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Una Tierra y siete mil lenguas

Abril ha sido un mes lleno de emociones y aprendizajes. Celebramos la riqueza de la lengua castellana y la importancia de los libros, a la vez que festejamos el mes de los niños junto a nuestro inolvidable Gabinete Infantil.

La semana pasada estuve leyéndoles a los niños de Transición del Colegio Edvardo Turizo. Fue una experiencia hermosa, al igual que escuchar la lectura de un maravilloso fragmento de Cien Años de Soledad, a cargo de un grupo de muchachos de la institución. Celebrar la lectura significa mucho para mí. Cuando uno lee, aprende información muy valiosa pero sobre todo aprende a soñar. El que sueña, lucha y el que lucha, logra.

A mí me encanta leer y no lo hago con la frecuencia que quisiera porque mis responsabilidades personales y oficiales consumen todo mi tiempo. Pero no se imaginan cuántas veces quisiera quedarme en casa con un buen libro en las manos, aprendiendo, viviendo mil vidas y viajando por el mundo, sin levantarme de mi silla favorita. A mis hijos siempre les he inculcado que leer, transforma nuestras vidas, y que la persona que lee, nunca está sola.

Sin embargo, lo que más me ha impactado en este mes tan importante, fue una conversación con mi Primera Dama Infantil, Poly Fortich, una niña maravillosa. Poly, ambientalista convencida y estudiosa, llegó sonriente a mi oficina, como siempre, para acompañarme a la lectura del Edvardo Turizo. Al verla, le pregunté: “Poly, ¿lista para celebrar el Día del Idioma?”. Y ella me respondió: “Sí, Primera Dama, lista, pero por favor no olvide que mañana se celebra un día aún más importante, el Día de la Tierra”. Me sonreí, encantada por su firmeza, y me prometí a mí misma no olvidarlo.

Nuestro idioma es único y valioso. Sin él, no podría estar escribiendo estas líneas. Pero verdad es que Tierra, solo hay una. Así que hoy escribo en nombre de Poly y de todos los niños del mundo, invitando a tomar conciencia por nuestro planeta. Este hermoso globo, complejo y diverso, donde conviven siete mil lenguas.