"Cómo sobrevivir a los hermanos mayores"
La especie humana y la animal enfrentan una situación similar. La rivalidad entre hermanos. Esta es una condición tan antigua como la misma humanidad. La relación entre hermanos frecuentemente es matizada por la rivalidad. Se compite por el amor de los padres, por tener más de cualquier cosa. Se envidian los logros del otro que suscitan frustraciones...
Prueba de ello se encuentra en las Sagradas Escrituras, que recogen varios casos de rivalidad y peleas entre hermanos. En el libro del Génesis, por ejemplo, encontramos la historia de Caín y Abel. Caín inconforme por la supuesta preferencia del padre hacia su hermano, pese a ser él el primogénito, llevó su rivalidad al extremo, acabando con la vida de Abel. Demostrando que la sangre puede manchar los lazos de sangre.
José, ese sí, hijo predilecto de Jacob, por haber sido procreado con la única de sus cuatro mujeres a la que amaba, sufre grandes padecimientos a causa de sus hermanos, víctimas de excesivos celos fraternos. También los hijos de David, cuya historia puede leerse en Crónicas II, sufren rivalidad excesiva. Y ni qué decir de la situación vivida entre Jacob y Esaú, cuya progenitura envidiaba el primero. Otro caso es el de Rómulo y Remo, fundadores de Roma. Tras haber acordado que el nombre de la ciudad lo elegiría quien superara una prueba, Remo, quien perdió, además de discutir con Rómulo, borró el surco de los límites de la futura ciudad. Su hermano lo mató por ello.
Un caso más, afortunadamente sin muertos de por medio, es el de Juan I de Inglaterra, más conocido como ‘Juan sin Tierra’ y su hermano mayor, Ricardo, ‘Ricardo Corazón de León’, quien pese a las reiteradas intrigas de su hermano por impedirlo, logró, tras la muerte de su padre, sucederlo en el trono.
Y si seguimos buscando, con seguridad encontraremos a lo largo de la historia de la humanidad, muchos más casos de rivalidad entre hermanos.
En mi círculo familiar, María Isabella Bencomo, mi sobrina-ahijada, escribía el otro día, desesperada… “Cómo sobrevivir a los hermanos mayores… Esto lo escribo porque he tenido un hermano que pelea conmigo. La primera cosa que puedes hacer cuando te esté molestando o pegando es que lo acuses, si no te gusta ser acuseta entonces defiéndete o lo amenazas diciéndole que lo vas a acusar o otra cosa por el estilo. Si el o ella te insultan con malas palabras ignóralos porque después se aburren y paran de hacerlo. Lo que mas me molesta de mi hermano es que el es muy injusto, por ejemplo si yo cojo el control del televisor, el me lo arrebata de las manos y se lo queda y si él tiene el control y lo deja ahí tirado y yo lo cojo llega y me empieza a pegar y a insultar. Lo que yo hago para que me deje de molestar es que me voy al baño me encierro por un minuto y me echo agua en la cara para que piense que estoy llorando y se asuste. También me molesta que cuando invito a mis amigas el las molesta y me molesta, desearía ser la grande … así yo fuera la que lo mandara a el. Esa es otra cosa que hace que no me gusta , se cree el que me manda y lo hace cuando quiere que me calle o cuando esta amargado . Yo le he dicho que el no me manda pero el simplemente no me escucha y lo sigue haciendo. A veces también se cree el tonto al frente de mis amigas solo para que se rían o para que les caiga bien. Aunque a veces puede que me trate bien como en mi cumpleaños, o en Navidad o en amor y amistad, mejor dicho en un día especial. Una vez hicimos un pacto de que no pelearíamos pero cada vez que le pegaba sin culpa me culpaba y no lo cumplimos. El ve un programa de lucha libre y me coge como un muñeco y pelea, obviamente me duele pero no le hago nada por seguridad. Mi mamá dice que el me quiere mas a mi que yo a el, a mi no me parece verdad porque ella no está conmigo pero no me quejo porque se que es mentira y que el me maltrata mas a mi. A veces dice cosas que no sabe si son verdad. Muchas veces se cree el muy muy por su celular o algo que sea mejor que lo que yo tengo, me molesta pero igual no me importa porque a mi me gusta lo que yo tengo. Me molesta también que cada vez que estoy haciendo tarea viene a mi cuarto y empieza a acostarse en mi cama o a hablarme. Cualquier hermano tiene cosas positivas como el mío, a veces en navidad me regala de sus juegos de Wii, me gusta mucho eso porque yo a veces también le regalo de mis juegos de DS que normalmente le gustan mucho. No me gusta que el diga que las bandas que me gustan como los Jonas brothers o Demi Lovato son malas. Dice que yo soy grosera cuando el grosero es el. Por eso escribí esto…para demostrarle a los hermanos grandes que nosotros si podemos!”.
