“Puya el burro, pué.”
Dentro de poquísimos años, la frase anterior no se podrá emplear porque de acuerdo con las noticias, las crónicas y los rumores que corren por debajo como ríos subterráneos, señalan que esta especie animal va en vías de extinción como suele ocurrir igual que otras especies y, desgraciadamente, de la mano del mismo depredador: el hombre
Por largo tiempo, el burro ha sido y sigue siendo en algunas regiones del país, el transporte por excelencia de los campesinos. Justamente mi abuelo me contaba que, muchos años atrás, para poder transportar a Barranquilla las cargas de yuca, maíz, millo, lo hacían a lomo de burro, viajando casi toda la noche por caminos de herradura y bajo aguaceros torrenciales.
Cómo no recordar también la manera en que se aligeraba el paso del animal: jalándole los pelos o puyándolo con un palo de roble en forma de gancho. De ahí, tal vez, venga la frase “Puya el burro, pué”, o sea, apúrate, arranca. Enumerar la utilidad del animal a través de la historia sería una lista infinita. Nuestros labriegos aprecian mucho a este animal de carga. Sigue siendo su principal medio de transporte. Nunca le faltan sus mazos de hierba verde. Agua en baldes o a orilla de un jagüey, por la mañana se le baña y duerme bajo unas hermosas caballerizas en las que descansa para que tenga fuerzas para el trabajo del día siguiente.
No se puede desconocer la larga historia del burro en el mundo: En la Biblia, se encuentran dos historias relacionadas con este animal: la primera, cuando ocurre el fatídico momento en el que Caín mató a Abel con una quijada de burro. La segunda historia tiene que ver con Sansón y los Filisteos cuando con una quijada de burro, Sansón alargó su mano, la cogió y mató con ella a mil hombres.
En la edad Media, hacemos referencia a la Misa del Asno o “La fiesta del asno, cristiana medieval observada el 14 de enero que celebraba la Huida a Egipto. Se celebraba principalmente en Francia, como consecuencia de la Fiesta de los Locos, festejando las historias relacionadas con burros en la Biblia. Se dice que una muchacha con un niño sobre un burro eran llevados por la ciudad hasta la iglesia, donde el burro permanecía junto al altar durante el sermón, y la congregación «rebuznaba» sus respuestas al falso sacerdote que oficiaba aquel día. Después del falso oficio, se empezaba una procesión por el pueblo donde se hacía guerra de excrementos.(Extraído de: https://es.wikipedia.org/wiki/Fiesta_del_asno)
En Egipto, “En este momento, el burro parece haberse convertido en una parte esencial de la vida diaria, sobre todo como animal de carga. Y no sólo transportaba mercancías, también podían llevar entre dos un palanquín destinado a las clases más pudientes. Aparte de ser bestia de carga, los burros fueron muy utilizados como pisoteadores de grano, en lugar de utilizar a los tradicionales bueyes. Por su parte, aunque algunos investigadores opinan que la carne de burro no era consumida, nos hemos encontrado con algunas escenas de caza en donde el asno salvaje es cazado. Es decir, luego se serviría en la mesa.”
En la literatura también se le ha cantado a este animal, desde la pluma de Juan Ramón Jiménez –poeta español- con su Platero y yo: “Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro” hasta nuestro bardo costeño Raúl Gómez Jattin quien le dedicó un poema a la fidelidad de las hembras del burro: “TE QUIERO BURRITA/ Porque no hablas/ni te quejas/ni pides plata/ni lloras/ni me quitas un lugar en la hamaca/ni te enterneces/ni suspiras cuando me vengo…”
En el Festival del Burro en San Antero, Córdoba, es un animal al que se le rinde homenaje en San Antero, un municipio ubicado 80 km al norte de Montería. Este se lleva a cabo en esta población durante Semana Santa, se refleja la alegría de los habitantes del Caribe, que disfrazan a los burros y participan en danzas y comparsas. Toda la fiesta es una especie de carnavalización en la que disfrazan a los burros para burlar o ridiculizar personajes o hechos del momento.
