La doble moral de los falsos creyentes
Como estoy seguro de que la mayoría de los colombianos, en el pasado plebiscito, no leyeron el texto completo del llamado «ACUERDO FINAL PARA LA TERMINACIÓN DEL CONFLICTO Y LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PAZ ESTABLE Y DURADERA», por eso vivimos una guerra de desinformación de parte de los partidarios del SÍ y los del NO. Pero, como en toda elección hay ganadores y perdedores; esta vez ganó el NO, pero apoyado en mentiras y mensajes absurdos que convencieron a los que no leyeron y también a los que leyeron y no entendieron, tales como que, la familia tradicional estaba en peligro; que aprobar el Acuerdo era homosexualizar a nuestros niños, que el país sería invadido por el ateísmo, que el Castrochavismo se instalaría en nuestro país, que si no se firmaba la paz al día siguiente la guerrilla regresaría al monte para continuar la guerra, que no tendríamos papel higiénico, que Timochenko presidente, etcétera.
De igual manera, las iglesias en general, no escapan de esa perversa desinformación. En las comunidades religiosas, al igual que en el ámbito político, los guías espirituales, al amparo de los libros sagrados, desarrollan las más habilidosas estrategias basadas en mentiras y engaños con el fin de adoctrinar y manipular conciencias de mentes débiles que creen sin pensar, lo que genera grandes réditos en términos de adoctrinamiento.
Me producen lástima y pena esas personas que no dejan de citar a Dios y, especialmente, a Jesucristo, pero cuando alguien les pregunta cuál es la diferencia entre Marcos y Juan o Lucas y Mateo no tienen la más remota idea de la respuesta. No saben quién fue Job, no establecen diferencias entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. La mayoría de estas personas desconocen las diferencias entre «iglesia» y «religión» y permanentemente confunden los dos términos como si fuera uno solo. Desconocen que la religión es una forma de vida y que la «Iglesia» es la estructura jerárquica y la organización que crean los seguidores inmediatos de determinada religión, con la intención de perpetuar el mensaje divino.
Un gran número de creyentes siguen incondicionalmente a sus guías espirituales sin preocuparse por profundizar en sus mensajes los cuales muchas veces resultan tergiversados, mentirosos, perversos y acomodados. Lamentablemente, esos mensajes no pueden encerrarse en una organización ya que a la postre las iglesias se han convertido en una estructura de poder cuya finalidad es dominar conciencias. De manera que, ese analfabetismo religioso es un excelente caldo de cultivo ya que a la gente le es más fácil creer que pensar, esa es la razón por la que día a día hay más creyentes.
La forma mentirosa y doble moralista como en la actualidad se maneja el verso de la salvación, nos demuestra como el binomio iglesia-religión, tiene como su principal objetivo el poder político y económico, lo que en síntesis se constituye en una falsa motivación ya que los verdaderos creyentes deben tener por principios éticos y religiosos, una relación diferente con respecto al dinero y a la política.
Un tema controversial dentro de la fe cristiana es el acto de diezmar. Regularmente, los pastores invitan a diezmar y ofrendar con la falsa creencia que si no lo haces la ruina entrará en tu vida, te irá mal en tus negocios; y que si no le das a Dios él maldecirá tus finanzas, y maldecirá tu casa. Me pregunto, ¿Realmente, es así de malo el Jesús al que la gente ama? La respuesta es un no rotundo, ya que hasta donde es sabido, Jesús no condena ni maldice. De manera que, si usted diezma por cumplir ciegamente una ley o porque tiene miedo a caer en desgracia por la maldición de Jesús, está equivocado en su motivación religiosa.
Si la gente realmente leyera y entendiera la biblia se daría cuenta de que el acto de diezmar corresponde a una ley del Antiguo Testamento, es decir, formaba parte del antiguo pacto el cual estaba dirigido a los judíos. Sin embargo, en el nuevo pacto o Nuevo Testamento, el que está dirigido a los cristianos, el que admite que Jesucristo es el Señor y que Dios lo levantó de los muertos, no menciona en ninguno de sus libros sagrados la palabra «diezmo». Así las cosas, no se sienta culpable por no diezmar so pena de ser castigado. Más bien, atienda el llamado al que el verdadero Jesús invitó. Es decir, “haga el bien sin dar el 10”.