En sus líneas se evidencian las razones que motivan la natural tendencia al conflicto que se vive en la relación entre hermanos. Pero también puede constituirse en un catálogo para salir bien librada ante los hermanos mayores.
Su escrito me llevó a reflexionar sobre estos temas ancestrales y casi bíblicos.
Esta conducta humana es la misma de toda especie animal, donde la lucha por la supervivencia y el predominio se da desde bien temprano. Empieza como un ensayo dentro de la familia, para extenderse luego fuera de ella, donde la vida se convierte en una competencia sin tregua. En las especies animales la competencia se centra en la supervivencia. No así entre los cachorros humanos, que compiten por mayor atención, cariño, tiempo, de los padres y adultos que les rodean. Eso hace que las relaciones fraternales resulten tan pasionales como las de los amantes.
El hijo mayor recibe todos estos ingredientes de manera exclusiva. Hasta que llega un hermano (a). Entonces el primogénito suele experimentar disminución del amor, del tiempo, de las preferencias y atenciones. Y se lo achaca a ese intruso que llegó a usurpar. Ello lo obliga a desarrollar estrategias para reconquistar el amor ‘perdido’ de los padres, por lo que comenzará una guerra contra el invasor. Entonces el menor, al verse enfrentado a la hostilidad de su hermano mayor, debe desarrollar sus propias estrategias de supervivencia.
El solo hecho de tener hermanos es de las más hermosas oportunidades que la vida puede brindar. Pero a los padres, adultos de la película vital –que nunca recibieron un curso preparatorio sobre cómo ser padres– les corresponde jugar un papel decisivo en la vida de sus procreados, favoreciendo su desarrollo personal, canalizando correctamente las energías de competencia entre ellos, promoviendo que conserven la real perspectiva del mundo –incluidos los peligros que ofrece–. En otras palabras, moldeando la relación filial, como responsables de ella mientras los hijos son jóvenes.
Y esa labor debe desarrollarse con la plena conciencia que a cada hijo se le ama distinto, que cada uno resuena de manera diferente en cada uno de los progenitores. De esa forma se dota a los hijos de una especie de blindaje.
Y si los padres han sabido guiar el curso de esas relaciones filiales, los hermanos nos proporcionan la certeza de tener alguien en quien confiar plenamente, sin importar que tan distintos podamos ser. Ellos son el refugio seguro ante las eventuales dificultades que nos plantee la vida. Infortunadamente en algunos casos, los hermanos terminan distanciados. No sienten al otro como interlocutor válido. O luchan sin tregua por lograr que sea reconocido su valor, pero ese reconocimiento jamás llega. Otros más dejan que el resentimiento por los éxitos que no fueron suyos envenene su alma. O sencillamente no encuentran una grieta por la que filtrar afecto en la piedra que el otro tiene por corazón. Se olvidan que el amor es el salvavidas perfecto para no naufragar.
Desde acá, en mi papel de actriz-espectadora de las vidas de mis hijos y mis sobrinos, anhelo que logren trabajar sus relaciones fraternales venciendo los instintos infantiles que acechan aún en la edad adulta, aprendiendo a compartir, conquistando la armonía plena que brinda equilibrio al alma. Espero que se amen infinitamente, que aprendan a tolerarse, a criticarse, a ayudarse, a hacer equipo para vencer dificultades, alejándose así de la historia escrita por Caín y Abel.