EN VIVO

Atlántico en Noticias

Vea nuestro noticiero aliado Atlántico en Noticias

Comenzo a transmitir hace 3 horas

Share:

Nuestras vidas con el Covid

Es muy difícil imaginarse, a finales del año pasado o comienzos del que termina, la forma intensa  y prolongada con el Covid ha impactado nuestras vidas, nuestra sociedad y nuestras más altas estructuras institucionales. Es muy improbable que alguno haya podido pronosticar estos más de diez meses en que nuestras vidas han sido alteradas de manera profunda y en algunos casos con tendencias que elevan a no más de una añoranza la posibilidad de volver a los detalles, en su momento muy insignificantes para muchos, pero que hoy se estructuran como desafíos de los más complejos que debemos enfrentar.

Alguno de ustedes recuerda ¿cuáles eran las más relevantes demandas sociales por las que luchaba la sociedad civil a fines del año pasado? Sólo aquellas que han impactado aspectos estructurales de nuestra institucionalidad siguen siendo visibles, pero muchas otras se perdieron en función de las necesidades urgentes que ha impuesto la pandemia. En muchos países de América Latina nos podemos preguntar también, ¿en dónde quedaron las propuestas más significativas de los Programas de Gobiernos?, que fueron dramáticamente afectadas por la nueva realidad.

Por lo mismo y, en sintonía con los indicadores de retrocesos en términos de empleo, pobreza, indigencia, vivienda, salud, educación, en fin ¿a qué deben apuntar los programas de gobierno en las futuras propuestas presidenciales, si en muchos casos el retroceso en estos indicadores nos lleva a una situación parecida a unos quince o veinte años atrás? Parece que lo que la situación impone es una tremenda dosis de realismo político, acompañado de verdadero espíritu solidario que eleve a la comunidad a un nivel superior a los intereses individuales que el modelo asocial imperante ha instalado abierta y soterradamente.

Es hora de los acuerdos, las responsabilidades y los compromisos grandes, no los chicos y mezquinos que nos han distanciado, nos han hecho indiferentes de la problemáticas del otro y nos han empujado a un éxito marcado por un materialismo que privilegia visiones exitistas en función de lo que se tiene y no en torno a lo que cada uno de nosotros es y cómo aporta en la sana y crecedora convivencia de una sociedad abierta, pluralista, democrática y sostenible.

Estamos llegando a fines de año, nuestros corazones serán tocados más que nunca por elementos emocionales que hasta ayer no eran valorados. Muchos de nosotros nos daremos cuenta de lo importante que era reunirnos en familia, abrazarnos y besarnos, decirnos al oído cuando nos queremos y lo que les deseamos. Hoy estaremos más solos y distanciados que ayer, no podremos abrazarnos y besarnos, nos conformaremos con la imágenes y el sonido de las plataformas tecnológicas y más de algunos lloraremos a través de la pantalla al ver a una hija o hijo que está lejos, que también están más solos y sintiendo lo mismo que nosotros; a los familiares que pocas veces valoramos sus esfuerzos para hacerse presentes en nuestras vidas y nosotros en las de ellos, entenderemos que ello no sólo era un frío compromiso, era una necesidad imperiosa por humanizarnos en un mundo que nos deshumaniza; a nuestros amigos, con lo que compartimos muchas experiencias cotidianas, que en estas fechas resolvíamos con un abrazo y un beso más de alguna diferencia (que también las echaremos de menos), pero que era la instancia perfecta para hacer el resumen de nuestras interacciones que siempre e inevitablemente llegan a los lugares más comunes, que nutren y dan sentido a nuestra existencia y que anidan los afectos.

Casi todos nosotros albergaremos las más genuinas esperanzas en los avances que las diferentes vacunas están logrando en tiempo, según los especialistas, record para la humanidad. Pero debemos considerar que este gran logro médico se dio por un cambio profundo en el actuar de las farmacéuticas, del mercado y de los Estados.

No fue la carrera de la competencia, fue la de la solidaridad, no se vistió del eterno ropaje de la disputa entre el Estado y el mercado por demostrar cuál es mejor, más solidario o más eficiente, sino que era necesario para volver a aproximarnos a “nuestra añorada normalidad” y que el discurso disruptivo, confrontacional se abriera a una lógica de cooperación y asistencialismo. Nos queda por ver si la humanidad estará a esa altura, si los países ricos mirarán más allá de sus propios ombligos, si la comunidad internacional utiliza esta coyuntura no para declarar el éxito o el fracaso de la política del gobierno de turno con respecto a la apuesta en las vacunas, sino que cómo la prioridades establecidas, muy similares en cada uno de los países, se transforman en prioridades universales y que chorreen también a los países más pobres. Si en todos los países en que llegarán las remesas de vacunas se ha definido que el personal de salud, los adultos mayores y las personas con enfermedades complejas de base deben ser los grupos prioritarios, deberían serlo en todo el mundo.

No encuentro la lógica que un joven sano del primer mundo, que no trabaja en el sistema de salud, que no registra enfermedades complejas sea vacunado antes que un viejo médico tercermundista que ha hecho de su vida un apostolado por la salud de otros y que, a pesar de su deteriorada salud, sigue comprometiendo sus servicios por lo que juró proteger.

Cada uno de nosotros, desde nuestras actitudes, lo que los clásicos llamaban “virtudes éticas” debemos colaborar para avanzar en el reencuentro que tanto anhelamos. Renunciar hoy significa cosechar mañana. Más allá de la masificación de las vacunas, la realidad de la segunda y tercera ola es una amenaza latente, como también lo es la capacidad de mutación del covid 19.

No debemos dejar de usar las mascarillas, el alcohol gel y el lavado de manos; evitar los lugares muy concurridos y mantener el distanciamiento social , no el de los afectos y los compromisos, el físico; no enviar o recibir cosas sin desinfectarlas, no sólo los presentes y regalos, a lo mejor menos necesarios que nunca,  en especial aquellas que involucran a terceros que desarrollan un trabajo fundamental para el buen desenvolvimiento social, como los servicios básicos, medios de comunicación, correos, en fin; no abrazar ni dar la mano a los familiares y amigos, pero concentrar todas las ganas de hacerlo;  no ir a un concierto, un evento deportivo, obra de teatro o cine, hacer de la virtualidad la posibilidad de compartir con los amigos y la familia  y alimentar el deseo por recuperar lo perdido; hacer ejercicio en nuestra casa y con los más cercanos que la práctica del encierro nos demanda; no visitar a parientes mayores de edad o con enfermedades complejas; quedarnos en nuestras casas favoreciendo el autocuidado y el de los demás, en fin reorientar en modo Covid muchas de nuestras más habituales prácticas, pero con la emoción y los sentidos puestos en recuperarlas y para nunca más dejar de valorarlas.

Como decía Aristóteles, la meta de la ética no es saber más ética, sino mejorar nuestro comportamiento como seres humanos, poner en práctica la humanidad que nos caracteriza, avanzar en la difícil y siempre demandante tarea de ser mejores personas y contar con la complicidad positiva de todos quienes nos rodean.