Las 14 complicidades del "bravo pueblo" venezolano
Desde hace mucho tiempo no me da lástima lo que pasa en Venezuela, como consecuencia de las decisiones gubernamentales generadas por el cambio en su estructura social, económica y política, pues soy un convencido de que la culpa de todo es del pueblo. Tengamos en cuenta que, durante dos décadas, el país hermano nunca se cansó de apoyar en las urnas las pretensiones revolucionarias del fallecido líder Hugo Chávez Frías. Fue así como, muy a pesar de las advertencias de la oposición, Chávez afrontó victorioso 14 procesos electorales a saber:
En las elecciones Presidenciales de 1998, Chávez resultó ganador con el 56% de los votos. El día dos de febrero de 1999, en su discurso de posesión dio su primer grito de batalla socialista cuando juró sobre la «moribunda Constitución de 1961».
En abril de 1999 decide convocar a una asamblea constituyente obteniendo una arrasadora mayoría: 90% de los votantes apoyaron en las urnas la redacción de una nueva Carta Magna. A finales de ese mismo año, el 73% de los votantes aprueba la nueva Constitución y con ello se introducen grandes cambios en la estructura de gobierno del país vecino tales como, el inicio de la pomposa «Revolución Bolivariana», la cual reorganizó los poderes públicos, extendió el período presidencial de cinco a seis años, implantó la posibilidad de reelección inmediata por un período, le concedió derecho al voto a los militares activos e incluyó, de contera, el cambio de nombre del país el cual pasó a llamarse «República Bolivariana de Venezuela». Además, la flamante Carta Magna estableció la Asamblea Nacional, es decir, la unicameralidad del Congreso.
En ese frenesí electoral, ocurre en el año 2000, un hecho significativo que marcó la vida política de los venezolanos llamado las «megaelecciones presidenciales», convocada tras la aprobación de la nueva Constitución. En esta nueva oportunidad, Chávez obtiene el 62% del favor popular el cual consolida su liderazgo. A partir de allí, vendría una seguidilla de elecciones que incluye, el Referéndum de 2004 impulsado por la oposición con el objetivo de revocarle el mandato, lo cual, lejos de sacarlo de Miraflores, lo apoltronó aún más en la silla presidencial al salir airoso y triunfante con cerca del 60% de los votos.
Posteriormente, vendrían las elecciones regionales de 2004, las legislativas de 2005 y las presidenciales de 2006, en esta última, Chávez se reelige con el 65% de los sufragios y promete a Venezuela llevarla al paraíso prometido: «El Socialismo del Siglo XXI». Sobrevendrían nuevos comicios como el de la Reforma a la Constitución en el 2007, en donde ocurre su primera derrota después de las múltiples victorias. Seguidamente, se realizan las Regionales de 2007 y 2008, la Enmienda de 2009, las Legislativas de 2010 y las Presidenciales y Regionales de octubre y diciembre de 2012, respectivamente, que también fueron ganadas contundentemente por parte del líder revolucionario.
Así las cosas, si los venezolanos mueren luchando en las «guarimbas» y en las continuas «marchas opositoras» tratando de llegar al Ministerio del Interior o a la Defensoría del Pueblo para exigir la restitución del orden constitucional, la destitución de los magistrados de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia y la realización de elecciones, no deben considerse víctimas de un gobierno dictatorial y asesino como el de Maduro, sino que se está haciendo justicia. Justicia porque, en las urnas, esos venezolanos en medio de su ignorancia y complicidad política apoyaron en 14 oportunidades un hiperliderazgo antidemocrático de Chávez que redundó en una excesiva concentración de poder, lo que sin duda generó desviaciones importantes dentro de las entrañas del naciente Socialismo del Siglo XXI, como también, al interior de la sociedad venezolana.
En contraposición, la «oligarca oposición» nunca se cansó de decirles a los venezolanos que dejaran de apoyar en las urnas a los nuevos románticos del socialismo. E, incluso, a algunos de ellos, hacerlo, les costó su libertad, como son los casos de los líderes opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma. Por eso, desde mi punto de vista, está bien que en ocasiones el pueblo pague por su ignorancia y complicidad. ¿O es que los venezolanos creen que nunca van a pagar por culpa de sus votos cómplices?
Entonces, no es discutible que, el «bravo pueblo» venezolano tuvo en 14 oportunidades la posibilidad de cambiar el rumbo de su país. Sin embargo, no lo hizo, sino que continuó apoyando y ratificando a ultranza y, en 14 «complicidades» electorales, las promesas de cambios en la estructura social, política y económica de su país a través de un modelo obsoleto y fracasado el cual propendía por una revolución social cuyo objetivo era un escenario de igualdad, de felicidad, y seguridad social a un pueblo sufrido y oprimido, lo que a la postre se convirtió en un efecto bumerán, pues lo que trajo fue más miseria, más hambre, más violencia, más corrupción, más inseguridad, más sufrimiento, más opresión y más desigualdad social.
Resulta contradictorio entonces que, los venezolanos quieran ahora a través de un decimoquinto proceso electoral, deslegitimar lo que en 14 oportunidades apoyaron y refrendaron.