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Divino tesoro

Llevo varias semanas pensando en los jóvenes de Barranquilla, por varias razones. Algunas veces siento, debo admitirlo, que no hacemos lo suficiente por ellos, por entenderlos, por saber qué piensan y qué sienten. Centramos gran parte de nuestra atención en las vidas de los niños y abuelitos, que por supuesto merecen y requieren todos nuestros esfuerzos, pero no deben convertirse jamás en excusa para que olvidemos a nuestros jóvenes.

La juventud y más específicamente, la adolescencia, es una etapa difícil, llena de preguntas e incertidumbres. Las oportunidades y el apoyo que un joven recibe, deciden su futuro y lo conducen por caminos positivos y constructivos, o en su defecto, por la autodestrucción y la desesperanza.

El 12 de agosto es el Día Internacional de la Juventud y quiero que todos, desde ya, comencemos a reflexionar acerca de nuestros jóvenes, que son, sin lugar a dudas, el futuro de Barranquilla. La única garantía de nuestro progreso y desarrollo. Debemos canalizar adecuadamente toda esa energía que poseen, inculcarles valores, enseñarles la importancia de una vida saludable y sobre todo, infundirles el amor por el conocimiento y la educación. En cada joven, hay una esperanza de progreso. Y por lo mismo, cada juventud desperdiciada, es un paso atrás en la construcción de nuestra #CapitalDeVida.

Los invito, desde hoy, a que me envíen sugerencias para mejorar la calidad de vida de nuestros chicos. Pensemos, entre todos, cómo ofrecerle mejores oportunidades al tesoro más bello que tiene una sociedad: sus jóvenes.

P.D. Recuerden padres: “La palabra mueve, pero el ejemplo arrastra”.