Videojuegos: herramientas para el desarrollo
La semana pasada, un grupo de alrededor de 30 estudiantes y profesionales interdisciplinarios participaron en el Global Game Jam. una maratón mundial de desarrollo de videojuegos. Durante 48 horas, ingenieros, diseñadores, músicos, animadores, entre otros se concentraron en la Universidad del Norte y dedicaron todo su fin de semana al desarrollo de una aplicación para el concurso de videojuegos más grande del mundo.
Hasta aquí, todo parece ser un trivial concurso en el que aficionados al desarrollo de estas aplicaciones decidieron invertir un par de días de su vida. Sin embargo, esta experiencia llamó la atención en el ecosistema TIC del departamento, hasta el punto que las empresas y universidades, en un llamado convocado por la Gobernación del Atlántico, decidieron hacer una apuesta especial para el desarrollo de videojuegos con talento local.
¿Por qué prestarle una atención especial a este tipo de aplicaciones?
Los videojuegos ocupan un lugar importante en el consumo de contenidos digitales. En el año 2015, esta industria vendió más de 22.000 millones de dólares. Se estima que más del 50% de los hogares en el mundo posee una consola y más del 60% de la población mundial juega algún tipo de videojuego. Lo cual, hace de estos desarrollos un tipo de producto con un gran mercado.
Esto quiere decir que si se le apuesta a producir videojuegos en nuestra región, podremos tener un gran crecimiento en este sector, generando empleo y por ende mejorando la economía, lo que se traduce en mayor bienestar colectivo. Por supuesto, teniendo el objetivo claro de desarrollar productos con calidad de exportación para el consumo global.
Otro aspecto muy importante es que los videojuegos no solo son una herramienta lúdica. También pueden aprovecharse como instrumentos de aprendizaje. Distintos estudios han demostrado que a través de videojuegos las personas logran aprender acerca de distintas actividades, sobre todo en la niñez y adolescencia.
Por ejemplo, una aplicación puede enseñar a los niños a tener comportamientos éticamente correctos. A través de un videojuego que “permita” hacer trampa para lograr el objetivo de una manera más fácil, pero saliéndose de las reglas establecidas. Luego, después de invertir alguna cantidad de tiempo y esfuerzo, el juego mismo destape la trampa, regrese al participante al punto inicial y haga la respectiva reflexión al respecto. Muy seguramente este tipo de herramientas provocará un crecimiento en el nivel de consciencia de los niños que elimine la cultura de la trampa, evitando así futuros comportamientos de corrupción.
Así como este, puede haber miles de ejemplos más en los que a través de videojuegos se tengan procesos de aprendizaje, no solo en el ámbito de la ética, sino también del cuidado de la salud, del medio ambiente, cultura ciudadana, o adquisición de conocimiento específico en cualquier área.
El desarrollo de videojuegos presenta una gran oportunidad en materia de generación de empleo y crecimiento económico, pero también una gran forma de generar desarrollo social por medio de aprendizajes a través de procesos lúdicos.