoras de la Costa Atlántica. Y no hay que perder de vista que vendió el 10% de Ecopetrol y cerró la Caja Nacional de Previsión, así como hospitales públicos.

Tercero: tener muy presente el impacto que tienen los métodos ancestrales de infundir miedo y terror en la población. El Senador Uribe se nutre del miedo a la vez que lo atiza: mientras que los guerrilleros pretendían amedrentar a la sociedad civil con atentados a la infraestructura, el Senador Uribe ha pretendido estigmatizar los diálogos de paz entre el Gobierno y las Farc insistiendo en que sólo buscan entregar el poder a la guerrilla.

En otros momentos de la vida política del país, la oposición se encargaba de garantizar que las minorías fuesen escuchadas y que sus derechos se convirtieran en parte activa de la agenda gubernamental. Pero hoy, la oposición se ha encargado de contagiar a todo un país de sed de venganza, de aferrarse al poder y de prolongar una guerra que ha arrastrado al país a rezagos en las estructuras económica y social. Habrá que ignorar al senador Uribe y proceder a la invención de otro manual de oposición: uno que propenda por una Colombia en paz, encauzada hacia la modernización y el progreso.