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Nuestra deuda histórica con el Amazonas

Superado el pico del covid-19 en uno de los territorios más olvidados por el Estado colombiano, y que desnudó la precariedad de las condiciones sanitarias de la Amazonía nacional, lo que todavía no ha mermado es la hecatombe ambiental que supone la pérdida exponencial de bosque primario en esa región.

La Amazonía es ese territorio del que nos ufanamos los colombianos, pero que nunca, en realidad, hemos sentido nuestro. Sus 674 especies de aves, 158 de anfibios, 195 de reptiles, 212 de mamíferos, 753 de peces y más de 6.300 especies diferentes de flora, que vienen a significar cerca del 10% de la biodiversidad mundial, según datos del Fondo Mundial para la Naturaleza (FMN), representan no solo la fortuna de nuestro país de poder contar con un territorio y una geografía tan rica y diversa, sino también simbolizan la enorme responsabilidad ambiental que debemos tener por preservar la protección de este bello ecosistema.

No obstante, las recientes noticias y los lamentables antecedes históricos que señalan el abandono estatal en esta región, preocupan de sobremanera la capacidad que tiene el Amazonas colombiano para atender una de sus problemáticas más graves, la cual silenciosamente consume miles de hectáreas de su selva al año.

En varios medios de comunicación se ha denunciado el avanzado y preocupante estado de deforestación que ha registrado el Amazonas en los últimos años. En solo 6 meses de 2020 se deforestaron 76 mil hectáreas del territorio amazónico colombiano y unas 300 mil hectáreas han desaparecido en los municipios aledaños al Chiribiquete.

Es de suma importancia que el gobierno actual establezca una hoja de ruta con acciones concretas que permitan establecer una estrategia contundente contra la deforestación de nuestra selva amazónica. El ministro de Ambiente, Carlos Correa, se ha pronunciado indicando que para este 2021 se desarrollarán proyectos con cooperantes internacionales para conservar este patrimonio de la humanidad de la mano de las comunidades indígenas y que a Colombia le urge una cátedra escolar para salvaguardar nuestra naturaleza.

A pesar de estar de acuerdo con las palabras del ministro y apoyar cualquier tipo de ejercicio que busque la preservación de nuestro medio ambiente, yo considero que aún falta un punto vital en esa ecuación y estrategia que desean implementar para este nuevo año, se necesita de una voluntad política decisiva, que le ponga fin a esta problemática, que actúe de la mano con la sociedad civil y se logre por fin, marcar una diferencia positiva.

Parar la deforestación depende en gran medida del Gobierno nacional y su voluntad política para detener esta situación, que además de no olvidar al Amazonas en el plan de vacunación del covid-19, también deberá velar, de una vez por todas, por proteger este ‘pulmón’ verde consumido hace ya varios años, que se aferra a la vida gracias a su propia naturaleza, que se encuentra en cuidados intensivos desde hace rato y requiere de una vacuna transformada en voluntad política e institucional para lograr sobrevivir.

Deforestación en el Parque Nacional Natural Tinigua, en Colombia