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Primarias presidenciales en Chile

La madre de las elecciones, para los países latinoamericanos de marcada tendencia presidencialista, se empieza a vivir en Chile con el anticipo que genera el recurso electoral de las primarias. No es una experiencia de muy larga data en el país, muy por el contrario, no supera, como experiencia política, los 30 años, ya que la primera de ellas se verificó en el año de 1993, cuando los ex presidentes de Chile Ricardo Lagos y Eduardo Frei se enfrentaron, con triunfo para este último.

Desde la ley que estableció el financiamiento público todos los actos electorales empezaron a ser más reguladas por la autoridad política y se establecen algunas condiciones para su adecuado desarrollo. La que se verificó este domingo 29 de junio presenta una singularidad, sólo hay un sector político que logró instalar esta posibilidad que democratiza la toma de decisiones y no deja en manos de las cúpulas políticas la determinación de su candidato. Es la centro izquierda chilena la que lo ha logrado, mientras que la derecha chilena se mostró incapaz de ponerse de acuerdo y esperarán a que la misma elección de noviembre, en su primera vuelta, se eleve como el mecanismo que va a definir las posibilidades dentro de los 4 candidatos que le representan: Evelyn Matthei, José Antonio Kast, Johannes Kayser y Francesca Muñoz.

No son pocas las cuestiones que se han debatido al respecto y que han generado todo tipo de comentarios para todos los sectores políticos comprometidos, muchos de ellos parecen nacer más bien de especulaciones, que sólo sabremos si se materializan con el proceso concluido, es decir, con la elección del nuevo presidente de Chile.

La centro izquierda levanta la bandera del valor del acuerdo, ha diferencia de la actual oposición al presidente Boric, fueron capaces de inscribir a sus candidatos en el servicio electoral (Servel), realizar debates para definir sus similitudes y diferencias, que se vieron beneficiados por la cobertura periodística y también por la franja electoral televisiva que la ley entrega en estas circunstancias.

Para muchos, las complicaciones pueden expresarse en términos del nivel del debate durante las primarias, los mecanismos que utilizaron para diferenciarse y las consecuencias que genere para el vencedor la actitud de los caídos, es decir, si serán capaces de respetar los acuerdos y ponerse todos ellos detrás de la figura electa. Hasta hoy, Carolina Tohá, Jeanette Jara, Gonzalo Winter y Jaime Mulet han dado muestra de ello. Los que pronostican malos augurios dicen que no sería extraño que alguno de los sectores perdedores levantara una especie de candidatura encubierta en los próximos meses.

La derecha ha estado más complicada, tal como lo expresé en una columna anterior, a diferencia de la izquierda, el sector vive una clara radicalización. Matthei, la candidata más cercana a propuestas moderadas se ha visto espoloneada por los sectores más polarizados y ha perdido terreno según lo expresan las encuestas. Ella misma se ha visto en la obligación de caer en la línea de ese discurso, de asumir posiciones más extremas, y que refleja formas de liderazgo que se parecen mucho a figuras que no tienen un perfil de defensa y protección de la democracia, al estilo de Bolsonaro en Brasil, Bukele en El Salvador, Milei en Argentina y, muy especialmente, Donald Trump en Estados Unidos.

La problemática que se había planteado para esta elección tiene relación con la posibilidad de que sectores de derecha no inscritos en alguno de los partidos políticos del sector, e incluso la actuación de los adherentes de la Democracia Cristiana, también sin representación en las primarias, puedan participar del acto  de la centro izquierda, desvirtuando los resultados de la elección hacia el o la candidata que sea más favorable para que el sector, especialmente de derecha,  pueda quedarse con la primera magistratura de la nación. En Chile, la militancia en los partidos políticos roza el 15% del padrón electoral, lo que dejaba a un amplio electorado independiente de derecha la posibilidad de participar en una primaria en que su sector no está representado.

En las primarias de 2021, en que los tres conglomerados políticos más poderosos presentaron candidatos, convocaron a cerca de 3 millones doscientas mil personas, en esta primaria el total de votantes que concurrieron voluntariamente a las urnas es levemente superior al millón doscientos mil, de un padrón electoral que está por encima de los 15 millones de ciudadanos.

