La bestia acecha
Este martes se conoció una noticia que enciende la llama de la esperanza, que estaba a punto de extinguirse. Se salvó el referendo de prisión perpetua a quienes asesinen, ejerzan violencia o explotación sexual, maltrato severo o secuestro contra menores.
El proyecto logró la aprobación en segundo debate, de chiripa, como quien dice. Justo con los 52 votos que se necesitaban. Ello no es más que la muestra fehaciente de lo pasivos e insolidarios que pueden ser algunos de nuestros legisladores, que en época pre-electoral se muestran como los seres más genuinamente interesados en los demás, especialmente en los menos favorecidos. Y ante estas pruebas, nos defraudan.
La iniciativa pasa ahora a la Cámara de Representantes, a tan sólo dos debates para su aprobación. En otras palabras, está en manos de nuestros honorables Representantes permitirle al pueblo pronunciarse sobre la necesidad de fijar cadena perpetua para quienes asesinen, secuestren, torturen o violen menores –que es, a mi juicio, una forma más grave de asesinarlos -.
Esta luz de esperanza se enciende cuando los medios dan cuenta de la posibilidad de que ‘La Bestia’ recobre su libertad. Lo que ha motivado una ola de inconformidad, que llegó a mí a través de un mensaje de mi sobrino José Manuel, con recién cumplidos 13 años, “Colombia, por favor, pídanle a Dios por los niños y niñas de este país y que Dios nos proteja por la probable liberación de Garavito quien violó a más de 190 niños”.
Mi sobrino se refería a Luis Alfredo Garavito Cubillos, siniestro personaje con muchos alias y más disfraces, utilizados para acceder a los menores que posteriormente haría objeto de tortura, violación y asesinato. El mismo a quien organismos judiciales internacionales consideran el segundo homicida en serie del mundo. Ese que en su infame recorrido se hacía pasar por mendigo, vendedor ambulante, monje, discapacitado y representante de fundaciones ficticias en favor de niños y ancianos. De esta manera lograba el acercamiento para cumplir su cometido.
Su macabra ruta asesina comenzó el 4 de octubre de 1992 y terminó el 21 de abril de 1999, cuando fue arrestado por un cabo de la Policía quien ni siquiera sospechaba que acababa de apresar al mayor asesino de niños del continente.
Garavito había violado, torturado y decapitado 192 niños, todos de sexo masculino, blancos, bien parecidos, con edades entre los 8 y los 14 años y de extracción social humilde. Los cadáveres que las autoridades lograron encontrar correspondían a menores degollados, con evidentes signos de tortura, con mutilación de algunas de sus extremidades y señales de haber sido amarrados.
La legislación penal colombiana establece en 60 años la pena máxima. Por ello, a un sindicado solo puede aplicársele la máxima sanción. No es posible acumular penas por el mismo crimen. No importa la gravedad de estos, ni la sevicia empleada, ni la condición de las víctimas o su número.
Esta normatividad vigente favorece a Garavito, quien a pesar de haber sembrado tanto dolor, se hace merecedor de ciertos beneficios por haber cometido los delitos antes del nuevo sistema penal oral acusatorio. Además, hábil y astuto como todo psicópata, al verse acorralado confesó sus delitos. Por esta ‘colaboración’ con la justicia, obtuvo 24 años de rebaja. Encima, por estudiar mientras está recluido, el asesino en serie ha logrado rebajar la pena de un mes y 15 días, a un mes y cinco días, en promedio por cada niño. Y como ya está próximo a cumplir las 3/5 partes de la pena, a los 14 años de prisión ‘La Bestia’ puede quedar libre.
Eso nos dejaría tanto a los familiares de los demás menores asesinados por Garavito, como a la gente de buenos sentimientos, esperando verlo pagar los 60 años completos. Si se le pudiera aplicar una pena sumatoria de cada uno de los 172 asesinatos judicializados,daría algo así como 1.853 años. Ello es humanamente imposible. Lo mejor sería dejar que se pudriera en la cárcel con su mente retorcida, su sarta de mentiras y su invulnerable inconciencia.
Sin embargo, todo apunta a que esa bestia despiadada está a punto de salir de prisión para recorrer nuevamente las calles y con la misma frialdad y facilidad de siempre, volver a asesinar. Así lo aseguraron más de treinta expertos consultados sobre el caso.
Y como día a día y de manera absurda aumentan los violadores de menores, aún tratándose de sus propios hijos biológicos, se impone que los honorables Representantes se den la pela, despierten sus conciencias, ejerzan la responsabilidad que les fue conferida por sus electores y aprueben, sin más dilaciones, el referendo de prisión perpetua para estos sujetos, que tanto daño hacen. No sólo a sus víctimas, sino a la sociedad en general porque, salvo contadas excepciones, es muy poco lo que se puede esperar del futuro de un menor que sobrevive a infames ultrajes y vejámenes sexuales, a maltrato psicológico y físico, a desafecto.
Desde la sociedad civil estaremos vigilando la actitud que asuma cada uno de los legisladores de la Cámara baja al momento de votar la iniciativa. Estamos seguros que no nos van a defraudar.
Y cuando eso se dé, es menester que pasemos de caritas tristes en nuestros BB Llorar, a actitudes más proactivas al momento de votar en el referendo. No se vale quedarnos sentados en la comodidad de nuestro hogar u oficina, adelantando sólo protestas virtuales o mediáticas.
Abrumadora debe ser esta votación para enviar un buen mensaje al mundo. Y para condenar al ostracismo tanto a congresistas genuflexos ante esta clase de delitos, como a los violadores y asesinos de niños.
mariteruiz@gmail.com