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Una candidata presidencial comunista en Chile

Hace un poco más de dos semanas se realizaron las primarias legales en Chile, en las cuales sólo se presentó la centro izquierda, es decir, la colación de partidos que forman parte del gobierno actual encabezado por el presidente Gabriel Boric.  La derecha chilena, entre polarizada y dividida, no fue capaz, pese a los esfuerzos realizados por la candidata Evelyn Matthei. Los candidatos más radicales del sector estuvieron lejos de valorar la instancia ciudadana como una experiencia favorable para posicionar sus programas, por el contrario, se plantearon en términos del derroche de los recursos comprometidos, de la baja participación ciudadana y de reconocer la elección presidencial del mes de noviembre próximo, como las real consulta popular y que en ella la ciudadanía dirima las mejores dos cartas para dirigir los destinos de Chile por los próximo cuatro años.

Lo que olvidan los sectores de derecha, y que, a la luz del análisis de las últimas encuestas, la ciudadanía valora la experiencia en términos de la posibilidad de elevarla a una expresión genuina de una democracia participativa, que es favorable que un millón cuatrocientos mil chilenos definan la mejor carta presidencial de la centro izquierda, en contraposición con decisión elitista de las cúpulas políticas que prescinden, más de lo necesario, de dar valor a la opinión popular.  

Por otro lado, el mensaje que proyecta el proceso de primarias es bien concreto y se lee, para el ciudadano de a pie, con tremenda claridad: hubo un sector que fue capaz de organizar una primaria sin dejar heridos mortales en el camino y, muy por el contrario, dar una muestra de alineamiento y gobernabilidad que las incertidumbres en las que se mueven las esferas del poder necesitan hoy más que nunca. Por su parte la derecha demuestra no valorar la opción democrática, está claramente dividida, se mantienen las polémicas en el sector sin haberse enfrentado electoralmente y, al parecer, no avanzan en una negociación parlamentaria que de señales contrarias a lo que la ciudadanía parece interpretar.

La centro izquierda fue valiente, se expuso a una primaria que podía dar la posibilidad incluso a que los partidarios de la derecha independiente se colaran en el proceso electoral y alteraran los resultados de la elección hacia la carta presidencial que les parecía más favorable para la elección de noviembre. Por otra parte, tuvieron una visibilidad en los medios de comunicación, a través de la franja electoral televisiva y los debates en radio y televisión, que le dieron luz a un sector muy alicaído producto de la baja popularidad y aprobación del gobierno del presidente Boric. Lo hicieron bien, hubo debate, fueron capaces de diferenciarse, se reconocieron nuevos liderazgos, hubo heridos, pero no muertos en el camino. Todos los candidatos y sus sectores, sin excepción, honraron la palabra empeñada, se alinearon tras la ganadora e incluso enviaron un potente mensaje a los sectores de centro no alineados que, a través de importantes senadores de la Democracia Cristiana, ya expresaron que votarán por Janet Jara.

¿Por qué la derecha parecía tan cómoda la noche de los resultados de las primarias con el triunfo de la candidata del partido comunista? ¿Estaban pensando en el alto porcentaje de rechazo que arrojaban las encuestas para la candidata? ¿Es lo anterior una muestra más del anticomunismo que parece que aún campea en el escenario político chileno? Y, por último, ¿estaban en lo correcto con sacar cuentas alegres?  Son preguntas que debemos hacernos, es necesario elevar la reflexión política, empoderar con argumentos y no con emociones al electorado. Hacer política, pero de la buena, aquella que habla de analizar los programas de gobierno, no dejarse influenciar por informaciones falsas, hacer una correcta interpretación de la historia y, muy especialmente, valorar en su mérito a la luz del análisis riguroso.

Sinceramente creo que el anticomunismo aún campea en Chile, en especial en los sectores menos informados, con comentarios que nacen de frases hechas, repetidas infinidad de veces, pero con escaso fundamento histórico, en que las responsabilidades que se le cargan al sector están relacionadas con Cuba, Nicaragua, Venezuela o Corea del Norte, ni siquiera con China, ya que la carga económico que representa el gigante asiático es tremendamente respetada en la derecha chilena.

