Mujer ¿qué hay para celebrar?
El 8 de marzo se ha internacionalizado como el Día de la Mujer. Sus orígenes no están claros, pues se vinculan a un incendio ocurrido por allá en la primera década del siglo pasado, supuestamente provocado por los dueños de una fábrica textil cuyas explotadas trabajadoras se cansaron de los abusos y dijeron no más, declarándose en paro. El 19 de marzo de 1911 tuvo lugar la primera celebración del Día internacional de la Mujer.
Sea cual sea su origen, nacido o no de las llamas, buscaba algunas reivindicaciones. Condiciones de vida y de trabajo dignas, promoviendo el derecho al voto femenino sin restricciones impuestas por el nivel educativo o socioeconómico. Y se ha extendido su celebración buscando conmemorar la lucha de la mujer que defiende y anhela ser objeto de un tratamiento igualitario y justo, en una sociedad que le permita su desarrollo en paz.
Se han logrado algunos avances. Si. Algunas de nuestras exigencias han sido escuchadas. Muchas mujeres han protagonizado actos de valor que han marcado la historia. Se ha propiciado la reflexión en temas determinantes no sólo para la mujer, también para la sociedad.
No soy feminista de mochila. Tampoco guardo resentimiento irracional contra el género masculino. Siento que hombres y mujeres, machos y hembras, aunque fabricados con los mismos materiales reaccionamos diferente frente a los mismos estímulos, pero necesitamos los unos de los otros para realizarnos y vivir en armonía. Y aunque a muchas no les guste, tengo bien claro que en abundantes casos no hay nadie más cruel ni descarnado que una mujer criticando a otra.
Basta que una se destaque, en cualquier aspecto, para que dejemos que surta efecto el veneno de la envidia. Que alcanza niveles tan sorprendentemente elevados que algunas con solo morderse a sí mismas podrían suicidarse sin problemas.
La otra tarde, mientras el Transmetro recorría raudo la carrera 46, agucé el oído para captar la conversación de dos mujeres que iban a algunas bancas de distancia. No puedo evitarlo. Ni quiero hacerlo. Así me distraigo y siento que llego más rápido a mi destino. El par de damas tenían en la mesa de despellejado a otra, compañera de trabajo, según entendí. Su cabello, primoroso a toda hora, era así luego de que recibiera un costoso tratamiento capilar, complementado con la mano cariñosa de Loreal, Palette o Igora Royal. ¿Cómo olvidar la mala calidad de ese cabello unos meses antes?
Y el cuerpo de la pobre mujer, cuyos oídos a esa hora debían estar zumbándole a más de 100 decibeles, no podía ser fruto de su constancia en el gimnasio donde podía pasar más de dos horas diarias sudando y ejercitándose. Esos músculos abdominales absolutamente planos y los muslos sin ápice de grasa no podían más que ser efecto de un par de cirugías come grasa seguidas del implante de un par de prótesis delanteras de 350 o más gramos y de otras traseras. Y todo eso costeado por el caballero, algo entrado en años y con abdomen prominente que se proyecta impidiéndole ver la punta de sus zapatos. Ese tipo, parecido a un portátil de los primeros, por lo pesado, que es su ‘novio’. ¿Novio? ¡Imposible! Seguro que el hombre tenía su hogar establecido y que esta aprovechaba la debilidad del pronto anciano por las mujeres jóvenes para quitarle algunos pesitos que podían estarle sobrando.
Enseguida soltaron a esta y agarraron a otra. A esa, que por estos días se ha dejado engordar. Según ellas, su descuido la tiene a punto de parecer una vaca y lanza a su sufrido compañero a los brazos de cualquier maniquí bien cuidado que se le cruce en el camino ¿Les suena exagerado? Pues no lo es. Hasta suprimí algunas palabras de ese diálogo, que me parecieron demasiado ofensivas.
Ya me iba alejando del tema, o distrayéndome por sus tangentes. Plenamente convencida del inmenso valor que tenemos las mujeres, de nuestro papel transformador fundamentado en la capacidad de amar a toda prueba y sin límites, de nuestra capacidad de liderazgo, hoy, Día de la Mujer, cuando Barranquilla aún permanece bajo el abrazo apasionado de don Carnal, me propongo aguar la fiesta. Quiero propiciar la reflexión de mis congéneres.
Como otras fechas institucionalizadas por el comercio, el Día de la Mujer se ha convertido en la ocasión para decir hermosas cosas de las mujeres. E incluso, para darnos algún detalle. Un ramo de flores, una serenata, un accesorio. Lindas tarjetas virtuales, dicientes frases resaltando las maravillas de ser mujer, programas dedicados a ello, artículos de prensa sobre el tema, todos se desbordan en alabanzas hacia las mujeres. En las empresas, se ha vuelto costumbre la celebración con serenata, rosas y copa de vino incluida. Los restaurantes ofrecen paquetes de servicio para el agasajo. Pero las mujeres, tan alabadas, admiradas y felicitadas durante el mes de marzo, dedicado a la Mujer, seguimos en las mismas.
Aunque el día de la mujer es todos días, porque cotidianamente entregamos lo mejor de nuestra esencia para hacer del mundo un sitio más amable, más justo, más tierno, nos celebran el día de la mujer, pero por el mundo deambulan millares de mujeres, que sin importar su edad, han sufrido cualquier clase de maltratos o abusos. Desde los físicos hasta los sexuales, haciendo tránsito por los psicológicos.
Millares de mujeres son objeto de discriminación y otras tantas gastan su vida luchando por el reconocimiento de sus capacidades, por la abolición de vejámenes como la ablación, la lapidación o tantos otros destinados a dejar su huella indeleble en la vida femenina.
Nos celebran el día de la mujer e intentan hacernos sentir importantes cuando señalan que "detrás de cada gran hombre hay una gran mujer", olvidando que con astucia cada gran hombre logró acomodarse delante de una gran mujer, aprovechando su inteligencia, fortaleza, apoyo y voluntad.
Nos agasajan, pero el orbe está lleno de mujeres que han sido objeto de maltratos por parte de su pareja. Incluso, muchas han encontrado la muerte en las manos que se supone debían prodigarle tiernas caricias y darle apoyo.
Miles de mujeres son objeto de humillación, insultos, indiferencia, abandono. Nos celebran el día de la mujer pero ignoran nuestras necesidades afectivas, desdeñan nuestras capacidades, subestiman nuestra inteligencia, valoran la belleza exterior que es la que primero se apaga, somos las elegidas al momento de suprimir cargos, burlan nuestro derecho a la igualdad.
Por eso me pregunto ¿Qué celebramos?