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Se inicia el proceso constituyente en Chile

Es una fecha emblemática para la Historia de Chile, el 4 de julio del 2021, se viviría la instalación de la primera Convención Constituyente, elegida democráticamente, con identidad de género y con escaños reservados para los pueblos originarios. Un 4 de julio, de 1811, en instancias muy distintas, se iniciaba para muchos el primer acto verdaderamente republicano de nuestras Historia, se instalaba el Primer Congreso Nacional, con setenta y tres miembros, representantes de los veinticinco partidos en que estaba  dividido el territorio, eligiendo entre “los ciudadanos más notables”. 

La fecha no era casual, se celebraba la Independencia de Estados Unidos que fue uno de los factores que incidió en el discurso de los “notables” que convocaron a uno de los eventos que resulta ser emblemático en el proceso de independencia de casi toda Hispanoamérica. Hay doscientos años de diferencia entre un evento y otro, pero más allá de todas las diferencias, se elevan como verdaderas coyunturas de la Historia de Chile, que marcó y, para el caso actual, marcarán en gran medida los derroteros de este país.

La antesala al acontecimiento estuvo rodeada de muchas incertidumbres, que nacen sin duda de la originalidad de este tipo de institucionalidad. Los ciento cincuenta y cinco constituyentes elegidos en las elecciones del pasado 15 y 16 de mayo, no tenían más certezas que los simples ciudadanos que nos mantenemos interesados y buscamos informarnos del proceso. Las dudas iban de elementos tan relevantes de cómo se instalaría la convención, cómo elegirían la mesa que la presidiría, cómo se darían la orgánica de funcionamiento, hasta temas de un carácter meramente formal, de no saber cómo se sentarían en el espacio instalado en dependencias del antigua edificio del Congreso Nacional en Santiago.

La Jornada empezó muy temprano en la mañana, el ambiente que se respiraba era de pluralidad y de optimismo, se transversalizaba el discurso de la instancia histórica, de responder a la confianza de la ciudadanía, de construir una nueva carta constitucional que nos integre a todas y todos. 

Elisa Loncon, presidente de la constituyente.

A pesar de la pandemia se autorizaron ritos que buscaban dejar una huella indeleble de la importancia del proceso: los pueblos originarios se reunieron en el cerro Huelén (que en voz nativa significa dolor, desdicha), en una ceremonia ancestral para pedir a la madre naturaleza la inteligencia que acompañe a sus diecisiete convencionales; la famosa Lista del Pueblo se instaló en la Plaza Italia, rebautizada para muchos como la Plaza de la Dignidad, el espacio emblemático de las manifestaciones sociales que se elevan como las causas materiales de este proceso jurídico; los representantes del Partido Socialista se reunieron en la Plaza de la Constitución, a un lado de la estatua de Allende, como un acto emblemático para entroncar la lucha por los derechos sociales y económicos que la figura del ex presidente simboliza; el representante del partido radical, acompañado del presidente del partido, hizo lo propio en el monumento que recuerda al ex presidente Pedro Aguirre Cerda, símbolo de la relevancia de la educación, de una mejora en las condiciones de la ciudadanía producto de un sacrificio compartido y de instalar, por primera vez en la Historia de Chile, en la elección del año de 1938, la lógica actual de la emergencia de los Derechos Humanos y de la democracia compleja; los 37 constituyentes de los partidos de derecha llegaron de manera individual, sin mayores acontecimientos previos y con un discurso que llamaba a tomar acuerdos, para elaborar la mejor constitución posible para el Chile de los próximos treinta o cuarenta años, pero claramente desmarcados de la lógica obstruccionista de lo que representó para el sector la lucha por el famoso tercio que les aseguraba el veto. 

Lejos de los cincuenta y dos constituyentes, el sector parece haber recibido un baño de realismo político y, como muchas otras veces en la Historia de Chile, después de una postura opositora, se termina subiendo, más por la fuerza de los hechos que por las propias convicciones, a un proceso que la mayoría de los chilenos vienen pidiendo a través de los más variados mecanismos hace al menos quince años; también, de manera silenciosa, llegó el único candidato del Partido Demócrata Cristiano, hasta hace poco el sector de mayor arrastre electoral en Chile. Esta narración nos permitiría muchos comentarios, me conformaré con uno, Chile se mueve entre la novedad y la tradición, en Historia llamaríamos entre el cambio y la continuidad.

Uno de las características más relevantes y poco informadas de este proceso, tiene relación con la distancia que han tomado los poderes del Estado con respecto al evento. No sé si ellos se han desmarcado para no afectar la independencia del proceso o porque saben claramente que no son bienvenidos, ya que lo que caracteriza a un sector muy mayoritario de los constituyentes elegidos es que sienten la debilidad de una institucionalidad que no ha dado el ancho y que no ha sido proactiva para con los problemas más urgentes de vastos sectores de la sociedad chilena, situación que puede extenderse a la mayoría de los partidos políticos más tradicionales en los últimos de los últimos cuarenta años de la Historia de Chile.

El acto que tomaría juramento, promesa o aceptación a los ciento cincuenta y cinco constituyentes, debía iniciarse a las 10:00 de la mañana. Los actos y las marchas asociadas a cada uno de ellos retrasaron en más de media hora el evento, pero a las 12:06 horas (momento en el que estoy escribiendo) dicho evento aún no se ha materializado. A eso de las 11:00 horas, se interrumpió la ceremonia ya que representantes de la Lista del Pueblo al que se sumaron posteriormente constituyentes del pacto entre el Partido Comunista y del Frente Amplio, solicitaron a la relatora designada por el gobierno, no continuar con la ceremonia producto de actos de represión que la policía desarrollaba contra los manifestantes que se encontraban en las cercanías de la sede de Gobierno y salieron a constatar los hechos, apoyar a los manifestantes y enarbolaron el discurso de que el nuevo Chile no puede nacer de un acto empañado por dichos sucesos. Lo que hasta este momento no queda clara tiene relación con la gravedad de la situación, de cómo se iniciaron los acontecimientos y las respectivas responsabilidades que de ellos se generen.

