El Otoño de los Patriarcas
El fin de la era de los Kirchner en Argentina, la corrupción de Dilma Rousseff en Brasil, la cual incluso la tiene ad portas de la cárcel, y la estrepitosa derrota en las urnas de Nicolás Maduro en Venezuela, anuncian la muerte de la izquierda populista en el continente.
La encrucijada que vive la izquierda en América Latina no es nueva. En efecto, viene apañada por una década de incompetencia y de corrupción de los gobiernos que la representan, que en su afán por perpetuarse en el poder han cooptado por medio de dádivas los poderes legislativo y judicial, han silenciado los medios de comunicación y han manipulado los sistemas electorales, generando una profunda crisis tanto económica, como social.
No obstante, no es verdad que la izquierda en Latinoamérica vaya a llegar a su fin, lo que, con suerte, morirá será el disfraz de izquierda, como ha ocurrido en un par de episodios endémicos del continente, esto es, el Brasil de Dilma Rousseff, la Nicaragua de Daniel Ortega o la Venezuela de Maduro. Los latinoamericanos han decidido cobrarle a esta izquierda sus fracasos. Un cobro, por supuesto, merecido, pero que deja de lado que la derecha, cuando gobierna, es igualmente corrupta e incapaz.
Y esto es natural, claro está. En situaciones de pánico y pérdida de confianza en las instituciones y en la política, como herramienta de resolución, obtenemos un voto de castigo hacia quien gobierna. Y en estos momentos, le tocó a la izquierda populista, que en todos los escenarios, ha derivado en democracia totalitaria.
Lo grave de todo esto es que por reacción, la izquierda real y democrática se vea afectada. Porque los ciudadanos se sienten defraudados con los abusos de poder, la censura a otras formas de pensamiento y en general a todas las estructuras con vocación autoritaria. De hecho, militantes y exmilitantes de este grupo se sienten defraudados al confirmar lo que tantos representantes de derecha han afirmado: los estandartes de la izquierda son una utopía.
Pasarán varios años antes de que la izquierda pueda borrar sus errores y vuelva al poder, pero no es el fin: se trata de la renovación de la izquierda, libre de populismos y caudillos, ética y responsable que no se queda en promesas de campaña seductoras y que ejecuta políticas sociales que generen igualdad, coexistencia de ideas diversas y desarrollo en la sociedad latinoamericana.