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La marcha del cinismo

El pasado sábado se vivió un suceso que desafió los límites de la lógica e hizo que  más de uno se deprimiera en razón de la triste realidad en la que se encuentra la población colombiana. La verdad es que nos dividimos por todo. Desde por quien debe ser el delantero de la selección Colombia hasta por si debíamos o no guiarnos por un acuerdo de paz. Desde por si deberíamos o no despedir a un técnico hasta por si deberíamos o no apoyar una consulta anti corrupción. Parecen cada vez más escasos los momentos en los que estamos verdaderamente unidos, pero eso no es el tema del que hoy me ocuparé.

Me quiero enfocar en la marcha del día sábado, esa en la que miles de personas salieron supuestamente a marchar en contra de la corrupción. Durante las semanas anteriores a la marcha se hablaba que no era una manifestación por una figura pública u otra sino un gesto colectivo en contra de la corrupción y en unión por Colombia. Esta aserción terminó siendo más falsa que la estrella fugaz del Junior. No habían pasado ni 30 minutos de marcha cuando ya se evidenciaban pancartas en las que se leía “Ordoñez presidente”“Lo que es con Uribe es conmigo”,  “No a un presidente inepto”, “Yo sigo a Colombia y no a un presidente ilegitimo”.

Estos gestos hicieron que la tetera dentro de varios colombianos hirviese, ya que estos se sirvieron de una causa noble para simplemente llamar atención a lo que no fue más que una sesión masiva de quejas, insultos y propaganda para los candidatos de ultraderecha. Sin mencionar que también fue la oportunidad perfecta para que los muchachos de estratos altos subieran sus selfies “Marchando por Colombia”, luciendo sus nuevas gafas Montblanc y sus flamantes polos blancas.

La verdad, no logro descifrar cuál de las acciones fue mayor causal de desconcierto, si el que hayan usado la anti corrupción como pantalla o la simple y llana ignorancia que exteriorizaban en sus reclamos. Como ya lo manifesté, la marcha fue todo menos anti corrupción ya sea porque los que la convocaron son la cúspide de esta misma o porque no se hizo referencia alguna al tema. Ahora, en cuanto a los reclamos, hay bastante que decir.

Primero, utilizaron la atención que tenían encima para promocionar candidaturas de derecha, lo cual en sí muestra las distancias a las que son capaces de llegar los seguidores de estos grupos, prostituyendo una causa noble para servir sus intereses. Segundo, sus simples actos hicieron prueba del culto ciego que rinden al ex presidente Uribe, mostrando una lealtad inquebrantable a un líder que se llevó por delante a la Constitución, nos sumergió en una crisis humanitaria y quebró los sistemas de prestaciones públicas, mostrando un culto que se encuentra a pocos pasos de lo que es y significa el culto a Hugo Chávez en nuestro vecino país. Haciendo inertes los reclamos, exclamando que ellos no piensan en Uribe sino en Colombia. Tercero, tildar de inepto al presidente santos, si bien es algo de moda, resulta ilógico teniendo en cuenta su posición. Empezando porque fue montado al poder por su comandante y que este mismo líder eterno se encuentre en una posición donde la mayoría de sus asesores están presos o prófugos de la justicia y el mismo se encuentre investigado por una serie de delitos graves les da una base tan sólida como la gelatina para realizar estos insultos. Cuarto, reclamar con fervor que Santos es un Presidente ilegitimo es prueba suficiente de su carencia de conocimiento político a cambio de un extenso conocimiento en ganadería, administración de herencia, desmembramiento y técnica futbolística con cabezas de campesinos. Si bien el máximo mandatario no es una moneda de oro a la hora de gobernar, decir que es ilegitimo carece de cualquier fundamento lógico. Si partimos de que la legitimidad la da el consenso del pueblo entonces este es doblemente legitimo ya que en dos ocasiones nuestro país le ha elegido para el cargo de Presidente. Por otra parte, si partimos del hecho que la legitimidad se deriva de la moralidad del mandatario entonces ningún presidente en nuestra historia patria ha sido legítimo y es más, el presidente Santos seria de los menos ilegítimos teniendo en cuenta las atrocidades cometidas por regímenes pasados, incluyendo el de su querido comandante. Aterrizando estas conclusiones, ¿Qué derecho tienen, entonces, los seguidores de un presidente supuestamente ilegitimo  a denunciar la ilegitimidad de otro?

Estos y los otros gestos que se desplegaron durante la manifestación, a la luz de un análisis político exhiben el hecho que estos votantes no han cambiado y no piensan cambiar de perspectiva, mostrando intolerancia ante quienes los critiquen y sirviéndose de cualquier oportunidad o causa para exteriorizar su supuesta ira. Sus acciones simple y sencillamente, no constituyen más que una página nueva en su repertorio de cinismo, desinformación y reclamos vacíos que ya desde hace rato vienen exhibiendo.