El acto vivenciado puede tener más de una lectura, para muchos es un acto lamentable que afectará de inicio la credibilidad del proceso y que proyecta lo que nadie quiere, que existan posturas extremistas que no favorezca el diálogo y los acuerdos; para otros es una muestra correcta del Chile que se quiere construir, donde la libertad de manifestarse, un derecho humano por lo demás, no sea reprimido por la fuerzas de orden que han sido responsables de muchas de las violaciones en dicha materia desde el inicio del estallido social. Entre dichos extremos podemos encontrar todos los colores del arcoíris.

Después de un momento en que pareció que el acto se suspendía, logró reiniciarse, recién a las 12:41 horas. La secretaria del Tribunal Calificador de Elecciones leyó el nombre de cada uno de los constituyentes reconocidos como tal por el organismo. Una vez terminado se procedió a tomar aceptación del cargo de manera colectiva. Más de algunos vítores acompañaron el nombramiento de algunos de los constituyentes, en especial los representantes de los pueblos originarios. Al finalizar un momento de algarabía, al estilo de las manifestaciones callejeras, en que a coro se cantó: “ Y va a caer, y va a caer, la Constitución de Pinochet”.

A eso de las 13:15 horas se inició el proceso por medio del cual se debe elegir la mesa que dirigirá las sesiones de la convención. El proceso demanda elecciones sucesivas hasta que uno de los miembros logre los 87 votos, con lo cual alcanzaría la mayoría absoluta establecida en las escaza reglamentación. Este tema no ha estado exento de conflicto, hay algunos que creen en una mesa acotada a una presidencia y una vicepresidencia, mientras que otros convencionales han abierto la puerta de ampliar la mesa hasta siete integrantes que permita proyectar de mejor manera la pluralidad presente en la convención. Esta situación se resolvió más temprano de lo que se esperaba, en la segunda votación, Elisa Loncón, mujer representante de los pueblos ancestrales, lograba 97 votos, una excelente votación, a penas a siete votos de los dos tercios necesarios para, en el futuro, aprobar los articulados de la nueva constitución. La derecha no superó, en ninguna de las lecciones, incluyendo la vicepresidencia que terminó en manos del abogado constitucionalista Jaime Bassa (asociado al Frente Amplio), los treinta y cinco votos, más allá de una votación de cuerpo, muy marginal en términos de establecer y tomar acuerdos en el proceso constituyente. La derecha deberá replantearse sus objetivos y su actuación en el proceso, ya que con dicha representación y el actuar de los demás sectores de centro izquierda, su rol “no pesa ni corta”

Lo que me resulta interesante destacar es que el proceso constituyente se desarrollará casi en forma paralela a procesos electorales muy importantes para el futuro de Chile, como son las elecciones de Presidente de la República y la de los parlamentarios. La pregunta es cómo chorreará cada una de ellas en las otras. Ya hemos visto que el proceso electoral constituyente se proyectó con mucha fuerza en las elecciones de Gobernadores Regionales, Alcaldes y Concejales entre mayo y junio pasado. Creo sinceramente que la constante se mantendrá y será muy interesante advertir la relevancia de este proceso. Vale destacar que el proceso Constituyente que hoy se inicia debe extenderse en un plazo de entre  nueve a doce meses, es decir, en el mejor de los casos, su labor debería concluir en marzo del año 2022, fecha similar en que deberían asumir el nuevo jefe de gobierno y el nuevo Congreso Nacional.

Para darle continuidad a la temática anterior podemos tomar un par de ejemplos: las primarias electorales para Presidente de la República de la centroderecha ha asumido el guante en materias muy claras demandadas por los movimientos sociales que inspiran el proceso constituyente, en todos ellos parece que la línea que separa las responsabilidades del mercado y del Estado en materias de derechos sociales se ha corrido claramente hacia este último y el rol subsidiario del mismo parece más que fenecido;  en segundo término, la Lista del Pueblo, amparada en el positivo resultado en las convencionales constituyentes, ha explicitado que levantarán sus propias candidaturas a parlamentarios y que puede también llevar un candidato presidencial.

Los temas más relevantes que se tomarán la agenda de la Convención Constituyente son muy variados, entre lo que logramos advertir producto de lo que han expresado muchos de sus integrantes: el tema de la descentralización, la ideología de género, la instalación de los derechos sociales y económicos como responsabilidad preferente del Estado, la forma de gobierno a través de un sistema semipresidencial o al menos un presidencialismo atenuado, las reivindicaciones de los pueblos originarios, parecen las temáticas más que visibles. Sin duda que la discusión, durante al menos 9 meses, las temáticas se multiplicarán, más aun teniendo en cuenta que el proceso busca incorporar de manera permanente discusiones ciudadanas y emisiones en vivo de las sesiones de trabajo de los constituyentes.

Esperemos que los imprevistos vividos en la instalación de la constituyente no empañen un proceso que demanda legitimidad y que aporte a la construcción de un Chile que, por primera vez en su Historia permita una construcción mayoritaria, no elitista, discriminadora e ilegítima como ha sido la tónica de nuestro pasado histórico. Esperamos que “los 155 se encuentren bien en el Congreso en Santiago” generando una nueva institucionalidad que recoja el sentir popular,  que genere una institucionalidad legitimada y que nos permita una convivencia democrática sobre la base de una ética cívica compartida.