Los Óscars, entre la política y el mérito
No es misterio para quien esté meramente informado que el tema de las razas está candente en los Estados Unidos, y que esta lucha de innumerables frentes se ha logrado plasmar en todos los ámbitos de la vida cotidiana no solo de los americanos sino de todos los ciudadanos del mundo.
Lastimosamente esta lucha en los últimos años ha tomado un desvío hacia territorio extremista e inclusive excluyente hacia los blancos. Desafortunadamente esta lucha, ya francamente vulgar e intolerante, se ha tomado el mundo del cine.
Desde el año pasado viene una campaña para “ diversificar” los Óscars debido a que para los premios del anterior certamen, no fue nominado ningún cineasta afroamericano. Sin embargo esta decisión controversial si bien fue protestada por las masas, no fue tan resistida por los críticos expertos en materia ya que en últimas los premios que se entregaron fueron justamente merecidos, pero como era de esperarse por la presión sociopolítica tan fuerte que tenían encima, esta “gracia” que hicieron no podía continuar.
Esta verdad se hizo aún más evidente con el ascenso de Donald Trump a la Presidencia, hecho que significó un apocalipsis para las minorías afro y LGTBI. Por esta razón, los amantes del cine ya podían imaginar que más de un representante de estos grupos se llevaría la estatuita dorada. El último tornillo del ataúd se martilló cuando se lanzó la popular película “Moonlight” que trata de un joven afroamericano que nace en la pobreza y debe lidiar con su sexualidad ante las adversidades sociales (desde un punto de vista político eso fue: Check, Check, Check). Si bien la película es excelente hubo muchas que la superaron en historia y en la complejidad de sus personajes pero dada la situación política y la presión encima de la academia (con inminentes acusaciones de racismo) era de esperarse que la obra de Barry Jenkins se llevara varios premios. Sin embargo, más de un crítico o amante del cine, como lo soy yo, quedo indignado con los resultados del certamen la noche de ayer.
El primer resultado cuestionable fue el premio al mejor actor de reparto, Mahershala Ali por su papel en Moonlight ( por supuesto). Sin restarle méritos al hombre, dio una buena actuación, pero su tiempo en pantalla fue sumamente corto y no logró exhibir la complejidad que en potencial tenía su personaje y a los ojos de muchos fue superado por los otros nominados al galardón. Un claro ejemplo es Jeff Bridges, el experimentado actor americano dio una excepcional actuación en “ Sin nada que perder” donde hizo un papel sumamente profundo, filosófico y arrollador, cargando sobre sus hombros uno de los temas claves que impartió la película sobre el orgullo y saber cuándo rendirse, era sin duda el favorito al premio pero entre el mérito y la política la Academia cedió a esta última.
Luego siguió en la lista de los cuestionables el premio al mejor guión adaptado, que también fue otorgado a Moonlight. Aquí sucedió lo mismo. Jenkins se ingenió un guion de maravilla que permitió a los actores transmitir una historia electrizante pero en últimas se quedó corto ante sus rivales a los ojos de muchos. Quizá la obra rival que más ejemplifica esto es “Fences”. Esta nominada escrita, dirigida, y protagonizada por Denzel Washington fue sin exageración una desgarradora historia, meticulosamente elaborada, derivada de una atemporal obra de teatro americana. Ante su falta de acción y al estar limitada a una casa durante casi toda la duración de la película, esta recayó sobre su poderoso guión para transmitir mensajes enérgicamente calamitosos sobre la familia y el sueño americano.
Quizá la última gota en el trago amargo para la meritocracia que se vivió anoche en el mundo del cine, fue que en estilo Miss Universo 2015 se le haya otorgado el premio de mejor película a la ya mencionada Moonlight. Probablemente se hubiese podido vivir con los 2 premios mencionados con anterioridad ya que hubo mérito para estar en la pelea y su merecimiento era defendible por parte de la Academia, pero el galardón a la mejor película fue enfurecerte y fue la gota que derramó el vaso para muchos. La gran obra de Barry se veía doblegada por muchas otras de sus contendoras en primer plano, La La Land, la mordaz, realística y enamoradora obra sobre el amor y los sueños era la clara mejor película del año a los ojos de la mayoría pero poniendo a esta auténtica obra de arte a un lado para no aburrirlos con otra glorificadora reseña hubo por lo menos 2 películas mas que hicieron más méritos para llevarse la estatuita.
“Hasta el último hombre”, el proyecto de Mel Gibson, fue sin duda una de la películas de guerra más icónicas de las últimas 2 décadas. Impresionantemente, a pesar de mostrar las escenas de batalla más realísticas en la historia del cine, logró que los mensajes sobre la no violencia y el poder del espíritu humano transcendieran a la tentadora acción que mostró la película en lo que significó una poética yuxtaposición de ideas que deja con la boca abierta tanto al que va solamente por la acción como al que va por los temas y motivos. El papel de Andrew Garfield logra que uno se enamore de su personaje y que a todos se les acelerara el latido del corazón en las escenas determinantes. En últimas uno sale abrumado y reflexionando, efectos que muchas películas no pueden causar en su totalidad. La otra contendora que hubiese sido justa ganadora fue “Sin nada que perder”. Esta western moderna les da una carrera por lo suyo a las clásicas y se posiciona entre las mejores del género. Astutamente escrita y brillantemente actuada, esta obra maestra no solo lo atrapa a uno con una intrigante persecución a lo gato y ratón, sino que expone un relato sobre la grandeza personal, las convicciones morales, el honor y la justicia que muy pocas otras logran exponer. Quizá el pecado de estas dos fue simplemente haber salido en el momento que lo hicieron.
Ahora, no digo que todos los premios que recibieron los representantes de las comunidades afro y LGTBI fuesen inmerecidos. Claro ejemplo de esto es el premio a la mejor actriz de reparto recibido por Viola Davis gracias a su inigualable y electrizante papel en “Fences” y la nominación al Óscar de Denzel Washington por la misma película, al igual que la nominación de Octavia Spencer a mejor actriz de reparto y la nominación de la película “Figuras ocultas” al máximo galardón. Todas las películas y actuaciones mencionadas previamente fueron meritorias y honestamente no dependieron de la presión sobre la Academia para ser premiadas.
La verdad, lo sucedido con los premios mencionados es lamentable, no por el hecho de que los que hayan ganado pertenecieron a ciertos grupos, planteamiento que iría en la línea de Trump, sino que hayan ganado por el hecho de relacionarse a dichos grupos, no es placentero ver a los visionarios merecedores aplaudiendo en sinsabor por consecuencia de las tendencias políticas y que no se premien a grandes películas por mérito sino por lo que está de moda y por la furia. Agradecería sinceramente que el mundo del cine vuelva a lo que era hace pocos años, a ser objetivo, a juzgar por mérito y a desentenderse de la sociopolítica.