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Con la Cultura de por medio

Voltaire dijo alguna vez “No comparto tu opinión, pero daría mi vida por tu derecho a defenderla”. En mi opinión esta afirmación, tan frecuentemente reproducida por cantidades innumerables de teóricos y pensadores, está siendo prostituida y sistemáticamente violentada por los que se autoproclaman sus voceros, condimentando así a la situación actual con una pizca de ironía.  

Desde los tiempos de Voltaire hemos evolucionado (o así no los han vendido) y dicho proceso nos ha llevado a defender ideales que antes, como la opinión libre en los tiempos de Voltaire, se veían completamente socavados. Hablo de la cultura y la personalidad,  los derechos  que los abogados de Facebook y Twitter tanto se afanan por proteger. Precisamente hablo de la Tauromaquia y toda la polémica que la ha venido rodeando por un período extenso.  

Ante este tema adoptaré quizás la opinión menos popular. Me iré en contra de la corriente que pretende abolir las corridas, por lo cual seguro me tildarán de insensible, cínico o psicópata, y de primera manifestaré que se me hace extremadamente difícil entender cómo muchos consideran a estas, un espectáculo y un arte, por lo cual seguro me tildarán de inculto y extremista. Mi posición es a favor del respeto a las diferentes manifestaciones culturales y por consiguiente, y a disgusto, a favor de las corridas de toros.  

¿Por qué adopto esta posición? simplemente porque estoy en contra de que por popularidad o por la radicalización de una masa ideológica se puedan catalogar de ilegales prácticas que hacen y han hecho parte integral de la cultura de un sector considerable de nuestro país.

En mi opinión, el derecho que poseen todas las personas para ejercer su cultura nunca debería estar en juego excepto cuando este interfiera con el derecho de otras personas. Hago énfasis en la palabra personas debido a que en términos legales los animales no lo son y por tanto no son sujetos de derechos, por más impopular que este planteamiento resulte. La cultura no es un valor absoluto. Es extremadamente difícil señalar qué es y qué no es cultura, por lo cual no debemos precipitarnos a denigrar de lo que para otros es culturalmente intocable.   

Debido al hecho de que no siento una atracción cultural hacia las corridas de toros voy a exteriorizar mi opinión con un ejemplo mucho más relacionable, el Carnaval en Barranquilla. Para nosotros los barranquilleros, este es un fenómeno imposible de describir con palabras y seguramente si lo critican, sacaremos las garras de donde sea. Imaginémonos por un momento que el Carnaval entre bajo escrutinio de la sociedad, y que un grupo activista por los derechos de los ancianos quisiera prohibir la danza del garabato porque la muerte manda señales negativas a su comunidad, o que un grupo de ideología izquierdista demande la Batalla de Flores por retratar satíricamente a Chávez y a Maduro o peor aún, que un grupo activista social condenara la danza del torito y a la canción del ‘Joe’ por falta de respeto a los animales y una incitación latente al maltrato.  

Suena completamente ilógico ¿no? Es casi imposible, inclusive para mí mismo, tomarme estos ejemplos en serio porque todas estas prácticas constituyen una parte intrínseca de nuestra cultura, hecho por el cual vemos a nuestra sagrada fiesta con ojos enamorados. Sucede lo mismo con los amantes de la  "fiesta brava". Es imposible mirar sus “espectáculos” desde sus ojos debido a que no es parte de nuestra cultura pero cuando nos ponemos en sus zapatos, vemos la necesidad de proteger las tradiciones culturales estemos o no estemos de acuerdo con ellas, repito, en tanto dichas prácticas no interfieran con los derechos de otras personas. 

Aclaro que no estoy calificando al Carnaval como una tradición cultural análoga a esta de las corridas de toros, pero con este ejemplo quiero enfatizar en que, debido al carácter impredecible de las tendencias sociales en el futuro, establecer un precedente que atente en contra de las prácticas culturales a favor de una ideología masiva no sería beneficioso para la protección del derecho a la cultura tanto en este momento como a largo plazo.  

Por esta serie de razones los incito a que nos desentendamos del carrusel social que ha significado esta corriente anti taurina, no para volcarnos hacia el otro extremo e iniciar una guerra civil en Facebook sino para salvaguardar nuestro sagrado derecho a la cultura, en todas sus dimensiones.