¿Es posible la vida sin Internet?
Internet ha cambiado de manera drástica la vida. Nuestras vidas. No hay dudas. Ha entrado por una hendija y se ha propagado tomándose todos los espacios posibles. Como el aroma del cilantro recién cortado, que se esparce por toda la casa cuando lo picamos en la cocina.
La búsqueda de empleo, el aprendizaje, la apertura de horizontes son ahora más fáciles gracias a esta herramienta que en ocasiones, se vuelve un arma de doble filo. Es el caso de quienes se inventan una imagen ideal que propagan en sus perfiles de las redes sociales, donde alardean de profunda religiosidad y de su devoción a tal o cual virgen, pero las acciones de su vida real destruyen esa máscara virtual que nos hace pensar que estamos frente a la reencarnación de Teresa de Calcuta.
Hoy día todo, o casi todo, puede resolverse por Internet. Los teléfonos y direcciones que no aparecen en las pesadas pero deficientes guías telefónicas, ahí están. Las rutas alimentadoras del Transmetro, la información de las universidades –incluidos los costos-, la información sobre el estado del trámite de la cédula, la licencia de conducción y quién sabe cuántos documentos más. Hasta las predicciones en torno al estado del tiempo. ¡Qué verraquera! diría mi difunto padre.
Los estudiantes universitarios pueden inscribirse, matricularse y elegir sus horarios por Internet. Por la misma vía son notificados de trabajos, pruebas, exposiciones, ensayos. Por allí les llega el reporte de las calificaciones obtenidas.
La mayoría de personas le ha tomado tal gusto a su uso que casi sin darse cuenta, van generando una relación de entrañable dependencia. Cual arañas, quedan atrapados por las mil y una redes sociales disponibles. Se entretienen acumulando riquezas en varios juegos de manera simultánea. Acuden a eventos virtuales. Dejan de ir al cine porque prefieren ‘bajar’ las películas. Dejan de caminar los centros comerciales y de entretenerse en la ‘vitriniada’ porque comprar en internet resulta más barato. Tampoco pierden tiempo en ir a algún restaurante Es más práctico seleccionar la comida por Internet. Si necesitan viajar a otro lugar Internet ofrece mejores precios en los tiquetes de avión.
Ya no hay que hacer las largas colas en las entidades bancarias para pagar los recibos de servicios públicos, de tarjetas de crédito, de créditos varios, de seguridad social. No. Ahora basta tener un computador, dinero en la cuenta y estar conectado. Con un solo clic matamos las culebras, sin salir de casa, sin exponernos a un asalto real, porque los asaltos virtuales se dan todos los días. En diversos montos. Pero se dan.
Un joven conocido, que por razón de su trabajo no puede desconectarse ni un instante de Internet asegura que teme acabar declarando su amor al ratón del computador. Pero este es un caso aislado y atípico, diría yo.
Creo que los actuales adolescentes no logran explicarse cómo sus padres, maestros y familiares de mayor edad logramos subsistir sin Twitter, Facebook, YouTube o Skype. Para ellos no es posible la vida sin triples w, Blackberrys, iPhones, iPads, Galaxys tabs. Gracias a estos aparatos no existen las distancias. Todo está a un clic.
Para muchos todo, o casi todo, es mejor por Internet. Particularmente no lo creo. La socialización, por ejemplo, es uno de los aspectos que jamás podrá ser mejor a través de la web. Nada como la calidez de un abrazo real, frente a frente, pecho a pecho. Innegable lo placentero que resulta el poder ubicar amistades, parientes, conocidos a quienes dejamos de ver hace algún tiempo. Fantástico poder establecer y mantener contacto con ellos, que están físicamente lejanos. Pero nada como el aquí y el ahora, el frente a frente, cuando se trata de relaciones humanas.
En ese y en otros aspectos Internet si está favoreciendo las distancias. A las nuevas generaciones, por ejemplo, las aleja de las habilidades en materia de lenguaje. La capacidad de expresión de los jóvenes ha disminuido. Tanto de manera oral como escrita. Se comunican por un extraño dialecto –por llamarlo de alguna forma- en el que la economía de las letras manda. Ya no leen, como lo hacíamos antes, porque todo lo encuentran en la web. Resumido, con ayudas audiovisuales listas. Ello los ayuda a no pensar. A conformarse con lo que encuentran. Se han vuelto expertos en el arte del ‘copiar y pegar’, que en buena hora, algunas instituciones educativas sancionan con severidad.
Los adultos también estamos siendo víctimas de la tecnología. En nuestro medio es cada vez más común que jóvenes ansiosas de una mejor calidad de vida gasten unos buenos pesos en un estudio fotográfico. El fin justifica los medios. Y la inversión, agrego yo. La foto que mejor las exhiba es la elegida para el perfil de facebook o de cualquiera de los quinimil portales disponibles para 'pescar' maridos. Mueren por un tipo extranjero y por lograr su principe soñado se privan del encanto del cortejo amoroso, reemplazándolo por las vistas virtuales a través de la web cam. Sueñan con marcharse a otras tierras. Mientras más lejanas, mejor. No importan las diferencias culturales, ni el idioma, ni el perfil psicológico del Romeo captado por esta vía. Ello hace que en ocasiones lo que se vislumbra como la más perfecta opción para mejorar la vida -propia y de la familia completa- acabe siendo la más inimaginable e interminable pesadilla. A la larga el conocimiento a través de Internet está plagado de subjetividades y muchas veces, de mentiras.
Otro aspecto en el que venimos siendo afectados tiene que ver, irónicamente, con la distancia. De manera simultánea la acorta y la hace mayor. Con tanto aparato portátil disponible en la actualidad que permite la conexión a internet y por ende, comunicarnos con gente a distancia remota, rompemos la comunicación con quienes integran nuestro entorno cercano. Con la familia. Con la pareja, los hijos, los padres, los hermanos. Olvidamos que nada es para siempre. Que ahora los tenemos cerca, pero no sabemos cómo transcurran nuestras vidas, qué rumbo tomen, hasta cuándo podamos disfrutar de la calidez de su presencia real.
Pero como quiera que Internet es un fenómeno social que gana cada día mayores espacios, cada vez es más cierto el ¡Me conecto, luego existo! Sin Internet, es casi nada lo que podemos hacer. Sin Internet, casi que no existimos. Por ello, el llamado es a aprovechar al máximo los beneficios que ha puesto a nuestro alcance, sin que ello implique ahondar aún más la brecha generacional, ahora denominada ‘fractura digital’ para evitar así que la nave de nuestras relaciones cercanas colapse en la frecuentada autopista cibernética.
Por supuesto, no se trata de darle la espalda a las posibilidades infinitas que brinda. Hay que tener cuidado con los peligros que acechan en la red. A la caza de incautos. De esos seres ávidos de fortunas fáciles. O que sueñan con tener el mundo a sus pies. O de quienes alimentan esos sueños americanos que muchas veces se transforman en pesadillas, made in USA o 日本でされます-hecho en Japón-.