La siempre peculiar América Latina
Muchas veces hemos reparado en tratar de definir la identidad latinoamericana que, al igual que el surgimiento de muchas otras identidades, se alimenta de la búsqueda no sólo de similitudes, sino también de aquello que nos diferencia de otros, en especial de aquellos de los que queremos marcar diferencias. El surgimiento del concepto de Latinoamérica surge de esta forma y es un aporte de un gran intelectual chileno, de mediados del siglo XIX, Francisco Bilbao que después de viajar por Europa sintió que los estadounidenses (ése es el gentilicio que debemos usar, que ni siquiera existe en el mundo anglófono), se habían apropiado casi con exclusividad del concepto de americanos.
La segunda cuestión, que se relaciona con esta idea de la identidad y cómo se construye, tiene relación con el grado la validez al proyectar ciertas características de la personalidad a entidades colectivas, es decir, ¿es posible definir características de los grupos más allá de las exclusivas realidades de los individuos que las componen? Muchos han corrido el riesgo y hablan del “carácter del latinoamericano”, pero otros, más escépticos, están muy en contra de estas generalizaciones que, no pocas veces, son más bien instrumentos ideológicos que han servido para mezquinos y lamentables intereses.
Sin duda que las palabras iniciales de este texto no son alentadoras para respondernos la pregunta que nos orienta, pero vale la pena hacer el esfuerzo y tratar de develar, a partir de la realidad latinoamericana (si es posible que podamos llegar a ella), ciertas consideraciones que nos faciliten algún nivel de análisis.
Revisando el texto de Eric Hobsbawm, “Viva la Revolución”, publicado por Critica en el año 2016, me encuentro con una referencia que resulta ser interesante. Corría el mes de mayo de 1963 y el destacado estudioso británico había centrado sus ojos en la realidad de nuestro subcontinente, le parecía que la región más emocionante de estudiar para esa década era la nuestra y ello lo llevó, en variadas oportunidades, a viajar a nuestros países y empaparse de la realidad de cada uno de ellos. En el capítulo referido al “Cambio Social en América Latina” realiza una reflexión interesante que vale la pena compartir.
“Lo que en América Latina resulta original es una combinación peculiar de, como si fuera posible, diferentes épocas históricas: el marco institucional -- este sí mucho más europeo que en la mayoría de las otras regiones subdesarrolladas del mundo – y el tiempo en la historia mundial, en el cual las cosas comienzan a moverse y moverse rápido” (E. Hobsbawm, página 59)
Cualquiera de ustedes podría expresar que estas palabras no son una novedad, sin duda y estaríamos completamente de acuerdo, pero lo interesante es que es una realidad para 1963 y también para el 2019, es decir, para cerca de 60 años después (más aún en un mundo como el actual en que el cambio ha llegado para quedarse)
Si al famoso historiador inglés le llamaba la atención, entre la peculiaridades de América Latina, las enormes distancias, la precariedad y dificultad de las vías de comunicaciones; la sobreurbanización que drenaba millones de personas desde el campo sin que en sus vidas hayan ocurridos cambios sociales profundos; el contraste entre el mundo urbano y rural; la inexistencia de un sistema de partidos políticos razonablemente familiares para el visitante europeo que proyectaba una intrincada realidad de la política latinoamericana que favorecía la presencia de populismo, movimientos de izquierda, nacionalismos, sistemas conservadores heredados de una elite local que asumió, desde la minoría, la “identidad nacional” con exclusión de vastos sectores que fueron utilizados, que no se integraron o que, hasta bien entrado el siglo XX, no habían vivenciado en su cotidianeidad los cambios políticos que estudiamos como muy relevantes para la historia de la América Latina Contemporánea. Para muchos de los hombres de finales del siglo XIX o comienzos del siglo XX, en especial en los sectores del mundo campesino, la vida había cambiado poco o nada.
Estas peculiaridades, y en especial desde la mirada política, no resultan ser cosas del pasado, parece que, por mantenerse, permiten proyectar una cierta identidad. El escenario político nuestro no pierde esa sensación de representar, “diferentes momentos históricos”: los populismos de izquierda y de derecha, las reminiscencias de los socialismos reales, las experiencias socialdemócratas, proto movimientos revolucionarios, muy desvirtuados por lo demás; la vueltas al conservadurismo y tendencias neolioberales llenan los ojos de cualquiera que profundice un poco en nuestra América morena, más allá de las tendencias hacia la izquierda o la derecha que algunos historiadores han buscado descifrar en las últimas décadas.
Nuestra experiencia en la Latinoamérica actual es, por decir lo más concreto, una incertidumbre: ¿Qué pasará con la Argentina en que el proyecto de la derecha parece estar llamado al colapso y la reinstalación de un gobierno peronista que carga con los aspectos más oscuros del kichnerismo? ¿De qué manera se decantará el caso Venezolano que, después de un período de tensión a inicios de año, parece apaciguado y de muy poco interés para muchos que quisieron convertirse en actores principales de dichos procesos? ¿la Cuba castrista evolucionará o seguirá fiel al espíritu revolucionario de sus mentores? ¿El gobierno de Bolsonaro permitirá al gigante brasileño definir con claridad un rumbo (muy criticado por lo demás en sus más variadas expresiones por la comunidad internacional) que carga con la sombra de la amenaza de un Lula que no ha perdido representatividad? ¿De qué manera la revolucionaria Nicaragua Sandinista nos recuerda a través de un patente ejemplo que los revolucionarios se convierten en reaccionarios al llegar al poder?; el interés, ya muy patente de Evo Morales por perpetuarse en el poder, nos lleva a otra intriga en Bolivia y que se expresa en la interrogante, “Después de Evo Morales, ¿qué?”; Perú, ¿habrá sanado del cáncer de corrupción que afectó directamente a sus últimos cinco mandatarios? En fin, parafraseando al intelectual británico, “América Latina y su peculiaridad”