El traspaso de mando en Chile sigue generando tensiones
Tal como lo he planteado en una columna anterior, el traspaso de mando en Chile ha dado más noticias que en otras ocasiones. La polaridad entre el gobierno saliente y el que asume, permite explicar que en no pocos momentos, la tradición republicana de la que tanto se ufanan los actores políticos chilenos, se ha visto en entredicho, por decir lo menos.
Sin ir más lejos, para esta semana estaban acordadas las últimas reuniones entre los gabinetes de ambos gobiernos y entre el presidente en ejercicio y el electo.
Esta última reunión terminó abruptamente, José Antonio Kast se retira de La Moneda, al recriminar al presidente Boric de no haberle entregado toda la información sobre el cable submarino entre Chile y China y exigiendo, del actual mandatario, disculpas públicas al respecto. La respuesta del actual presidente no se dejó esperar, expresó que, en una conversación telefónica de febrero pasado, le había expresado su interés de conversar sobre cuatro puntos clave, uno de ellos, sobre el dicho cable y las preocupaciones, que ya se dejaban sentir, de parte del gobierno estadounidense al respecto.
La situación, adornada además por una serie de comentarios cruzados entre los representantes de ambos gabinetes, nos lleva a realizarnos algunas interrogantes que serán de interés en los próximos días, por ejemplo, ¿cómo será el cambio de mando acordado para este miércoles 11 de marzo? ¿Qué señales nos darán ambos mandatarios? ¿de qué manera estas situaciones impactarán en las relaciones entre gobierno y oposición en los próximos 4 años? ¿qué permite explicar el “berrinche” desarrollado por el presidente electo en La Moneda? ¿Podrá el gobierno saliente dar explicaciones convincentes sobre el manejo del caso cable submarino Chile- China?
No sé, sinceramente, si puedo tener el conocimiento que me permita dar respuesta a dichas interrogantes, sólo quiero expresar aquí lo que son mis sensibilidades al respecto, que gozan de un cierto fundamento, de un ciudadano que se informa a través de distintos medios, pero que no sabe de las profundidades del poder en que estas situaciones se “cocinan”.
Espero, desde mi sensibilidad democrática, que el traspaso de mando de este miércoles sea acorde a lo que una democracia, que aspira a ser plena, debe transmitir. Sin duda que somos muchos lo que no nos identificamos con el gobierno entrante, que está lejos de nuestras aspiraciones republicanas y de la mirada socioeconómica que debería imperar en las políticas públicas, pero debemos ser respetuosos del juego democrático, respetando la mayoría que se expresó en las urnas. E
sta responsabilidad, de todo ciudadano común y corriente, se ve acrecentada para aquellos que se dedican a la política profesional, diputados, senadores, autoridades entrantes y salientes, deben dar el ejemplo al respecto y dejar que las diferencias se expresen en las discusiones parlamentarias y en las críticas o elogios a las políticas que se implementen. Es en ese espacio, en el del debate de las ideas, con argumentos, es dónde la democracia reclama que se expresen las diferencias, teniendo el paraguas del respeto como el elemento fundamental que resguarda una madura civilidad.
Estaremos pendientes al salón principal del congreso en Valparaíso para saber cuánto de esto se expresa.
El momento clave de dicha ceremonia es el traspaso de la banda presidencial y de la piocha de O´Higgins, símbolos del poder ejecutivo en nuestro país. La responsabilidad de ambos mandatarios, en ese momento, es enorme, millones de chilenos, en directo o en diferido, serán testigos de aquello y esperamos que estén a la altura de las circunstancias. Los momentos para el debate y expresar las diferencias la democracia los proporciona a raudales y no es este el día y el lugar para visibilizarlo.
Hace un par de semanas, el presidente electo se sacó la foto presidencial que acompañará las oficinas públicas de Chile en los próximos 4 años. Allí, en un trasfondo de naturaleza del sur de Chile, José Antonio Kast incluyó, en su banda presidencial, el escudo de la república. Si bien es cierto que situaciones similares podemos advertir en presidentes del siglo XX y de distinto cuño, nadie puede negar que es un guiño a la figura del dictador Augusto Pinochet, ya que, desde la recuperación de la democracia, en marzo de 1990 y por lo expresado desde las imágenes por ocho administraciones, el escudo no estaba presente en la banda presidencial.
Una sutil, pero más profunda lectura, nos lleva a pensar que esta muestra del presidente Kast no está inspirada en un Pedro Aguirre Cerda, presidente radical del Frente Popular en 1938, sin dudas que está en sintonía que el autoritarismo y los fundamentos ideológicos de la dictadura pinochetista de la cual Kast nunca se ha separado.
Mi sensibilidad, profundamente mediada por mis convicciones por lo demás, me dice que la situación de la democracia chilena vivirá momentos de crisis complejas en los próximos cuatro años. El caso del cable submarino con China es una muestra de ello. La cercanía de Kast con el presidente de los Estados Unidos lo ha puesto en una situación conflictiva al respecto. El alineamiento ha sido una de las expresiones más potentes de la política exterior de Donald Trump, y aquellos que no responden a ello terminan pagando muy caro por sus decisiones.
Por otro lado, el futuro gobierno de Chile sabe del impacto económico que tiene el gigante asiático en el volumen total del comercio internacional del país. Por ahora, y días antes de asumir el poder, viaja a Estados Unidos, para algunos, a dar cuenta de su posición, con una actitud poco soberana y que puede poner en conflicto intereses importantes de Chile.
El famoso cable submarino es una expresión más de la política estadounidense de Trump para tratar de impedir lo que, a estas alturas, parece imposible: detener la posición dominante que China está alcanzando en el comercio internacional. En este caso la situación se hace aún más sensible, ya que dicho proyecto también involucra control de datos, que en la lógica de la seguridad estadounidense se eleva como un riesgo potencial ya que se instalaría una infraestructura crítica por parte de un rival estratégico, poniendo en entredicho su posición dominante en América Latina.
Al mismo tiempo, la instalación de dicho cable también implica consecuencias en términos de operaciones de inteligencia, especialmente militar y, muy claramente, en el contexto de la guerra tecnológica ya iniciada por Estados Unidos con las restricciones a las importaciones de chips avanzados desde China, las sanciones tecnológicas y la competencia en áreas como el 5G, la Inteligencia Artificial y los semiconductores. José Antonio Kast se enfrentará a un dilema crucial en su gobierno, dar respuesta a las necesidades económicas y tecnológicas de todos los chilenos, muy especialmente del mundo empresarial que lo respalda, o mantener su alineamiento a la política exterior de Trump que ve con mucha facilidad enemigos en todas partes.
Por su parte las fuerzas que apoyaron al presidente Gabriel Boric tendrán también su desafío. Este viernes 6 de marzo fueron convocados todas a una reunión con el mandatario, de la cual se excluyeron sólo la Democracia Cristiana y el pequeño partido Regionalista Verde Social.
Los demás buscaron dar una muestra de unidad y de respaldo a la actual administración. Saben de todo lo que está en juego en la nueva administración y el impacto que puede tener en las políticas implementadas desde el mundo progresista, tal como lo demuestra la aprobación del Senado, en un primer trámite legislativo, de un proyecto de ley que busca dejar a los violadores de derechos humanos durante la dictadura militar con beneficios que permitan terminar con su reclusión en centro penales. Este proyecto, puede ser una muestra, de lo que se nos vendrá en materia legislativa en los próximos años y en dimensiones tan relevantes como la económica, laboral, ambiental y las relacionadas con la políticas de género.