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Desmitificando a los medicamentos genéricos

El negocio de los medicamentos genéricos es multimillonario, es así como vemos hoy que las grandes compañías farmacéuticas tales como Pfizer, Bayer, Sanofi, Tecnoquimicas, Gen Far y Bussié, entre otras,  están fabricando productos genéricos convencidas de que el futuro está en estos productos. En el presente trabajo, trataré de desmitificar el concepto que se tiene sobre dichos medicamentos como también corroborar las verdades acerca de los mismos.

Para comprender las bondades de los medicamentos genéricos es necesario introyectarnos en el contexto  de su definición.

Un medicamento genérico es aquel que dentro del marco regulatorio, se comercializa bajo el principio activo de una sustancia cuando la licencia de uso, patente o exclusividad por parte de su creador inicial haya expirado. En términos sencillos, cuando una farmacéutica crea una molécula tendiente a la cura de una enfermedad, el Estado le otorga una patente de explotación exclusiva por un periodo determinado de tiempo, ejemplo 20 años, al cabo del mismo, ese principio activo dejaría de ser exclusivo liberándose la patente y así cualquier empresa entraría a producirla y comercializarla bajo el nombre de ese principio. Lo anterior, garantiza el acceso de la población a medicamentos con menor precio.

La diferencia entonces entre un medicamento de marca y otro genérico es que el producto patentado se distribuye con un nombre comercial, es decir, aquel que surge de la inventiva o  imaginación de su fabricante con el cual es identificado y diferenciado de otros productos en el mercado.

Sin embargo, en el ideario colectivo es común la resistencia manifiesta por parte de los pacientes como también de los médicos al uso de fármacos genéricos. Muchos pacientes cuestionan sin fundamento su confiablidad, potencia, efecto y fabricación, desconociendo que poseen la misma concentración y dosificación que su equivalente de marca. Además, los medicamentos genéricos producen los mismos efectos que su contraparte comercial, ya que poseen el mismo principio activo. De manera que, no debemos estigmatizar ni subestimar a los medicamentos genéricos, no debemos rotularlos como inservibles y poco efectivos ya que el medicamento genérico tiene y debe cumplir las mismas funciones que el producto de marca,  por eso, cuando es prescrito, se espera que cumpla con sus funciones de eficacia, efectividad, seguridad, bioequivalencia y biodisponibilidad.

Para el cumplimiento de lo anterior, el estado cuenta con el INVIMA (Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos) quien dentro de sus funciones de vigilancia sanitaria y de control de calidad de medicamentos y otros productos que puedan tener impacto en la salud individual y colectiva, evalúa el tema de manufactura y biodisponibilidad de dichos medicamentos para aprobarlos y certificar que tengan el mismo principio activo en las cantidades requeridas. En virtud de lo anterior, un producto farmacéutico comercial y uno genérico tienen, bajo la regulación vigente, la misma cantidad de sustancia como también  el mismo grado de utilización y función; debiendo cumplir, final y exactamente con el mismo objetivo en su farmacodinamia y efecto.

Otro problema que surge acerca de la utilización de los medicamentos genéricos, es la percepción por parte del comprador, la cual se ve directamente influenciada por el precio del producto. Es el caso de algunos antibióticos en los cuales la diferencia de precios entre marca y genérico es abismal, llegando a costar hasta 50 veces más el de marca que el genérico. De manera que, la percepción del usuario empieza a verse influenciada ya que asocia estrechamente la efectividad del medicamento con el valor del mismo. Surge la pregunta, ¿cómo un producto que contiene exactamente lo mismo en cantidad, pueda costar 50 veces menos y ser tan eficiente como el que vale 50 veces más? Tenemos entonces que, además de la percepción por el  costo  del producto el paciente se ve influenciado por la actitud del médico quien en ocasiones pone en tela de juicio la efectividad de los medicamentos genéricos por las razones que más adelante expondré. En consecuencia, la formal utilización de los medicamentos genéricos y de marca debería tener el mismo impacto en la recuperación del paciente teniendo en cuenta que  técnicamente los dos medicamentos  son iguales, es decir, técnicamente sirven para lo mismo.

