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Papá no es sólo el que da la vida

Desde siempre la sociedad ha concedido preponderancia al rol de la mujer en la crianza de los hijos. Tradicionalmente, al hablar de la figura paterna, se asociaba, de manera espontánea y casi exclusiva, al miembro de la familia que tenía la responsabilidad del mantenimiento económico, de impartir seguridad e imponer la disciplina. La parte afectiva que representa la figura paterna para los hijos, poco se tenía en cuenta.

Bajo ningún punto de vista comparto que se reste importancia al papel, también fundamental, que ejerce el hombre en la educación y en el aporte de los elementos que les permitirán a los hijos un equilibrado desarrollo psicológico, social y emocional, que los lleve a disfrutar de una vida adulta exitosa y feliz.

Lo más penoso es que a veces son los mismos hombres quienes tienden a subestimar su rol y el valor en la influencia que pueden ejercer en la educación y desarrollo emocional de sus hijos. Su argumento es que deben ocuparse de cuestiones mucho más importantes para el funcionamiento del hogar. Se olvidan de que nada en el mundo tiene mayor importancia que la crianza de un hijo. Porque éste, al llegar a su etapa adulta, será implacable para reprochar su ausencia en los momentos de su vida infantil, mientras se forjaba como ser humano. Olvidan que ese tiempo que le niegan en la infancia jamás podrá ser recuperado.

No en vano el padre es el primer modelo de hombre que tienen los hijos, por ello su papel es determinante en la configuración del sentido de pertenencia de estos, a la familia primero, a la sociedad después. El padre, junto con la madre, son los encargados de moldear las primeras experiencias de los hijos, que suelen dejar marcas indelebles en su futuro.

Para lograr adultos exitosos y felices, se necesita de hombres capaces de aportar una figura paterna que no tema recibir o entregar manifestaciones afectuosas. Un ser capaz de anteponer su sensibilidad al autoritarismo radical. Padres capaces de abrazar y besar, abiertos a las necesidades emocionales de sus hijos, comprensivos.

Padres que estén presentes en el hogar, en la vida de sus hijos, en momentos aparentemente insignificantes como un partido de fútbol o una presentación de baile. Padres que moldeen las emociones y sentimientos de los hijos, como si se tratara de arcilla. Con capacidad de apoyarles ante los fracasos ayudándolos a comprenderlos, a asimilarlos y a aprender de ellos.

Se necesitan padres que vivan, convivan, hagan presencia en la vida emocional de los hijos. Padres cercanos y positivos, que no hagan experimentar a sus hijos su ausencia virtual o lo que es lo mismo, que haga sentir a sus hijos como huérfanos de padre vivo.

Padres que no se limiten a ser proveedores materiales, sino que además se constituyan en fuente inagotable de lo realmente importante para la vida. Amor.

 

Padres con ideas claras y criterio bien definido. Coherentes entre lo que hacen y lo que pregonan, lo que les da autoridad moral. Firmes, sin ser impositivos. Con sentido común. Íntegros, honrados, bondadosos y auténticos. Alguien que de ganas de imitar.

Padres con esas características regalan muchos beneficios a los hijos. Los dotan de identidades más definidas, lo que los hace más seguros. También aumentan su capacidad para tener y mantener relaciones significativas, para adaptarse a los cambios de la vida, para desempeñarse solos, para socializar, para elaborar su proyecto de vida y trabajar en la conquista de sus ideales.

El contacto con un modelo paterno responsable, benévolo, racional, ayuda al niño a modular sus impulsos agresivos y a fortalecer su seguridad. Y esto incluye también a las niñas. Ambos, niños y niñas, cuando alcanzan la adolescencia se enfrentan a la independencia y a la responsabilidad. Entonces necesitan tanto de modelos masculinos como de modelos femeninos para fijar sus comportamientos y sus límites.

Está demostrado que en los hogares donde falta el padre –por abandono o ausencia virtual– los hijos experimentan soledad, inseguridad, sufren estados depresivos que los llevan a manifestar la falta de amor y comunicación en fracasos escolares, violencia, conductas antisociales, consumo de sustancias psicoactivas.

Y se ha demostrado también que existe correlación entre la ausencia del padre y otra situación muy generalizada, la crisis de la familia, que se manifiesta en el aumento de los divorcios y de las uniones de hecho, mientras que disminuyen los matrimonios legales.

Por eso el llamado es a darle a la familia el sentido y la importancia que tiene en la vida del ser humano. Desde siempre y hasta siempre la familia será el principal pilar de la sociedad. Debe ser alegría, orgullo y refugio para todos sus integrantes. Debe ser una comunidad de amor, paz y solidaridad a través de la cual se transmiten virtudes, valores y principios de convivencia que permanecen por toda la vida. De esta forma se revalorizará la figura del padre. Sin seguir menospreciando su influencia y valía.

Hay que tener bien claro que tanto el padre como la madre son necesarios. Ni la madre es más que el padre, ni este es más que la madre. Ninguno reemplaza al otro. Lo ideal es que se pudiera gozar de la presencia, el amor, la dedicación, la guía de ambos. Padre y madre. Pero si no sirven los esfuerzos y se llega a la separación, esta debe limitarse al hombre y la mujer, al padre y la madre. Ellos deben seguir unidos a los hijos, a quienes nos unen vínculos eternos e indisolubles. Podemos llegar a ser ex-esposos, o ex pareja. Pero jamás seremos ex padres.

mariteruiz@gmail.com