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Toño Nieto Güete: De los delitos y las penas a sibarita

Mucho que decir sobre lo que nos acaba de suceder, sobre lo que me acaba de suceder a mí también con la muerte de Antonio Nieto Güette, con una muerte tenida sin duda –sabíamos que estaba bastante enfermo- con esta muerte concreta, esta imagen inimaginable cuyo acontecimiento seguiría ahondando en cada encuentro del conversatorio filosófico. Tu silla quedará vacía. Pero tus aclaraciones todavía retumban en el auditorio.

Alicia su secretaria, me lo comunicó la noche de su deceso. A Toño Nieto lo conocía por conocimiento de referencia que según Bertrand Russel, es el mejor conocimiento, desde que se hizo famoso por sus defensas jurídicas- penales. Barranquillero de nacimiento, (28-de Noviembre- 1941).

Recuerdo que por allá en la década del año l990 del siglo pasado, era uno de los abogados penalistas más exitosos del Caribe colombiano. De padre tolimense y madre San Jacintera, perteneciente a una familia de orientación ideológica liberal radical, de la línea política del poeta sanjuanero Diógenes Arrieta.

Cuando me gané la oposición del concurso docente para dirigir la catedra de “Historia de la filosofía” en la Universidad del Atlántico; y me trasladé de Bogotá a Barranquilla, me lo presentó Simón Lora Olivera, un primo que trabajó como mayordomo en las fincas del terrateniente Carlos Güette, tío de Toño, en San Jacinto durante veinte años. Cuando llevó a mi primo en su carro- Pegout GOD 225 color tangerino metálico a la puerta de mi casa en el barrio San José; Toño se bajó y le abrió con mucha amabilidad la puerta para que se bajara y me lo presentó. Salí a recibir a mí primo, le estreché sus manos huesudas de color blancas y de una entramos en un dialogo que vino a terminar la noche del aciago lunes 10 de marzo pasado.

Antonio Nieto Güete (con diéresis como decía él), estudió su primaria y bachillerato con los sacerdotes de los colegios San José y Biffi. Es decir, su educación media estuvo orientada bajo la fe cristiana.

Me contaba que cuando estaba estudiando su bachillerato esperaba con ansiedad para írselas a pasar a San Jacinto (Bolívar), donde la familia Güette, que eran de una orientación política liberal radical de la línea Benjamín Herrera, José María Vargas Vila y Diógenes Arrieta.

Sus tíos Carlos Güette y el abogado Ismael, lo orientaron para que al terminar su bachillerato  se marchara a estudiar a Bogotá en la  Universidad Libre que fundó  Don Benjamín Herrera.

Todos los años salía raudo del colegio, para irse donde sus tíos y vacacionar lo mas de bueno. Allí, en la casa Güette- Vásquez conoció a los juglares que estaban de moda como Pacho Rada, Abel Antonio Villa. Luis Enrique Martínez, Andrés Landero. Toño Fernández y a los otros gaiteros. Con ellos aprendió a ejecutar la gaita hembra. Era el único abogado del mundo que hacía sonar la chuana hembra.

Me contaba que una vez su tío Ismael, lo llevó al mercado del pueblo, 4:00 a.m. a comprar la carne de la semana y cuando iban desembocando a la plaza central del pueblo escuchaban el Ave María de Schubert que el sacerdote de la época lo sonaba en la victrola que conectaba a la bocina para que se escuchara en toda la población. Toño escuchaba alarmado: aaa Ave Maríaaaa Aveeee Mariaaa y le preguntaba a su tío ¿Quién es esa María? la nueva quería del cura-

Siguió la orientación de sus tíos y realizó todos sus estudios en la U. Libre de Bogotá en la mitad de 1965 al 1970 del siglo pasado.

Tubo como condiscípulos al prestigioso jurista Antonio Caballero Villa, y como profesor a Diego Montaña Cuellar, Diego Luis Córdoba, quien les dictaba latín y derecho romano.

Vivió la tormentosa politización del movimiento estudiantil y los constantes cierres de la U. Libre. En uno de esos cierres, fue tomada por dirigentes del movimiento estudiantil y no dejaban entrar a profesores, estudiantes, trabajadores, hasta que no le solucionaran sus peticiones estudiantiles. En la puerta de entrada ubicaron a los hermanos “Karamazov”; estudiantes gemelos de dos metros y medio de altura, oriundos de Barrancabermeja, bajo la orientación ideológica de la escolástica marxista Rusa y su dirigente era un afro-descendiente que pertenecía al P.C (partido comunista) que había traicionado el movimiento estudiantil.

Las directivas de la Universidad Libre nombraron como rector al Dr. Argemiro Martínez Vega quien estaba dedicado a criar ganado y Toño Nieto me decía que este Dr. entró en diálogo con los hermanos “Karamazov” diciéndoles: -yo estaba tranquilo en finca y las directivas me llamaron y aquí estoy con ustedes, que creo que tienen algunas razones en sus peticiones, pero quiero que sepan que hay una diferencia entre las vacas y ustedes. Ya me dijeron –seguía diciendo el Dr. Argemiro que su dirigente estudiantil lo vieron salir muy orondo de la Embajada Norteamericana, eso quiere decir que ya él entró por el camino de Damasco y ustedes acá matándose por la causa. Quiero decirles también que, soy un hombre que nunca he retrocedido ante nada, solo cuando estoy delante del espejo y eso para verme mejor. Los hermanos “Karamazov” quedaron con dudas infinitas de su dirigente y ese otro día la U. Libre volvió a la normalidad.