De acuerdo con los resultados del Servel, la candidata del partido Comunista, del mundo humanista y de la Izquierda Cristiana logra, desde los primeros cómputos, una ventaja aplastante en torno al 60% del total de votos válidamente emitidos y doblando a la candidata del llamado socialismo democrático. Gonzalo Winter, candidato del partido del presidente Gabriel Boric, y, muy especialmente Jaime Mulet, demostraron que no eran competitivos, tal como parecía desde el principio de su postulación.

El total de votos emitidos ya nos ayuda a responder preguntas relevantes. En primero lugar, ¿fueron los independientes de derecha a votar? Al no existir primaria en el sector, la situación se prestaba para que sus independientes pudieran participar y apoyar a quien consideran la candidata ideal del progresismo para las elecciones de noviembre próximo, Jeanette Jara. Los resultados en este aspecto hablan con fuerza, es el voto duro el que se presentó a los locales de votación, e incluso, en las comunas en que la derecha históricamente gana, es decir, las del sector oriente de Santiago, la votación fue aplastante a favor de Carolina Tohá.

En segundo lugar, ¿permitieron las primarias posicionar con fuerza un candidato del oficialismo para noviembre? El resultado de Jeanette Jara es impresionante si lo analizamos desde el porcentaje de votos obtenidos, el problema es que se genera a partir de un universo de votantes muy exiguo. Jeanette Jara bordearía los 800 mil votos, cifra muy baja si pensamos que, con este padrón electoral y con voto obligatorio, lo que nos han dicho las últimas elecciones presidenciales es que sufragan unos 12 millones de personas. La posibilidad de ser competitiva, la candidata del progresismo, para una segunda vuelta electoral, debería aspirar a un 25% de ese votante como mínimo. La brecha entre los 800 mil votos obtenidos y los 4 millones de votos que demanda el 25% de noviembre, parece hoy una tarea titánica.

Siguiendo con las preguntas, ¿Este es el escenario ideal para la derecha y se instala, por primera vez en la historia de Chile la posibilidad que, de haber segunda vuelta en noviembre, los dos candidatos sean de dicho sector?  Sin dudas que la derecha sacará cuentas alegres desde hoy, la baja concurrencia a las urnas y una candidata de un sector más polarizado del progresismo deja mucho espacio en el centro político. Fundamental sería para la derecha tomar decisiones con estos resultados en la mano, que se bajaran dos de las candidaturas del sector, me refiero a Johannes Kayser y a Francesca Muñoz resultaría relevante para aportar a dicho escenario. La dispersión de los votos en la derecha, un empoderamiento de los sectores de izquierda, la demostración clara de unidad de los candidatos derrotados en esta primaria, son los únicos argumentos que tiene la centro izquierda para instalar a Jeanette Jara en una posible segunda vuelta electoral.

Por último, ¿qué pasa con la Democracia Cristiana? Esta es una pregunta difícil de responder, a la luz del comportamiento del electorado en las últimas elecciones han demostrado una jibarización profunda. Recordemos que dicho partido no participó de estas elecciones primarias, pero que sí se permitió expresar su apoyo a Carolina Tohá. Al mismo tiempo parece que las diferencias de las cúpulas políticas del partido con las autoridades del partido Comunista resultan hoy insalvables.

Del análisis anterior se deriva una segunda pregunta, ¿Está la Democracia Cristiana en condiciones de levantar una candidatura presidencial testimonial? Me parece que es la única opción del partido, hacer los esfuerzos por reposicionarse en el escenario político nacional y no dejar a sus adherentes a la deriva y que terminen completamente desarraigados y empiecen a buscar domicilio en otros conglomerados políticos. El problema es que parece no tener una figura potente que pueda convocar voluntades y la estampida de sus figuras más reconocidas, hacia otras colectividades o hacia el mundo independiente, no ayudan mucho al respecto. Lo que sí esta claro es que, para el progresismo, para Jeanette Jara, una candidatura de la Democracia Cristiana pondría más caldo en la sopa, aportaría a una mayor dispersión de votos y disputaría votos de centro que pudieran inclinarse a la candidatura de la derechista Evelyn Matthei.

Veremos que pasa a partir de ahora, importantes cartas están echadas, pero la política, y muy especialmente en Chile, siempre puede dar más de una sorpresa.