La innegable izquierda
Esta semana fue importante por muchas razones, pero dedicaré estas líneas a una sola: cómo llevó a que el espectro político colombiano diera uno —o dos— pasos hacia la izquierda.
La contundente victoria del Pacto Histórico el pasado domingo tuvo un impacto inocultable en la elección de las fórmulas vicepresidenciales de los principales contendores a la presidencia de la República. Cepeda escogió a Aida Quilcué, Paloma a Oviedo y Abelardo a Restrepo. Todos, cada uno a su manera, movieron sus campañas un poco más hacia la izquierda. El único que parece no haberse corrido —hacia un lado u otro— fue Fajardo, tan inmutable como siempre.
La elección de Cepeda fue un verdadero palmazo sobre la mesa. Comunicó que se siente tan holgado con los votos de la izquierda que no necesita acercarse hacia la derecha. Todo lo contrario: escogió una fórmula de nicho que lo separa aún más. Ese es el resultado de lo que lograron el domingo… tanto por lo que hicieron, como por lo que no. Me explico:
Respecto de lo que hicieron, lograron imponerse como la principal fuerza en el Congreso, con más delegados que cualquier otro partido —y, de hecho, más que nunca antes en la historia de la izquierda colombiana—. Pero es igualmente importante lo que lograron no haciendo: se dijo “no a la consulta”, y la consulta no se votó. Eso muestra disciplina de partido. Y eso hay que respetarlo. La izquierda de hoy es tan disciplinada como el Centro Democrático en sus mejores momentos: tiene líder natural, candidato de partido, militancia fiel y órdenes claras. ¡Vea usted!
Las otras dos fórmulas también son efecto de la fuerza medida de la izquierda. La más obvia es la de Paloma. Cierto, es del partido, trabajó en el gobierno de Duque y nació políticamente de las entrañas de una de las figuras más importantes de la campaña. Pero Juan Daniel Oviedo ha blasfemado abiertamente los cánones del partido: ha dicho que Petro no es lo peor y que hay que seguir apostándole a la JEP, por recordar aquí algunas de sus groserías. Además, porta una peligrosa carga del rayo homosexualizador. No es la apuesta más ortodoxa de la derecha. Pero puede que sea quien incline la balanza que lleve al Centro Democrático nuevamente a la Casa de Nariño.
Finalmente, aunque sea menos evidente, Abelardo de la Espriella también se movió de su sitio. Lo que pasa es que está tan lejos, que es difícil apreciar ese paso a simple vista. Nadie diría que José Manuel Restrepo es un hombre de izquierdas. Viene del Centro Democrático, en economía es claramente conservador y desciende de una familia aristocrática que remonta su linaje hasta el mismísimo hombre de leyes, Francisco de Paula Santander.
Pero piénsenlo así: el equivalente a lo que hizo Iván Cepeda con Aida Quilcué habría sido que Abelardo anunciara como vicepresidente a Fernando Londoño. Y no hizo eso. Al contrario: escogió una fórmula mucho menos radical que él, más institucionalista, menos vociferante, menos populista. En realidad, es una apuesta moderada que demuestra una lectura inteligente del electorado actual.
Todo esto cuenta la historia de lo que pasó el domingo. No solo la izquierda ganó las parlamentarias, sino que corrió todo el tablero político hacia su propio polo. Si alguien todavía cree que el gobierno de la izquierda fue un episodio que está próximo a terminar y que el 49% de favorabilidad de Gustavo Petro es puro cuento, que vaya y cuente los votos del domingo, y que le cuente su candidato por qué todos han aceptado, sin excepción, que para poder gobernar en el próximo cuatrienio tendrán que compartir espacio con una de las fuerzas políticas más importantes de nuestro país hoy: la innegable izquierda colombiana.