La cacografía institucional: un problema de Estado
«La pulcritud como aspecto formal de la escritura, refiere a la manera pulcra, limpia y cuidada de escribir un texto». Anónimo
La Real Academia Española define la palabra “cacografía” como la «Escritura contra las normas de la ortografía», pero su significado va más allá de una breve definición académica. Las faltas a las normas ortográficas no atañen exclusivamente a un género, institución o red social, sino que la alarma es generalizada y se extiende a todos los niveles educativos, incluyendo al mismo Estado, como veremos a continuación.
Cuando una persona dice que sus nombres y apellidos, en mayúsculas, no llevan tilde, porque tanto en la cédula como en el registro civil no las tienen, se hace necesario y obligatorio la revisión a fondo de dichos documentos estatales. Trato aparte merecen los billetes que empleamos como medio legal de pago, los cuales tampoco se escapan de las incorrecciones gramaticales.
El proceso de cedulación en nuestro país se inició a finales del año 1952; a partir de esa fecha ha tenido diferentes modificaciones apoyadas en decretos, leyes y actos legislativos. A partir del 31 de julio de 2010 los formatos de “cédula blanca y cédula gris” perdieron su vigencia y el único documento válido de identificación para los colombianos mayores de edad pasó a ser la cédula amarilla con hologramas. Pues bien, los nuevos cambios introducidos mejoraron la seguridad y la confiabilidad de ese documento de identificación. Sin embargo, desde sus inicios dejaron de lado las más elementales reglas generales de acentuación que a todos (sin excusas) nos enseñaron en la escuela.
El Decreto 2628 del 28 de marzo de 1951 exigía que, además del número, la cédula de ciudadanía debía contener los nombres del ciudadano en minúsculas y los apellidos en mayúsculas sostenidas, lugar y fecha de nacimiento, estatura, color, señales particulares y firma, igualmente la firma del Registrador Nacional del Estado Civil y la fecha de expedición. Vale la pena aclarar que, dichas mayúsculas sostenidas no se tildaban quizás porque era la época de la composición manual en las imprentas lo cual generaba problemas, tanto de tipo técnico como también estético cuando utilizaban las máquinas de escribir. Sin embargo, con el advenimiento de la tecnología y sus múltiples programas de edición, resultaba censurable no acentuarlas gráficamente.
Es necesario aclarar que, para esa fecha existían normas de la Real Academia Española, quien es la suprema autoridad competente para la solución de las dudas que atañen a la ortografía con respecto al uso de las mayúsculas. Estas normas datan de 1959, convalidadas posteriormente en 1974. La segunda norma fue tomada de la Ortografía, de 1999, reiterada en una publicación de 2002. Veamos: “El empleo de mayúsculas no exime de poner tilde sobre la vocal que deba llevarla según las normas del capítulo iii. Se insiste sobre ello en el n.° 41 bis.”
«N° 41 bis. Como se indicó en el n.° 6, apartado 15; el uso de mayúsculas no quita la obligatoriedad de la tilde exigida por las normas del presente capítulo»
Las dos referencias citadas anteriormente corroboran plenamente que durante los siglos XX y XXI la RAE –cuya existencia data desde el siglo XVIII– jamás ha establecido norma alguna que permita eludir la tilde cuando se escribe con letras mayúsculas. De manera que, a pesar de la normatividad existente dichos preceptos fueron ignorados por el Estado a través de sus múltiples registradores. Es así como hoy, muy a pesar de la modernidad, persiste la idea extendida de que las mayúsculas no deben tildarse. Resulta oportuno entonces, recordar que, las mayúsculas se acentúan gráficamente cuando la palabra así lo advierta, cuando se trate de una mayúscula inicial o de una palabra entera escrita, tal como indica la Ortografía de la lengua española.
Para corroborar lo anterior, invito al lector a examinar su cédula de ciudadanía o tarjeta de identidad, y una vez finalizado el rastreo, constatará un listado de errores ortográficos por ausencia de las tildes en las mayúsculas a saber:
Las grafías, REPÚBLICA, CÉDULA, NÚMERO E ÍNDICE deben ir tildadas en razón a que son palabras esdrújulas. Así mismo, los vocablos IDENTIFICACIÓN Y EXPEDICIÓN también deben acentuarse gráficamente por ser palabras agudas terminadas en «n». Asimismo, la palabra CIUDADANÍA, es llana por hiato; de manera que, la Í debe acentuarse.
En el caso particular, mi nombre AGUSTÍN debió recibir igual trato gramatical, amén de mis apellidos, PÉREZ PÉREZ, los cuales debieron tildarse en razón a que son palabras llanas terminadas en «z». Censurable además que, el nombre del Registrador Nacional de la época (IVÁN DUQUE ESCOBAR), cuya firma aparece en dicho documento tampoco se encuentre tildado, contraviniendo con esto las normas de acentuación vigentes. En virtud de lo anterior, resulta inadmisible que, en un documento de identidad tipo tarjeta de crédito de 5.5 centímetros de ancho y 8.5 cm de largo, se puedan encontrar hasta 13 incorrecciones gramaticales para el caso de la cédula de ciudadanía y 8 para la tarjeta de identidad; pudiendo aún ser más si tenemos en cuenta algunos nombres y apellidos como también lugares de nacimiento.
Igual situación sucede con el Registro civil de Nacimiento ya que desde que nacemos, el Estado, a través de la Registraduría Nacional del Estado Civil, registra nuestros datos en mayúsculas sostenidas obviando las tildes. Considero entonces que, algunas de las razones que les impide a este ente estatal tipear correctamente dichos documentos son la inercia de las leyes y la incultura de nuestros servidores públicos. La excusa no valida del inconveniente con las antiguas máquinas de escribir que con frecuencia no podían poner tilde a una letra mayúscula, porque esta, al ser de mayor altura, abarcaba el espacio que le correspondía a la tilde fue superada por el computador. Por tal razón, era obligatorio tildar las mayúsculas ya que, ignorar esto, es incurrir en mala ortografía.
Pero, no solo la cédula, tarjeta de identidad y registro civil son las únicas víctimas de la incultura gramatical; los billetes en sus distintas denominaciones también sufren el rigor de la incorrección ortográfica. Observemos, por ejemplo, un billete de 5 000 pesos. Nótese la ausencia de las tildes en las mayúsculas sostenidas en el nombre y apellidos del poeta JOSÉ ASUNCIÓN SILVA. De la misma manera, todos los billetes carecen del acento ortográfico en el vocablo REPÚBLICA, el cual es de obligatoriedad gramatical, toda vez que, es una palabra esdrújula.
En conclusión, la escritura institucional plasmada en los documentos de identidad y en el papel moneda, debe cumplir con un mínimo gramatical y ortográfico. Si nuestras instituciones políticas no son coherentes con la cultura idiomática, indefectiblemente nuestra lengua seguirá viéndose amenazada. Así las cosas, les corresponde a la Registraduría Nacional del Estado Civil y al Banco de la República darnos ejemplo de pulcritud ortográfica en lo concerniente al uso preceptivo del acento ortográfico en las letras mayúsculas, toda vez que, con su cacografía institucional, no han hecho cosa distinta que mal ejemplificar a la gramática, convirtiéndola en un verdadero problema de Estado.