Antonio Nieto Güette terminó sus estudios brillantemente y sus primeros trabajos los hizo con el científico de la U. Nacional José de Recacens Siche, ayudándolo en sus investigaciones. Más tarde trabajó con el ejército nacional de Cali como profesional del derecho. Luego fue nombrado juez de instrucción criminal en Barranquilla.

Aquí investigó los casos criminales que estremecieron al Caribe colombiano como “el del sádico del charquito” “el joyero decapitado, el caso de “las Kaled”, el caso del glifosato; también defendiendo a las comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta. Este caso fue expuesto en el IX Congreso de Filosofía del derecho y Filosofía Social, realizado por la Universidad del Atlántico y la disertación le sirvió para que fuera admitido como miembro activo de ASOFIDES (Asociación Colombiana de Filosofía del Derecho y Filosofía Social); de ahí en adelante no falló un congreso más de los que ha realizado ASOFIDES. En el último congreso realizado en la Universidad Nacional de Bogotá, el mes de mayo, en pleno auditorio Camilo Torres de la Facultad de Derecho, le rindió un minuto de silencio como miembro activo.

El Caso Correa de Andrey

Alicia, la eterna secretaria del Dr. Nieto Güette, duró laborando con él 23 años. Se la encontró trabajando en una oficina de traducción y digitación de trabajos escritos frente a la Universidad del Atlántico. Antonio le dio un texto para que se lo pasara en limpio y ella lo pasó como él quería, pulquérrimo y corregido. Se extrañó que alguien le corrigiera y le dijo que se fuera con él a trabajar y le ofreció 400.000 mil pesos, más horas extras. Fue a la casa de Alicia, habló con la familia y comenzó a trabajar. Tenía una secretaria que le trabajara de día y Alicia laboraba de noche en el edificio Fincar oficina 1104 carrera 57 N° 72-25. Y no le duraban trabajando las secretarias, más de dos semanas, porque tenían mala ortografía.

No tenía horario para su trabajo y solo trabajaba cuando tenía inspiración. Leía tres libros al mismo tiempo. No se podía hablar en la oficina. Silencio total, la música de fondo era la Mozart y Beethoven. Si llegaba a las 6:00 p.m. o al medio día, no se podía interrumpir.

Estudiaba los casos de manera apasionada, se reunía con sus asesores de día o de noche. Si el caso era de muerte, lo hacía con el médico. Cuando eran de tierra con Ingenieros y con Contadores; cuando era de hurto, dictaba, leía y volvía a dictar. Dictaba en voz alta como si estuviera en audiencia, podía dictar seis horas de seguido, releía, corregía. Llamaba a sus asesores sobre el mismo tema con diferentes personas de igual profesión.

Discutía, porque era perfeccionista, para él era excelente el escrito o no servía. Dejaba un concepto escrito en la noche y lo cambiaba al día siguiente.

Era uno de los juristas asiduo de las librerías. Siempre nos encontrábamos los sábados en la librería nacional y compraba libros que leía y le hacía notas al margen con colores diferentes.

Alguna vez le pregunté el ¿por qué los abogados no visitan las librerías, sino los centros comerciales? Y me respondió rotundamente: es que son leguleyos, ignorantes que enredan

los pleitos y lo confunden todo. Son pica-pleiteros. Ni siquiera llegan a técnicos jurídicos. Releía todos los días el código penal, jurisprudencia y autores reconocidos de acuerdo al tema que estaba investigando.

En sus escritos penales siempre escribía una parte de semiótica y de filosofía. Se apoyaba en libros que jamás se podían mover. Siempre estaba abierto en su escritorio el libro de Nelson Barros, Argumentos Forenses.

En su oficina no se podía mover un papel o un libro, si no lo autorizaba. Llegaba a su oficina y sabía donde estaban las cosas, aún sin luz sabia donde estaban las llaves del carro y la de las oficinas que siempre se le extraviaban.

En la música popular admiraba como mejor cantante del estilo vallenato a Diomedes Díaz en su interpretación: 'El culpable fui yo', de autoría de Efrén Calderón. También le gustaba escuchar rancheras como 'La venia bendita' y se reía a carcajadas con la ranchera 'Martina'.

Si llegaba tarde a la oficina decía que se había levantado tarde o tenía pingarria. Trabajaba semana santa, día de fiesta, carnavales, navidad y si estaba inspirado, no conocía ni hora ni fecha en el calendario.

Compraba resmas de papel Kimberly blanco puro 120 gramos para sus escritos. No le tenía apego a la plata ni a nada. Cada vez que ganaba un pleito, le enviaba ofrendas a una congregación humilde del barrio Los Olivos.

