La Ortografía moderna: entre la simplicidad y el purismo lingüístico
«La lengua hablada es del pueblo (noble y soberano) y la lengua escrita, con sus absurdas normas académicas, es del poder (la buena sociedad y los ricos)». Miguel de Unamuno.
Las contravenciones gramaticales en Colombia no escapan a nuestras instituciones políticas y administrativas. En la reciente emisión de los nuevos billetes de 20 000 y 100 000 pesos, el académico Cleóbulo Sabogal, jefe de información y divulgación de la Academia Colombiana de la Lengua, cuestiona la incorrección gramatical por parte del Banco de la República, en lo referente al uso de los números en dichos billetes. Dice el reconocido «fiscal de los cacógrafos» que, cuando se trata de miles, es inapropiado mezclar números con letras, toda vez que mil no es un sustantivo, sino que forma parte de un adjetivo numeral compuesto por dos palabras; de manera que, es inadecuado escribirlo combinado con cifras y letras.
De la anterior situación, se desprende el error de escribir 50 mil en los antiguos billetes, y la persistencia del error en las nuevas emisiones de 20 mil y 100 mil pesos, respectivamente. No obstante, dicha normatividad dogmatizada por la Real Academia Española, acepta como correcto mezclar números y letras exclusivamente cuando se trate de millones, ejemplo: 20 millones, 50 millones, 100 millones, etc.
Lo que olvidó el reconocido defensor del correcto uso de nuestra lengua, es que además de la errada escritura de los números, todos los billetes carecen del acento ortográfico en el vocablo REPÚBLICA, el cual es de obligatoriedad gramatical, toda vez que es una grafía esdrújula. Además, no solo los billetes son las únicas víctimas de la incultura gramatical; la cédula de ciudadanía, la tarjeta de identidad y el registro civil, también sufren el rigor de la incorrección ortográfica. Observemos que dichos documentos carecen de acentos ortográficos en las mayúsculas sostenidas; de manera que, corresponde exigirles a nuestras instituciones políticas, coherencia y pulcritud gramatical que ejemplifiquen y propendan en las nuevas generaciones, el correcto uso de la normatividad gramatical.
Al respecto, el Banco de la República de manera prospectiva, justifica el error gramatical supeditándolo a la aprobación de una nueva ley que elimine los tres últimos ceros reemplazándolos por las palabras «nuevos pesos», lo que daría paso al nuevo formato del peso colombiano. Lo anterior, constituye una afrenta contra la gramática y una censurable desobediencia a lo normado por la RAE. En defensa de lo anterior, algunos simpatizantes de la simplicidad gramatical, de pronto censurando una supuesta desadaptación de la RAE respecto de algunos criterios de usabilidad de algunos términos, y quizás emulando el querer de nuestro nobel Gabriel García Márquez, quien, en el Congreso Internacional de la Lengua en Zacatecas, México, en el año 1997, dijo sobre el hecho de simplificar la Ortografía:
«Por eso dije y repito que debería jubilarse la ortografía. Me refiero, por supuesto, a la ortografía vigente, como una consecuencia inmediata de la humanización general de la gramática. No dije que se elimine la letra hache, sino las haches rupestres. Es decir, las que nos vienen de la edad de piedra. No muchas otras, que todavía tienen algún sentido, o alguna función importante, como en la conformación del sonido che, que por fortuna desapareció como letra independiente».Y terminó diciendo: «Simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros».
Así las cosas, simplificar la gramática no significa cercenar números y palabras, ni omitir las normas gramaticales, sino hacerlas más flexibles; pero conservando la pureza del lenguaje. De manera que, lo que hoy muchos consideran que la «piedra de escándalo» es la desadaptación de la Real Academia Española, seguramente con el pasar del tiempo, estas exigencias de renovación y evolución serán asumidas con naturalidad por ese organismo rector, dentro de un marco de cambios y reformas. Mientras esas modificaciones no se constituyan, el llamado es al cumplimiento estricto de lo establecido por dicha entidad so pena de incurrir en «desobediencia gramatical», o en el peor de los casos, en una censurable mala ortografía que pondría en evidencia cultural a quien la cometa.