Mi primera carta pública al Niño Dios
A diferencia de la época –algo lejana– de mi niñez, cuando emocionada te escribía la carta de Navidad antes de finalizar la primera semana de diciembre, esta vez, cuando por primera vez haré públicos mis pedidos a Ti, me dejé llevar por esa costumbre con la que suelen identificarnos a los colombianos, de dejar todo para última hora –mis más sentidas disculpas a los cumplidos–.
Profunda gratitud llena mi corazón hacia Ti, porque siempre has estado en mi vida. En los momentos más difíciles ha sido tu presencia, tu sostén, los que me han permitido secar las lágrimas y avanzar llena de esperanzas. Creyendo, como escribió una niña damnificada del sur de Atlántico que “nada va a ser igual. Todo va a ser mejor”.
Tu mejor que nadie sabes que me porté bien. Que fui buena. Esposa, madre, hija, hermana, tía. Incluso, compañera de trabajo, pese a que a veces no tengo el tacto que quisiera para decir las cosas que no me agradan y eso hace que algunos me mastiquen sin tragarme, pero nadie es monedita de oro y yo no soy la excepción.
Como cada día en mis oraciones te pido que a mi familia nos conserves el amor, la salud, el respeto, la unión.
Ahora sí, entro en materia.
Primero que todo Niño Dios, dale otras ocupaciones –ajenas al usufructo del poder– al ex presidente Uribe Vélez. Parece que los ocho años en la Casa de Nariño, el rastro de escándalos y las ollas podridas tamaño ración para un batallón no fueron suficientes. Que se dedique a manejarle los negocios a los hijos, que se valieron de todos los métodos habidos y por haber para convertirse en exitosos empresarios y vociferan que lo han logrado de manera honesta.
Sigue enviando el soplo divino a Juan Manuel Santos, a quien aún no consigo cantarle alabanzas, pero si debo reconocerle la sagaz inteligencia con que ha manejado su llegada al poder. En lo personal lo veía como el continuador de las nefastas políticas y maniobras de su antecesor, pero muy gallardamente se ha apartado del sendero trazado. Sería absurdo negarnos a la realidad de los cambios que ha introducido. Profundos. En lo interno y en lo externo. Mutó, como diría un amigo historiador. Así que dale sabiduría para seguir renovando, para extinguir las miserias del pasado.
Manda un equipo de ángeles que se dediquen de manera exclusiva a cuidar de Julián. Assange, por supuesto, ese hombre de apariencia frágil que como David le asestó un fuerte mazazo al Goliat que era el gobierno americano. El mismo elegido como hombre del año por importantes publicaciones mundiales. Al que yo elegiría como hombre de la década, con posibilidades de ser hombre del siglo. No permitas que las patrañas que urden contra él prosperen. Que la justicia suiza no cometa el desafuero de aprobar su extradición a los Estados Unidos. Y que Assange se siga rodeando de un equipo de profesionales que no se dejen intimidar y sigan destapando todo lo que se les cruce. Desatando la ira divina de los intocables.
A Hugo, vale, regálale una mordaza, como se llama la Ley que acaba de aprobar para meter las narices en la intimidad de los compatriotas venezolanos, y lo deja fisgonear en las redes sociales y criminalizar contenidos y libre intercambio de información. Espléndido si le puedes añadir una laringitis aguda para que deje descansar al pueblo de sus largas peroratas en las que cuenta intimidades coprológicas con absoluto desparpajo. A nadie además de su médico le puede interesar un tema similar. Permite que de una vez por todas se normalicen las relaciones comerciales entre nuestros países para que finalicen las angustias de muchos comerciantes de ambos lados de la frontera.
Otra vez enfocada en Colombia, me encantaría que las programadoras no sigan engañando a los teleboventes, digo, a los televidentes, como es el caso de algún reciente reality, en el que pusieron a la gente a gastar llamadas que valen dinero por supuestos votos que nada hicieron frente a decisiones que ya están tomadas. Fue la crónica de una muerte anunciada. O de unos ganadores anunciados. En realidad, haría la petición más general. La corregiría pidiéndote que provoques un cambio total en los seres mentirosos, cualquiera que sea su oficio, sin distingo de raza, religión o sexo, para que dejen de recurrir a esa herramienta que usan con pavoroso y recurrente descaro.
