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Vergüenza internacional

Recientemente, medios nacionales e internacionales han publicado que cerca de la mitad de las pruebas PCR falsas identificadas en el aeropuerto Barajas (Madrid, España) son de viajeros provenientes de Colombia. Esto se suma a las recientes denuncias sobre expedición de certificados falsos en el aeropuerto Ernesto Cortissoz de la ciudad de Barranquilla. ¿Qué está pasando?

Nuevamente, a los colombianos nos toca aguantar la humillante discriminación que supone ser separados en las filas de los aeropuertos de otros países y sometidos a exámenes, procesos o prohibiciones especiales. Esta vez no es por narcotráfico, sino por otra amenaza a la salud pública: presentación de pruebas falsas de COVID-19.

Qué pena. De los casi 200 países en el mundo, España ha cerrado sus fronteras a 5, de entre los cuales está nuestra patria. ¿Se les puede culpar? Según el embajador de Colombia en España, Luis Guillermo Plata, de cada 170 pruebas presuntamente falsas identificadas en el aeropuerto, 105 son de viajeros provenientes de Colombia.

En boca de quienes viajaron en días previos al cierre, a todos los viajeros de Colombia (no residentes ni nacionales de la Unión Europea) ya no solamente les tocaba la eterna fila de “extranjeros” en inmigración, sino que directamente tenían una fila propia: alto riesgo de COVID (para no decir de falsedad). Dicen que en el aeropuerto ya ni caso tenía mostrar la PCR negativa, pues automáticamente eran dirigidos a otra fila y obligados a realizarse una prueba antes de ingresar a territorio europeo.

Al mismo tiempo, en nuestro país varios ciudadanos denunciaban que un funcionario de la Aerocivil estaría involucrado en el tráfico de pruebas falsas en el aeropuerto internacional Ernesto Cortissoz. Según informe del Grupo Aeroportuario del Caribe S.A.S., se trataría de una conducta que llevaría meses ocurriendo. Hoy, estas graves denuncias no han sido resueltas ni se ha anunciado públicamente -como parece ser ya costumbre en la Fiscalía- investigación alguna.

La situación es muy preocupante. La solución que internacionalmente parece estarse abriendo camino es la de un sistema basado en QR (un código que permite acceder, de forma remota, a una base de datos y recuperar alguna información). En este caso, la idea es que los resultados de las pruebas COVID no sean registrados físicamente en el papel que portan los viajeros, sino almacenados en una base de datos que pueda ser compartida con autoridades nacionales y extranjeras. De esta manera, se espera que pueda reducirse el riesgo de falsedad.

Sin embargo, lograr esto no es fácil. No por el código de QR como tal, que es algo que cualquiera puede hacer hoy en día. Esto requiere que exista una red que comunique a todos los laboratorios (o, al menos, a los autorizados para ello) y que cumpla con los estándares de seguridad informática internacionalmente reconocidos. Esta red, idealmente, debería cubrir todo el territorio nacional y permanecer actualizada. Pero eso se puede lograr.

El reto más grande no es tecnológico, sino humano. En la lista de países que entran sin problema a España, se encuentran varios sitios en donde la infraestructura TIC es mucho más pobre que la colombiana (al menos, en este frente). De hecho, el sistema de “COVID Digital” (que implementa esta tecnología) apenas entró en vigor en la Unión Europea el pasado 1 de julio. El problema no es tecnológico, sino de confianza.

El Ministerio de Salud anunció en días pasados que el Estado colombiano ya se encuentra trabajando en la aplicación de esta tecnología. Según el comunicado de prensa, aún deben resolverse algunos asuntos técnicos (principalmente, de seguridad informática) y jurídicos (esta información pertenece a la categoría más reservada de datos personales), pero se espera que el sistema sea entregado a finales de este mes. Esperemos que esto se cumpla, que las investigaciones internas rindan frutos y que nos permitan volver a visitar a nuestros amigos ibéricos. Pero, más que todo, esperemos como país que pronto superemos esta vergüenza internacional.