En muchos casos el precio ni siquiera hace la diferencia toda vez que en otros países algunos medicamentos de marca cuestan lo mismo que un genérico en Colombia. Entonces, no podemos atribuirle el problema al precio ya que su similitud los correlaciona. Vemos entonces que, la problemática tiene que ver mucho con la percepción. De manera que, no es censurable que una persona con buenos ingresos o de estrato 6 no se sienta segura tomando un medicamento de $5 000 pesos mientras considere que con uno de $100 000  le aliviará más rápidamente sus males.

En este mítico contexto, al primero en desmitificar dentro del marco del uso de las drogas genéricas, es al médico. Muchos colegas consideran absurdo el hecho de formularle a un paciente un medicamento genérico de $5 000 después de haberle cobrado $200 000 pesos por la consulta. Se sienten inseguros y creen que eventualmente podrían perder credibilidad.

De otra parte, la codicia de las multinacionales farmacéuticas ha  condicionado el criterio de muchos médicos. Muchos de estos laboratorios acosan a los galenos para que estos prescriban con exclusividad sus productos de marca a cambio de viajes a congresos, a islas paradisiacas, computadores, dinero en efectivo y bonos sodexo pass. Lo anterior, corrobora que la avaricia de las farmacéuticas convirtió la enfermedad en un negocio en donde contaron con la complicidad de los médicos, quienes en un maridaje a conveniencia, convirtieron el juramento hipocrático en un código de hipócritas.

Desgraciadamente, vemos como un número considerable de médicos han caído, de buen agrado, en las redes de este soborno. Muchos pacientes han asistido al escenario desagradable cuando en la consulta se presentan los bien trajeados visitadores médicos, y de qué manera los médicos los dejan de lado prefiriendo a los ilustres visitantes quienes cargan en sus maletines no solo las promociones de sus productos, sino también los obsequios de rigor.

Este sistema antiético y perverso de comisiones, obsequios y regalos es directamente proporcional al rendimiento registrado por cada uno de los médicos incluidos dentro de los parámetros o condiciones impuestas por los laboratorios, el cual establece, con base en la prescripción exclusiva del producto de marca convenido, la importancia del regalo, premio u obsequio. Es decir, cuanto más rápida y fluida sea la formulación del producto, más cerca se encuentra el medico de asistir al congreso médico de turno con todos los gastos pagos. Todo esto sin importar que el pobre paciente tenga que empeñar sus pertenencias con la ilusión, convicción y esperanza de que la medicación prescrita alivie sus quebrantos.

Para el beneficio de muchos pacientes, hoy día las grandes farmacéuticas han optado por producir paralelamente medicamentos genéricos de muy buena calidad, es así como las multinacionales Pfizer, Bayer, Sanofi han incursionado en el lucrativo mercado de las drogas genéricas. Y, en el ámbito nacional, contamos con las farmacéuticas Bussié, Gen Far , Tecnoquimicas y Procaps quienes surten el mercado nacional exportando además, sus productos a más de 32 países en los cinco continentes. En virtud de lo anterior, no hay razón para dudar de la eficacia de los productos genéricos que actualmente se comercializan en nuestro país ya que son innegables las bondades de su efectividad, seguridad, eficacia, biodisponibilidad y bioequivalencia, tanto de estos, como los de marca que también producen.

Los problemas de inactivación de la sustancia por mal bodegaje, falsificación, proveedor y cadena de distribución que desdicen de la calidad del producto y la efectividad del mismo, no es inherente únicamente a los genéricos ya que también aplican para los productos de marca. De manera que, tal situación no debe incidir en su prescripción. 

En resumen, podemos concluir que los medicamentos genéricos son tan confiables y potentes como los de marca. Toda vez que, son fabricados en instalaciones que cumplen con normas internacionales y con buenas prácticas de manufactura. La resistencia a prescribirlos se debe más que  todo a problemas de percepción y concepción, a criterios científicamente infundados, como también a intereses particulares no éticos y censurables.