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Rubén Darío: cien años

La historia literaria ha demostrado que a cada escritor se le reconoce por un cuento, por una novela o por un poema o libro de poemas, dicha relevancia literaria es lo que los hace famosos e importantes dentro de las letras. Por ejemplo, Juan Rulfo publicó dos textos: El llano en llamas, libro de cuentos. Y Pedro Páramo, novela. No escribió más. Con eso bastó para ser reconocido internacionalmente, para qué más. O Pablo Neruda, cómo no recordarlo con su libro: Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Yo pienso que, en el fondo, somos autores de una sola obra,  la que nos eleva al cielo o la que nos estrella contra la tierra, como lo expresó en su discurso la premio nobel de literatura, 2016, la periodista Svetlana Alexiévich: “He escrito cinco libros, pero siento que todos son uno solo, un libro sobre la historia de una utopía…”

De tal manera que cuando una persona  me nombra a Rubén Darío, lo primero que se me viene a la memoria es su nombre de pila: Félix Rubén García Sarmiento y, después, él optó por el seudónimo de Rubén Darío que es el nombre con el cual se le ha conocido mundialmente. Luego, afloran sus poemas –incluso que en alguna etapa de mi vida me aprendí de memoria-  poemas que lo identifican con plenitud, por ejemplo:

Marcha triunfal

 ¡Ya viene el cortejo!¡Ya viene el cortejo!

Ya se oyen los claros clarines.

La espada se anuncia con vivo reflejo;

ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.

 Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes,

los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas,…

¡Tal pasan los fieros guerreros

debajo los arcos triunfales!

                               O este otro poema con sello rubendariano:

Yo soy aquel que ayer no más decía

Yo soy aquel que ayer no más decía

el verso azul y la canción profana,

en cuya noche un ruiseñor había

que era alondra de luz por la mañana.

 El dueño fui de mi jardín de sueño,

lleno de rosas y de cisnes vagos;…

 Es cierto que un escritor o poeta cuando escribe deja la sangre en la página como el toro también la deja en la arena, con el propósito de que sus textos sean firmes, vuelen y sobresalgan. Así ocurrió con Rubén Darío sus poemas se hicieron tan famosos que las gentes los declamaban en encantados salones o en sitios en los que la poesía era la invitada. ¡Cómo no recordar A Margarita Debayle!

Margarita, está linda la mar,

y el viento

lleva esencia sutil de azahar;

yo siento

en el alma una alondra cantar:

tu acento.

Margarita, te voy a contar…

Sonatina

La princesa está triste... ¿qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa,

que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

La princesa está pálida en su silla de oro,

está mudo el teclado de su clave sonoro;

 De acuerdo con los biógrafos, Rubén Darío desde temprana edad ya andaba jugueteando con la poesía. A los 14 años se trasladó a Managua donde trabajó como secretario en la Biblioteca Nacional. Por entonces, ya era reconocido como el “poeta-niño”. Se hospedó en casa del doctor Modesto Barrios, quien le acompañó a fiestas y tertulias literarias. En 1882, a los 15 años, se enamoró de Rosario Emelina Murillo, con la que pretendió casarse. Amigos y familiares para evitar el matrimonio le embarcaron para El Salvador. A los 19 años, irrumpió en el ámbito literario. Viajó a Santiago de Chile, donde publicó su primer gran título: Azul, libro que llamó la atención de la crítica.

En el año 1892 viajó a España como representante del Gobierno nicaragüense para asistir a los actos de celebración del IV Centenario del descubrimiento de América. En 1898 regresa a España como corresponsal y alterna su residencia entre París y Madrid, donde en 1900, conoce a Francisca Sánchez, mujer de origen campesino con la que se casó por lo civil y tuvo cuatro hijos, de los cuales sólo uno sobrevivirá, Rubén Darío Sánchez, "Guincho". Con ella convivió hasta casi el final de sus días. Rubén la llevó a París donde le presentó a sus amigos. Francisca era analfabeta cuando conoció a Darío (Amado Nervo, Manuel Machado y su cónyuge la enseñaron a leer). Viajó de un lugar a otro sin poder presentarla en actos oficiales como su esposa, pues estaba por resolverse el divorcio con Rosario. Convertido en poeta de éxito en Europa y América, es nombrado representante diplomático de Nicaragua en Madrid en 1907. Sus primeros poemas son una mezcla de tradicionalismo y romanticismo; Abrojos (1887) y Canto épico a las glorias de Chile (1888). Este mismo año publica Azul (1888, revisado en 1890), dividido en cuatro partes: 'Primaveral', 'Estival', 'Autumnal' e 'Invernal'. A este libro debe que sea considerado como el creador del modernismo y prestantes escritores como Ramón María del Valle-Inclán, entre otros, le reconocieron como el creador e instaurador de una nueva época en la poesía en lengua española. En 1915 publica La vida de Rubén Darío, año en que regresó a a América. Enfermo en la capital de Guatemala, llegó Rosario Emelina para acompañarlo de regreso a su país, donde se dice que le atendió desde el 4 de julio de 1915, al 6 de febrero de 1916, fecha en la que Rubén Darío falleció en León.