Antes de que el sistema ceda
Colombia lleva años hablando de seguridad y transición energética. Hay informes, alertas, estudios y diagnósticos de sobra. Lo que sigue faltando es algo sencillo de decir y difícil de materializar: que cada institución diga qué va a hacer, quién responde y en qué plazo.
Y el momento no admite más demoras. XM advierte que el país entra al periodo más exigente con un déficit de energía firme cercano a los 250 megavatios: es como si al sistema le faltara la energía para una ciudad como Bucaramanga. A eso se suma un fenómeno de El Niño que los modelos internacionales proyectan como uno de los más fuertes en décadas, unos embalses que no alcanzaron la meta técnica antes de la temporada seca, y una producción de gas nacional cada vez menor que nos obliga a depender del gas importado. No es una alerta. Es una cuenta regresiva.
Por eso propuse en la Comisión Quinta del Senado la Audiencia Nacional de Equilibrio Energético, ya aprobada, que reunirá al nuevo gobierno, los reguladores, los organismos de planeación, los operadores del sistema, las empresas, los gremios, la academia y los representantes de los usuarios.
El nombre no es casual. Hablo de equilibrio porque el país no puede escoger entre tener energía segura hoy o tener energía limpia mañana: necesita las dos, y en el orden correcto. La seguridad energética es la condición, la transición es el destino. Una audiencia seria tiene que sostener las dos al tiempo, sin sacrificar la una por la otra.
Su importancia no está en sentar a todos en una mesa. Está en cambiar la forma como discutimos la energía en Colombia. No propongo otro foro sin consecuencias, sino un ejercicio de control político con una sola pregunta de fondo, ¿cuál es el plan nacional para garantizar que haya energía disponible, continua y confiable?
A partir de ahí, hay que abordar lo que hoy exige coordinación: la entrada oportuna de los nuevos proyectos, la disponibilidad de energía firme, el abastecimiento de gas, la preparación frente al clima extremo, la estabilidad financiera de las empresas y la calidad del servicio que recibe la gente.
Y el resultado no puede ser una nueva lista de conclusiones generales. La audiencia debe producir una Matriz Nacional de Compromisos Energéticos: un documento donde queden por escrito las decisiones, los responsables, los plazos y los indicadores para verificar que se cumplan. Porque en Colombia no falta el diagnóstico. Lo que falta es que alguien responda por él.
La crisis es nacional, pero nadie puede negar que el Caribe es su epicentro. Por eso la audiencia se hará en Barranquilla: porque en esta región las tarifas son las más altas del país, las redes las más rezagadas y los racionamientos una rutina sin horario fijo. Pero aquí también están el sol, el viento y muchos de los proyectos que siguen atrapados en trámites. El Caribe no le pide al país que lo rescate. Le muestra dónde está la salida.
No se trata de buscar culpables. Durante años hemos perfeccionado el arte de repartir la culpa ahora toca repartir las responsabilidades.
El sistema puede ceder. O podemos actuar antes. De eso se trata esta audiencia.