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Por el mal menor

El actual director del Partido Liberal, de cuyo nombre no quiero acordarme, oficializó su adhesión a la campaña del Centro Democrático.

Al verlo y al escucharlo, en los canales privados y públicos de la televisión, se me heló el alma. Sentí pena ajena con mis antepasados. Recordé a los grandes liberales como Alfonso López Pumarejo, Rafael Uribe Uribe y los nuestros: Diógenes Arrieta y Clemente Manuel Zabala, que engrandecieron al Partido Liberal de mis tatarabuelos y abuelos, haciéndose asesinar por sus ideales.

El desvergonzado expresidente liberal, sin ningún parpadeo, adhirió a la campaña duquista-uribista, sin impórtale absolutamente nada y pasar por encima de su pueblo liberal. No diría que es un cínico, porque eso es ofender a los grandes pensadores callejeros, que jamás les interesó el poder. Más bien, es una blenorragia terrible que contaminó a su alrededor, y va a seguir contaminando al joven uribista y su combo. 

Este expresidente ha sido capaz de corromper hasta la sal.

Pero De la Calle es lo más decepcionante. Al principio vi su candidatura con simpatía y hasta casi convence a mi madre, que es de afiliación liberal; pero cuando pasaron las elecciones y manifestó su voto en blanco, vi que sus cuatrocientos mil votantes marchaban como las ratas cuando recibían el llamado de nuestro flautista de Hamelín subdesarrollado. Mi madre quedó más desilusionada que un niño cuando lo engañan por primera vez, pero con una esperanza, la cual es que el flautista al fin y al cabo, ahogará a todas las ratas que se le unieron a él.  Es decir, a la nueva alianza del renovado Frente Nacional le caerá la peste bubónica. Por eso el joven Duque tendrá dos alternativas: traiciona al flautista o se hunde con las ratas, pero creo que él no tiene carácter hacer lo primero.  

Madre me preguntó por el candidato profesor de matemática: ¿Y para dónde se fue?

- Votó en blanco. Lo ha manifestado públicamente.

-¡Ñierda! Ahí están pintado algunos matemáticos. Me lo imaginaba. No te quería decir nada, porque después te ofendía. Pero ese profesor cuando hablaba nunca le daba cara a la cámara y volteaba los ojos, parecía que le mandaba un mensaje al flautista subdesarrollado. Porque al votar en blanco es hacerlo por él.

Madre, lo que le sucedió a Fajardo fue lo mismo que le pasó al profesor Antanas Mockus en las elecciones presidenciales anteriores, cuando fue candidato presidencial por los verdes. Son matemáticos. Y creen que la actividad política es como las matemáticas: Seguras. Creen ingenuamente que 2+2=4 en política. Ellos deben saber lo que plantea el autor de la Teoría de la Relatividad: “Cuando las matemáticas se refieren al mundo real son falsas, y cuando son verdaderas se refieren al mundo ideal” (Albert Einstein). Y el profesor Fajardo no se define ni en el mundo ideal. Está ardido y como resentido. Fue indeciso en toda su campaña política, esa aptitud lo perjudicó. Fue tanto su indecisión que optó por el voto en blanco, es decir por el llamado del flautista subdesarrollado. Le tuvo miedo a su caudal electoral. Mató al tigre y le tuvo miedo al cuero. Prefirió ahogarse con las ratas. Y todavía más triste y desalentador fue la aptitud del famoso congresista Robledo, que cuando el país requería por parte de él un gesto de grandeza, prefirió el voto en blanco. Sectario, dogmático, un burgués disfrazado de un pseudo-izquierdismo débil. Más pudo su imbécil pelea con el candidato de la izquierda que su miserable pueblo ansioso de acabar con la santa alianza del nuevo Frente Nacional. También peló el cobre. Y sabemos que los extremos se unen e irá a parar en la laguna de las ratas.

Y al candidato Petro, que no se deje seducir por los cantos de sirenas. Que se amarre al mástil como hizo Ulises, porque está rodeado de las posibles nuevas elites de nuestro país. Recuerde que algunos hoy, que participaron en movimientos así, también se los tragó el canto de las sirenas.

Ya el Partido Liberal lo están velando en la funeraria Gaviria y si usted sale victorioso, como tiene que ser, pasará a nuestra historia como el enterrador del nuevo Frente Nacional. Sea más humilde, porque su autocratismo lo puede llevar a un callejón sin salida. Usted pasará como el político que va a destruir el Estado patrimonial en donde el presupuesto nacional, departamental, municipal y de los institutos descentralizados, son un botín a capturar por la burocracia corrupta que se observa cotidianamente.

Esperemos que está vez el principio de esperanza se realice para las comunidades menos favorecidas de Colombia. Si no, la espada de Damocles nos caerá irremediablemente.