Share:

El 2011 está a la vuelta de la esquina. ¿Qué nos depara?

La temporada navideña casi ha terminado. Papá Noel con sus renos y trineo ya empiezan el camino de retirada. Pronto les seguirán los reyes magos.  El 2010 nos deja muchas lecciones. La naturaleza se reveló. Sembró dolor. Las tragedias se suscitaron por todas partes. Los extremos sacudieron pueblos distantes. Unos morían por la sequía. Otros, vieron como se ahogaban viviendas, cultivos, semovientes. Sin duda, también se dieron hechos positivos. Sin embargo, cada vez está más cercana la hora de poner el punto final a este período. Sin dejar que el olvido sepulte algunas cosas.

 

En el horizonte empieza a dibujarse la figura de Joselito Carnaval, encabezando las huestes carnavaleras que reviven, año tras año. En su eterno retorno. Es el momento de ponerse en marcha. De definir los retos que debemos afrontar en este período de 365 días que pronto estrenaremos. Nos espera un año nuevo lleno de esperanzas, pero también de ocupaciones, más que de preocupaciones.

Es probable que en más de una ocasión nos salgan al paso estados de desánimo y dificultades. Debemos enfrentarlos con la mejor determinación y seguridad.  No se vale rendirse ante las primeras dificultades –ni ante las que siguen–. Hay que tener la constancia suficiente. Sólo así lograremos los objetivos, reafirmaremos la personalidad, aumentaremos la autoestima y en consecuencia, nuestra estabilidad emocional recibirá un profundo y benéfico impacto.

Hay una realidad innegable. En nuestro medio vivimos de ‘modas’ que van olvidándose para abrirle camino a otros usos y costumbres.  Ello marca el que a mi gusto ha de ser el primer reto.  Tiene que ver con nuestros hermanos damnificados. La naturaleza no hizo distingo alguno. Pobres y ricos lo perdieron todo.  Las ayudas entregadas hasta ahora apenas son el abrebocas. Lo verdaderamente difícil está por venir. La reconstrucción, el resurgir de los escombros empapados.

No permitamos que sea una 'moda' el espíritu solidario. Debe convertirse en una costumbre. Así, mientras el proceso avanza no olvidaremos a quienes hoy  sufren el hacinamiento, la desolación, la desesperanza. No podemos abandonarlos.  Y así como el gran reto para el Estado en el 2011 es superar la tragedia invernal, para los órganos de control es permanecer atentos y vigilantes a la correcta inversión de  los recursos destinados a la reconstrucción.  También los ciudadanos  estamos en la obligación moral de velar por que las cosas se hagan bien, para que los beneficios lleguen a todos. No se puede permitir que algunos avivatos llenen sus bolsillos con lo que pertenece a otros y que a la larga beneficia a la colectividad.

El 2011 es, sin duda,  un año político.  Elecciones de cuyos resultados depende el futuro de todos nos obligan a varias cosas. En primer lugar, a salir a cumplir con el sagrado deber de elegir. Claro,  antes debemos hacer un concienzudo análisis de los candidatos. Es obligatorio no dejarnos llevar por los efectos de campañas publicitarias que nos muestran como ángeles a quienes en realidad son  unos demonios, que sin escrúpulo alguno dan destino diferente a dineros sagrados como son los recursos de la educación, de la salud, del saneamiento básico. Es necesario apelar a la memoria para recordar los cambios de opinión de los políticos,  que un día se inclinan a favor de algo o de alguien y a la vuelta de un tiempo abrazan la causa situada justo al otro lado de la balanza. O del tránsito de una charca a otra. Perdón, de un partido a otro, de un grupo a otro.  Tener claro quiénes trabajan por el bien común, no por sus intereses particulares que sólo son generales al constituirse en los mismos de sus jefes políticos.

Nos quejamos del aspecto de nuestra ciudad, pero en la mayoría de los casos es poco lo que hacemos por mejorarlo. Así que ese puede ser otro de nuestros retos. Contribuir con la querida Barranquilla abrazando una verdadera cultura ciudadana que nos lleve a respetar el espacio público, a parquear en sitios permitidos,  a transitar por las vías indicadas, a tirar la basura en su lugar, a respetar las señales de tránsito, a cuidar los bienes comunes, a abandonar esa terrible costumbre de tirar en los arroyos toda los chécheres inservibles que se nos atraviesan en las casas.  Se lograrían estupendos resultados. Que empezarían a devolverle  el apelativo de ‘Puerta de oro de Colombia’, perdido ante la desidia de todos. No podemos seguir ‘cogiéndola suave’. Hay que meterle el hombro, sino el cuerpo entero, al reposicionamiento de la ciudad.  Eso por parte de los ciudadanos. Propios y forasteros que han sido acogidos como nativos.

Por parte de los gobernantes hay muchos retos por superar.  Cada uno sabrá cómo priorizar las áreas de intervención, pero deben hacerlo sin dilaciones.  Espacio público, seguridad ciudadana, reparación de vías, saneamiento,  son aspectos en los que hay tanto por hacer que las tareas podrían tomarse más de un año.

Como los hasta aquí enumerados son retos que involucran a la ciudadanía en general, aparece un nuevo desafío,  el acoplarse al trabajo en equipo. En el que todos sin excepción participemos con voluntad y capacidad. En libertad y con dignidad.  Siendo coherentes entre lo que pensamos y lo que hacemos. Cambiando el miedo por la audacia. Sacando a escobazos el rencor y llenando el camino de amor.  Sin dejar que nada ni nadie nos desanime. Sin permitir que se agoten las fuerzas. Con persistencia y tenacidad.  Sin decir jamás ‘no puedo’.  Son las mejores armas para lograr vencer los retos que nos imponemos.

Espero que el 2011 nos brinde a todos las oportunidades que necesitamos para ser mejores personas, mejores ciudadanos.  Que nos permita alcanzar cuanto nos propongamos para que cuando arranquemos su última hoja del calendario, lo  hagamos con el corazón rebosante de la satisfacción que da el haber cumplido. Con nosotros y con la sociedad.