Otro tema controversial es el homosexualismo enmarcado dentro del término LGBTI. Jesús nunca mencionó a los homosexuales, es más, en ninguno de los cuatro evangelios canónicos del Nuevo Testamento, Jesús habla acerca de la homosexualidad. De manera que, este mensaje mentiroso debe ser erradicado del culto religioso por parte de los moralistas heterosexuales cristianos, quienes deben despojar a la homosexualidad de sus connotaciones negativas, no solo en el ámbito ético y legal, sino también en su interpretación. De modo que, estos estereotipos deben ser erradicados ya que estigmatizan y victimizan a estas comunidades en términos de violación de sus derechos fundamentales.
He aquí entonces, la doble moral de los modernos guías espirituales quienes consideran que muchas de esas normas de los hebreos caducaron con la llegada de Cristo, lo cual resulta curioso, ya que según ellos, rotulan con caducidad todas las normas del viejo pacto, pero mantienen vigentes las que les conviene como las contenidas en (Levítico 20:13) en contra del homosexualismo. «Si un hombre yace con otro, los dos morirán». No en vano un grupo de personas, en Medellín, expulsaron de un bar ubicado cerca al parque Lleras a una pareja de homosexuales solo por haberse dado un beso en ese sitio, posteriormente fueron perseguidos y golpeados salvajemente. Resulta absurdo entonces, apegarse e interpretar normas del Antiguo Testamento a conveniencia para establecer normas de conducta social para nuestros días. Lo anterior, nos demuestra que los elegidos para perpetuar el mensaje de Dios en la tierra manejan las escrituras de forma descarada y conveniente.
Asimismo, la participación en política por parte de las comunidades cristianas es otro tema controversial. En el pasado plebiscito tomó mucha relevancia política la Iglesia «Ríos de vida» del pastor evangélico Miguel Arrázola a quien por sus predicas incendiarias, mentirosas y doble moralistas recibió el rótulo de «Pastor del NO» toda vez que indujo a su «rebaño» a votar por el NO en franco afecto por el grupo político Centro Democrático del expresidente Uribe.
La palabra «política», según la RAE (Real Academia Española) significa: «Dicho de una persona; que interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado». No obstante, en 2 Timoteo 2:4 el mensaje es claro y preciso en el sentido que la voluntad de Dios es que «ninguno que milita debe enredarse en los negocios de la vida; a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado».
Así las cosas, la verdaderas religiones propenden por la neutralidad política para que de esta manera sus seguidores «no hagan parte del mundo», es decir, las comunidades religiosas deben ajustarse más al mandato bíblico que no solo prohíbe participar en política, sino que también prohíbe aceptar beneficios propios de las instituciones estatales. Sin embargo, la iglesia católica al amparo del Concordato, y las iglesias cristianas igualmente amparadas por el derecho a la igualdad pregonado por la Constitución, han hecho parte del mundo político obteniendo grandes beneficios tributarios.
Por tal motivo, las iglesias en conjunto y por mandato divino, deberían ceñirse al precepto bíblico contenido en 2 Timoteo 2:4 renunciando a mezclarse en los negocios de la vida. Sin embargo, y peor aún, estas instituciones en nuestro país no optan por renunciar a esos beneficios del mundo, sino que en su voraz apetito rentista e industrializador de la fe, han creado fundaciones como fachadas con el ánimo de pelechar aún más del régimen tributario especial contenido en la ley 133 de 1994, el cual les concede exenciones tales como el impuesto de renta, entre otros.
Personalmente, considero que «vivir del verso de la salvación» en nuestro país es un excelente negocio y una de las principales fuentes de ingresos de muchos avivatos embestidos de profetas. No resulta extraño entonces que, según el Ministerio del Interior de Colombia, haya en el país cerca de 6.000 iglesias. De igual manera, la feligresía, en su analfabetismo religioso, se ha convertido en cómplice de la doble moral de esas personas que con el verso de la salvación acomodado y mentiroso; domingo a domingo llenan iglesias, garajes y coliseos; creyendo que con un «Padre Nuestro» o con aplausos, dirigidos a Dios, creen salvar sus almas corrompidas.
En resumen, no se puede ser un siervo de Dios, y servir al mismo tiempo al deseo de enriquecer la cartera. Tengamos bien claro que, los fundadores de las nuevas iglesias cristianas generalmente son tan visionarios audaces y carismáticos, como mentirosos y doble moralistas, los cuales inspiran, atraen y atrapan seguidores con su imaginación moral, modificando generalmente sus doctrinas en burocracias conservadoras y resistentes al cambio, como también, obsesionadas con el poder y el dinero.