Si Jeanette Jara se erige como presidenta de Chile sería la primera vez que una candidata comunista accede a la primera magistratura de la nación, pero no la primera vez en que dicho partido forma parte de una alianza de gobierno. En sus más de cien años de historia en Chile, desde Luís Emilio Recabarren o Elías Lafertte, pasando por Pablo Neruda, Volodia Teitelboim o Gladys Marín, el partido ha sido un representante activo de la política chilena, ha levantado candidatura presidenciales dentro del marco democrático, ha sido capaz de formar alianzas y coaliciones y, sí, ha sido parte activa del gobierno en relevantes períodos de la historia de Chile: fue gobierno con Pedro Aguirre Cerda, con Juan Antonio Ríos y Gabriel González Videla. Este último presidente del período radical fue elegido con el voto de, en sus palabras, “Mis compañeros comunistas”, les dio carteras ministeriales, para luego, en el fragor de la Guerra Fría que empezaba a asolar a nuestro continente, terminó  propiciando una ley que los borró de los registros electorales y los persiguió políticamente; también fue gobierno con Salvador Allende, y se comportó de manera democrática, e incluso, más respetuosa del presidente que su misma colectividad, el partido socialista; y por último, fue gobierno en la segunda administración de Michel Bachelet y en la actual administración de Gabriel Boric. ¿En cuál de dichas administraciones se le puede levantar acusaciones por actos antidemocráticos al partido comunista? ¿En qué momento se expresaron más partidarios de soluciones violentas y autoritarias, que de respetar los mecanismos pacíficos propios de una convivencia democrática? ¿Qué elección de la historia de Chile fue manipulada por los comunistas o amañaron de manera burda los resultados electorales?  Hay candidatos de la derecha chilena, que levantan las penas del infierno para los comunistas como antidemocráticos que incluso hoy justifican el golpe de Estado de 1973 y sus terribles consecuencias, que se sintieron triunfadores con el acto electoral que aprobó de manera espuria la Constitución de 1980, que no levantaron ninguna voz con el intento del dictador Pinochet por desconocer los resultados del plebiscito de 1988. Sin ir más lejos, la actual candidata Evelyn Matthei fue la cara femenina de la franja electoral que buscaba posicionar al dictador por 8 años más, el que habría completado 25 años en el poder, que más lejos de una experiencia democrática, al igual que sus dichos sobre la inevitabilidad de los muertos en los primeros años del golpe de Estado.

Por otra parte, parece que la candidata Jeanette Jara no responde a los cánones del candidato comunista que identifica el discurso anticomunista: no se mezcla en la refriega por la refriega, parece tener una tremenda capacidad de aunar voluntades y de generar acuerdos, es simpática y cercana y se le percibe permanentemente feliz y comprometida con su historia personal y familiar. Para el anticomunista, los que se identifican con el sector, son unos amargados, peleados con el mundo, expuesto a la confrontación, todo ello muy alejado de lo que la actual candidata de la centro izquierda proyecta.

Hace algunos días salió una encuesta que habla de que un porcentaje significativo de los chilenos parece estar contento con su situación laboral, con el ambiente de trabajo, con el tiempo en familia, con sus remuneraciones. En muchos de ésos argumentos aparece el perfil de la candidata comunista que, como ministra del trabajo y previsión social, logró acuerdo relevantes que permitieron aprobar la rebaja progresiva de la jornada laboral de 45 a 40 horas (ya va en 43 horas); la que permitió avances históricos en el sueldo mínimo, que se elevará al final de este gobierno a los 539.000 pesos mensuales, lejos de los 350.000 pesos de cuando ella asumió la cartera ministerial; de la tramitación de la ley Karin que genera normas para penalizar el acoso laboral en sus más variadas expresiones; e incluso la reforma al sistema previsional, que a pesar de no dejarla contenta en lo personal, reconoció el valor de lograr el acuerdo que mejorará los niveles de rentas de muchos pensionados.

Parece que la centro derecha sacó desproporcionadas cuentas alegres el pasado 29 de junio y quien dice que el nombre de Jeanette Jara puede aportar a valorar en su mérito la participación política del partido comunista en la Historia de Chile.