Todos esos eventos son positivos, sin embargo, de acuerdo con comentarios de un habitante de Candelaria, sur del Atlántico, aparecieron ocho animales muertos, sin la piel. En la guajira, Algimiro Montiel, publica una crónica en la que se denuncia la matanza a los burros para robarles la piel: “Unos van, otros llegan, no importa la hora, bien sea de madrugada, a plena luz del día, es todo igual para los mozos que van rondando la zona en motos y son los que comercializan la piel de burros, un nuevo “modus operandi” que se desató desde el año pasado, cuando se reportaron las primeras denuncias a través de las redes sociales sobre este crimen bestial. De acuerdo con testigos, hay en la zona compradores de las pieles que pagan hasta 200 mil pesos por cada una y esto ha sido lo que lleva a las matanzas de los jumentos…
“Llegamos en una comunidad llamada Araliatu’u en casa de uno de los compradores de piel de burros, nos mostró alrededor de 200 pieles frescas, estaban bien doblados dentro de una caja de anime. “Yo los compro a 120 mil pesos, lo salo y lo seco y de ahí los envío para Maicao, lo vendo por 350 mil pesos, a veces la policía molesta pero le damos su tajada”, dijo el informante, quien no quiso identificarse por temor a represalias.”
En otra crónica titulada: “¡LOS BURROS EN PELIGRO DE EXTINCION EN LA GUAJIRA!, Hilario Chacín describe la misma tragedia: “Llegué a ordeñar a las cuatro de la mañana, cuando ya había terminado, mi hermano ensilla el burro para cargar la leche y él me dijo que notaba algo extraño en los burros, porque no habían hecho ningún ruido; cuando fuimos a buscarlos vimos que habían partido el alambrado para sacarlos, a mí me sacaron dos y a unos paisanos se le llevaron dos también”, dijo el campesino. Dos días después del robo encontró a sus dos équidos muertos y despellejados en un potrero, situación que a don José no lo asombró porque en Patillal, La Mina y otras poblaciones del sur de La Guajira es frecuente este tipo de hallazgos.
“Parece que el narcotráfico lo utiliza para evadir los olores de los controles que se hacen. También dicen que lo exportan a China para medicamentos contra el envejecimiento, las defensas del organismo, calzado y accesorios en cuero, parece que el burro les da un buen resultado, en cuanto a sus experimentos”, manifestó el teniente coronel Herbert Augusto Blanco Ruiz, comandante del Batallón de Ingenieros No 10 Manuel Murillo González en Valledupar.
En una entrevista al periódico EL HERALDO, el presidente de la Sociedad Protectora de Animales de Sucre, Mufith Salaimán Fayad, lanzó la alerta porque en los departamentos de la costa Caribe son cada vez más frecuentes los casos en los que aparecen muertos y desollados los burros que son utilizados para las labores del campo. “Entre las teorías que toman fuerza sobre el uso de la piel, tiene que ver con su elevado valor en China, donde al parecer es aprovechada para elaborar el Ejiao, un medicamento tradicional utilizado como el Ginseng, y al que se le atribuye la propiedad de fortalecer la sangre de las mujeres luego del parto”.
Cualquiera que sea el propósito, este no es el mejor camino ni la manera de ganarse un dinero. Esa actitud despiadada contra los animales tiene sus raíces en el afán desmedido, voraz, de atesorar riqueza. No importan los medios, de acuerdo con el principio maquiavélico, sino el fin. El sistema capitalista es como el rey Midas que todo lo que toca lo convierte en negocio y como la ambición humana no tiene límites, juntando estas dos acciones los resultados, para estos casos, son trágicos, demoledores. No se pueden justificar estas matanzas de animales y menos que lo hagan con los seres humanos cuando trafican o comercian con los órganos.
Ante estos hechos brutales, la realidad resulta estrecha, diminuta frente a la imaginación maquiavélica del ser humano.
Junio 1 de 2017
Santa Marta, cerca del mar.