El poder del Perrenque
La creatividad no es un lujo. Es una fuerza productiva, una forma de pensamiento estratégico y, en territorios como el Caribe colombiano, inclusive, una herramienta de supervivencia. Pero a pesar de eso, la seguimos subestimando, encasillándola en el folclor, en la alegría, en los clichés turísticos que venden bien pero representan poco. El problema no es que el Caribe sea colorido. El problema es que nos quedemos en eso.
Por eso, cuando aparece una iniciativa como Perrenque Creativo, el encuentro de creatividad del Caribe colombiano que se llevará a cabo el 28 y 29 de mayo en el Cubo de Cristal del Malecón del Río, hay que celebrar. Porque no se trata solo de un evento de charlas, talleres y creativos con “buena energía”. Es una declaración. Un recordatorio de que en la orilla norte del país también se piensa, se diseña y se innova. Que el talento regional no es una cuota de diversidad, sino un motor de desarrollo. Y que la creatividad, cuando se le da espacio, deja de ser entretenimiento y se vuelve poder blando, identidad en movimiento y estrategia de transformación.
Durante décadas, Colombia ha centralizado sus símbolos de modernidad en unas pocas ciudades, y ha dejado a otras regiones ancladas a lo exótico, lo pintoresco o lo ancestral. Esa división ha empobrecido la conversación nacional. Ha hecho creer que desde el Caribe sólo llegan canciones, fiestas y atardeceres. Pero en realidad, lo que hay es perrenque: ese músculo invisible que mueve la economía, reinventa negocios, produce contenidos excepcionales sin grandes recursos, y lucha a brazo partido entre las dificultades y un irrenunciable deseo de futuro.
El Caribe tiene creatividad, lo que le falta es inversión, estructura, confianza institucional y un relato colectivo que la posicione en el lugar que se merece. Por eso espacios como este no son anecdóticos, son urgentes. Porque visibilizan una realidad que los indicadores no siempre miden, la del potencial creativo como activo cultural y económico.
Y aquí hay una responsabilidad que no se puede seguir evadiendo, la de las marcas, las empresas, las instituciones que se nutren del mercado regional pero tercerizan su comunicación y creatividad en otras ciudades, como si aquí solo hubiese talento para las fotos del catálogo, pero no para pensarlo. Seguir llevándose los presupuestos a Bogotá o Medellín mientras se “celebra” lo local, es una forma de extractivismo simbólico. Es mirar al Caribe como un recurso, no como un interlocutor.
Invertir en creatividad regional no es solo un gesto ético, es una estrategia inteligente. Aquí hay perspectiva, sensibilidad, visión. Lo que falta no es talento, sino confianza; no es inspiración, sino decisión. Por eso, quienes hemos sido amablemente invitados a aportar nuestro grano de arena a Perrenque Creativo, debemos procurar que el evento no se convierta en un encuentro de egos, como muchos eventos similares, sino una plataforma de pensamiento y acción. Lograr que el encuentro marque un antes y un después para la creatividad regional. Aprovechar el impulso, para transformar las cosas.
Sin embargo, el evento deja una pregunta abierta desde ya: ¿cuánto estamos dispuestos a hacer para que esto no sea una excepción, sino una política? ¿Cuánto compromiso real hay con descentralizar los recursos, la atención y la conversación? Porque visibilizar es solo el primer paso. Lo que sigue es invertir, articular, formar y sostener.
La revalorización de la creatividad regional no es una concesión estética, es una estrategia de país. En un mundo donde los territorios compiten por atención, talento e innovación, el Caribe tiene una gran oportunidad, si sabe contarse sin complejos. Y eso no se logra sólo con eslóganes, sino con espacios como este, donde el diseño se cruza con la memoria, donde la innovación se piensa desde lo popular y donde crear no es adaptarse, sino redefinir las reglas.
En tiempos donde lo digital homogeniza y lo viral simplifica, el perrenque es resistencia. Es pensar desde lo propio, crear desde el margen y narrar sin pedir perdón. Así que desde ya, los invito a esta gran fiesta de la creatividad y extiendo un enorme aplauso a sus organizadores. Necesitamos muchos espacios como este.