Cuando detuvieron al profesor investigador Alfredo Correa de Andrey, no lo creía. El cachaco Correa, primo de Alfredo le dijo: Toño detuvieron a mi primo, para que vayas a asistirlo al DAS, jamás pensó que fuera por rebelión, ese día dice –Alicia su secretaria- estaban laborando de corrido sin almorzar. Enseguida hizo el poder y otro escrito; solicitando copias del proceso ajustado a la ley. Imprime lo que te dicté que regresó enseguida y lo hizo preocupado, porque no le recibieron los escritos.

Se fueron a almorzar al restaurante El Merendero como a las 6:30 p.m. revisaba una y otra vez lo dictado, hasta que lo llamó su amigo el cachaco Correa y le informó que había llegado a la ciudad una comisión del DAS de Cartagena. De una salió raudo para las oficinas del DAS y desde allí llamó a su secretaria Alicia; y le dijo: vente en taxi al DAS, y ahí empezó un trajín de día y noche.

Cuando Alfredo estaba detenido, Nieto Güette, le decía que siguiera sus investigaciones y proyectos desde la cárcel como lo hacía Antonio Gramsci que de lo jurídico se encargaba él.

El jurista Nieto, era veloz, siempre daba un paso adelante, esperaba situaciones así para tener respuestas y estrategias. Solicitó un personero delegado; dio instrucciones precisas y concretas en la inspección y en la casa del profesor Alfredo Correa ordenó que se fueran todos los familiares en caravana atrás del carro del DAS y surgió que siempre estuviera vigilado día y noche.

Nieto Güette le solicitó al director del DAS de Cartagena el Dr. Rómulo que no se llevaran al profesor para la cárcel de Ternera, porque, lo iban a matar. El Dr. Rómulo se  sonrió como incrédulo y le aseguró que lo dejaría dos días en el DAS, mientras la fiscalía le daba las copias y le aceptaba el poder que ni él ni Vence Zabaleta le recibieron. Iba a la fiscalía de Cartagena en la madrugada a llevar escritos y decía en voz alta:

¿Dónde está Demóstenes, es la misma hora que detuvo a mi cliente? Jamás lo encontró. Una semana antes que asesinaran al profesor Correa, Nieto Gúette y su secretaria Alicia, lo visitaron a su morada para decirle, advertirle que se fuera un tiempo de la ciudad porque intuía que después de tanto ajetreo judicial, que lo iban a asesinar. No le creyó al jurista… y así fue. Lo liquidaron. Crimen que repudió y repudia la nación entera.

Asesinar a la inteligencia de la nación es acabar con la esperanza de un pueblo.

La muerte

El lunes 10 de abril a las 11:30 p.m. se marchó el espíritu del jurista, amigo Antonio Nieto Güette. Murió como no tenía que morir. En una clínica. Me había comentado alguna vez en uno de esos almuerzos que hacíamos con el lógico investigador Nelson Barros Cantillo, que le gustaría morir en su casa a la orilla del mar de Salgar, observando el atardecer con mirada hacia el infinito. Pero no fue así.

Alicia, su inseparable compañera de trabajo que lo acompañó hasta la hora de su partida, me hizo una fenomenología así:

El 6 de marzo de 2017 festejó el cumpleaños del finado Armando Benedetti Jimeno, con música en vivo, y se le notaba una felicidad única.

El viernes 7 de marzo cuando llegué a las 6:30 a.m. lo encontré enguayabado y sus amigos se comunicaron conmigo y me aconsejaban que llegara temprano. Acuérdate Ali, que ayer fue día de tertulia. Estaba feliz, hasta que le recordé que tenía la cita con el internista de Coomeva a las 4:00 p.m. le manifestó al internista que sentía escalofrío. El medico lo vio estable y dijo que está mejor que tú y que yo. Llegó a la casa con escalofrío y me pidió el favor que lo acompañase. Me quedé a dormir en un mecedor dándole agua de panela con limón, que fue lo que le formuló el médico.

El sábado superó el escalofrío y ganas de vomitar. Me dijo que le recargara los teléfonos y regresé a mi casa.

El domingo regresé a su casa como a las 11:30 a.m. y le tome la presión y comenzó a escribir y como a las 2:00 p.m. me fui a mi casa. El lunes 10 de marzo de 2017 amaneció y me llamó diciéndome, Ali vente que he amanecido bastante apretado, para que me acompañes a colocarme el oxígeno. Leyó la prensa, desayunó y almorzó, se acostó para hacer su siesta y su hermana le insistió: tienes que ponerte el oxígeno para que descanses. – eche que aire ni que nada. Dijo-.

Toño son las 4:00 p.m. vez; y al fin a las 5:30 p.m. lo llevé a la clínica de la Asunción y lo dejé en la sala de recuperación. De ahí no lo vi más. Los médicos dijeron que había fallecido. Habíamos quedado que almorzaríamos con el profesor Nelson Barros, para argumentar sobre los orígenes de los hegelianos de izquierda y derecha y sus críticas al poder político religioso. Pero no llegó.