Mira a toda Colombia con ojos de piedad. Pero especialmente a nuestro departamento. Los pueblos del cono sur han sido prácticamente borrados del mapa. Nuestros vecinos se encuentran hacinados en albergues improvisados, en condiciones infrahumanas. Algunos a la intemperie, durmiendo en el suelo, sin agua ni luz. Alimentándose de lo que se pueda hacer en las ollas comunitarias. Sufriendo enfermedades, con limitadas posibilidades de recibir atención médica de calidad. Quejándose del abandono oficial. Permite Niño Dios que se encuentren las soluciones precisas y apropiadas para no golpear aún más a nuestros hermanos, enfrentados a un éxodo, dejando atrás todo lo que era su vida, sus bienes, sus sueños. Tu sabes que los excesos son malos. Si hubo exceso de confianza por parte de nuestros dirigentes, ya no se puede dar marcha atrás. Ahora lo que se necesitan son soluciones de fondo para borrar la tristeza, para secar las lágrimas y permitir el renacer de esperanzas de los miles y miles de atlanticenses golpeados por el furor de las aguas.
Haz que llueva en la medida justa. Ni tanto que se sigan propiciando estas inundaciones, ni tan poquito que las empresas prestadoras del servicio de agua pretendan incrementarnos aún más su costo. Ya la pagamos como si se tratara de oro líquido.
Y aunque en Barranquilla ha mejorado la situación del asfalto, se ha dado prioridad a barrios marginales. No lo critico, por el contrario, ya era hora. Pero te va a tocar dar un empujoncito para que a las calles de la ciudad les metan mano, o mejor, concreto. Para que queden sin huecos o zanjas que dañan el genio de los conductores y la suspensión y la amortiguación de los vehículos. Si se logra se mejoraría además la movilidad, otro de los aspectos que tanto preocupan a nuestro Alcalde y en la que no ha influido ni un poquito la medida de pico y placa implementada. Ojalá en abril los resultados de los estudios concluyan que no es necesario enredarle más la vida a los propietarios de vehículos prolongando este embeleco.
Que se solucione la situación de vivienda de quienes mediante el ahorro de toda una vida de trabajo compraron en urbanizaciones que hoy se vienen abajo, como un castillo de naipes. Todos tenemos derecho a una vivienda digna, mucho más si hemos pagado por ella. Así que ya está buena la ‘bailada de indio’. Se necesitan soluciones rápidas, eficaces y oportunas. Antes de que la situación se agrave con pérdidas humanas.
Ah! Y a propósito, mete la mano en otro aspecto crítico en Barranquilla. El del espacio público. Ya está bueno. Las ventas ambulantes proliferan con la fertilidad de las plagas de Egipto. Ya no solo se toman el centro histórico, ¡qué va! No hay rincón de la ciudad que se haya escapado. Y si, está bien. Es mejor que intenten trabajar honradamente a que se resuelvan por caminos delictuosos, pero ¿para qué están las autoridades? Que alguien con los pantalones bien amarrados llegue a manejar el espacio público y ejerza un verdadero control urbano. Alguien con criterio planificador y visión para ponerle freno a esta epidemia. Alguien que no se limite a lamentarse de estar ‘amarrado’ por ‘no tener los recursos’ y sea un verdadero comprometido con la causa.
Que la renovación urbanística de la ciudad continúe sin más dilaciones. Que los invasores profesionales dejen de brincar de un lado a otro de La Loma y a donde se huelan el tocino de la realización de proyectos. Ya está bueno de tratar de exprimir más al Estado. De ponerle palos a la rueda del progreso que tanto necesitamos.
Podría seguir pidiendo, Niño Dios, pero se que debo dejarles cupo a otros. Quedamos en tus manos, bendito Niño Dios. No tardes tanto. No nos dejes esperando.