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La furia, el rival a vencer para Vargas Lleras

Para nadie es un secreto que la elección presidencial del 2014 en Colombia significó mucho más que la simple continuidad de un mandatario. Uno de los efectos más trascendentes de esta elección fue que a los ojos de muchos, se había sellado el resultado de la próxima contienda presidencial. El consenso general, de casi toda la nación, fue que esa victoria electoral significaría inequívocamente que Germán Vargas Lleras sería Presidente después de Juan Manuel Santos. Hasta hace poco tiempo, el hecho de que Vargas fuese a ser el nuevo mandatario de los colombianos no tenía discusión. Pero con los desarrollos políticos recientes me encuentro inclinado a pensar que el vicepresidente no debería contar sus pollitos antes de nacer.

Para entender el por qué de este planteamiento es necesario analizar una tendencia política que se ha venido dando a nivel mundial, donde el grueso de la población en varios países se ha volcado hacia líderes carismáticos que desafían al establecimiento político tradicional. Dichos líderes son la voz de la furia popular que no se ve representada por los políticos tradicionales. Quizá el ejemplo más emblemático de este fenómeno es la victoria del magnate Donald Trump en los Estados Unidos. Pero existen ejemplos de otros países donde el mismo fenómeno se ha evidenciado.  La victoria del Brexit y el ascenso de Theresa May en Inglaterra, el inesperado triunfo de Rodrigo Duterte en las Filipinas, y los resultados sin precedentes que se dieron en Europa central son unas cuantas situaciones que apoyan la veracidad de esta tesis.

Ahora, hago mención de este fenómeno ya que parece ser que la furia pasó de ser un simple peón a ser una reina en el ajedrez de la política colombiana y los candidatos que serán voceros de esta son los que podrían arrebatarle a Germán Vargas su tan codiciada Presidencia. En las últimas semanas hemos visto a la furia manifestarse y mejor aún, hemos visto quiénes se perfilan para ser sus voceros. Una corriente que nadie vio venir pero que ahora toma fuerza es la que se está posicionando detrás de la Senadora Claudia López y su guerra en contra de la corrupción. Quizá esta particular corriente se pueda considerar como la más llamativa debido a que hace 3 meses nadie hubiese siquiera considerado a la senadora como una fuerza determinante dentro del juego político en vísperas de la contienda electoral y en contra de todo pronóstico ha venido ganando más y más popularidad en las encuestas, especialmente entre los jóvenes.

Apuntando hacia un norte similar, se encuentra otro líder portador de la furia de los indignados. Se trata del ex Gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, quien desde hace ya un tiempo viene  “coqueteándole” al cargo de Jefe de Estado, promocionando un discurso de una esencia más conciliadora y de base netamente intelectual. El caso del antioqueño es un poco más complejo que el de la senadora de la Alianza Verde. A diferencia de la susodicha, este no es la representación viviente de la ira de la que venimos reflexionando. La razón por la que el ex Alcalde de Medellín es vocero de la furia es que su figura y discurso transmiten transparencia, conciliación y otros valores que la gente considera perdidos en la vasta mayoría de la clase dirigente y a raíz de su furia originada en esta crisis de valores que se vive en la política colombiana, estos se han motivado a replegarse detrás del ex dirigente Antioqueño.

Hacia el otro lado del espectro político se encuentran 2 principales voceros de la furia de los nostálgicos. Me refiero por supuesto, a los candidatos que se perfilan por parte del Centro Democrático. Los principales nombres que figuran en esta particular esfera son los de Óscar Iván Zuluaga e Iván Duque. La furia que representa esta corriente es diferente a la de los dos “pre candidatos” antes mencionados. Esta particular indignación se da gracias a que estos se oponen absolutamente a todas las medidas y decisiones que ha tomado la dirigencia política en  los últimos  8 años. Para estos, cualquier paso que tome el Presidente constituye una acción de “desgobierno” o “incompetencia” y hasta cierto punto han sido artífices de su propia ira. Sin embargo, esto no es evidente a los ojos del grueso de la población electoral quienes verán esta furia manifestada en el candidato que el Centro Democrático decida lanzar y le darán un arsenal de votos en la contienda electoral que se avecina.

Ahora, analizando todos los pulsos ideológicos que se están gestando en las entrañas de la sociedad olomcbiana, no sería descabellado concluir que si Colombia sigue sumergiéndose en esta crisis de dirigencia en la que se encuentra, la furia contra la política tradicional irá creciendo exponencialmente y por consiguiente, los prospectos que tiene el actual vicepresidente para llegar a ser máximo mandatario se están volviendo todo, menos certeros.