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Nelson Pinedo: 'El pollo barranquillero'

Si a las jóvenes generaciones se les habla de Nelson Pinedo podrían  pensar que es un político o, tal vez,  no tendrían idea del gran valor musical que encierra ese nombre. Pero si a las distintas generaciones de los años cincuenta en adelante (4 décadas) se les menciona a Napoleón Nelson Pinedo Fedullo, o como Miguel Ruíz lo bautizó con el nombre artístico de  Nelson Pinedo, todos sabrían que fue uno de los más destacados intérpretes de música del caribe. Este cantante nació en Barranquilla, en el barrio Rebolo, el 10 de febrero de 1928, reconocido por  su pinta de actor de cine y bacán de barrio, conquistador de corazones, extrovertida manera de vestir acompañada de lazo o pajarita en vez de corbata y su lineal bigotito, y también  por los sobrenombres que en aquella época eran comunes para los cantantes, denominándolo: “El Almirante del ritmo”, “El Castigador”, “El Pollo Barranquillero” y “El Rey del bolero”

Nelson saltó a la palestra musical para convertirse en una leyenda de América con la Sonora Matancera. No nació en cuna de oro pero sí con una voz de oro que moldeó en su oficio de locutor, manteniendo una buena dicción y mostrando ritmo y elegancia en el hablar. Sus biógrafos cuentan: “Hijo de padre zapatero de oficio y madre ama de casa que gustaba de cantar, lo crían con cierta rigidez, una educación enfocada a futura defensa en la vida. Así se inicia como técnico en la industria textil, después empleado bancario, hasta llegar a locutor de radio en "La Voz de la Patria". Su presencia, su voz y su simpatía caribeña lo convirtieron en uno de los grandes cantantes internacionales de Colombia, interpretando géneros como el Chachachá, Merengues, Guarachas, Salsa, Pasos dobles, Porros, Cumbias y Mapalés cubanizados.

Grabó  en Venezuela su primer 78 RPM, un bolero titulado, "Mucho, mucho, mucho",  después se integró a la orquesta de Antonio María Peñaloza. Cantó en inglés,  en francés, italiano, portugués, idiomas bien pronunciados, causando sensación entre el público.

Su voz de tenor me llegó a los oídos a través de canciones guapachosas, melódicas, plenas de un caribe rítmico. En su biografía se  comenta: “El 18 de mayo de 1954 entró a los estudios de la radio CMQ y grabó sus primeros éxitos con la Sonora Matancera, iniciando así una fructífera asociación que duró cinco años y medio, con viajes, espectáculos, televisión, cabarets, 49 números grabados más una película cubana bajo la dirección de René Cardona: "Una gallega en la Habana" hecha en 1955 donde compartió cinta con Niní Marshall, Ramón Rivero, Antonio Aguilar, Ana Bertha Lepe.”

Entonces, cómo olvidar la voz de “El Pollo Barranquillero” y sus composiciones musicales.  Mi memoria musical es como una cascada de canciones que se me amontonan y salen a flote con el firme propósito de homenajear y expresar que al igual que Carlos Vives, Shakira,  Joe Arroyo, Adolfo Echeverría, Pacho Galán, Esthercita Forero también está Nelson Pinedo quien llegó a ser estrellas sin la ayuda de  la sofisticada tecnología ni espectaculares videos sino a punta de pulmón, de voz, de sudor, de trabajo, de coraje. Justamente me vienen a la mente los versos inolvidables de La Esquina del Movimiento: “De las calles de la Habana todos tienen que decir /todos tienen que decir pero de muy buena gana,/ como si esto fuera poco es la nota del momento/ el comentario que tiene la esquina del movimiento/. Igual me surge la letra de Bésame morenita: “Mírame, mírame, quiéreme, quiéreme, bésame morenita/que me estoy muriendo por esa boquita/tan jugosa y fresca tan coloradita/como una manzana, dulce y madurita/. Así mismo  brota el ritmo de El Muñeco De La Ciudad: “La gente dice que soy el muñeco de la ciudad/la gente dice que soy el muñeco de la ciudad/porque soy negro, negrito con la boca colorá/porque soy negro, negrito con la boca colorá/. Me romantizo con el bolero Señora bonita: “Señora bonita/hay algo en su boca/tiene algo su cuerpo/que al verla que cruza/amor me provoca”/.Y remato con la canción más popular, de más éxito internacional, que millones de  admiradores han cantado: Me voy pa’ La Habana: “Yo no soy de por aquí/yo soy muy barranquillero/nadie se meta conmigo/ que yo con nadie me meto/¡Ay! me voy pa’ La Habana y no vuelvo más/ el amor de Carmela me va a matar”.

A todo lo anterior,  siguieron éxitos a nivel internacional: “El ermitaño”, de Rafael Escalona; ‘El Mochilón’, del soledeño Efraín Orozco; ‘Momposina’, ‘La llorona loca’, ‘El vaquero’ y tantas otras del banqueño José Benito Barros.

Y como todo tiene su final, las noticias informaron que falleció a los 88 años el intérprete de "Momposina" y "Me voy pa' La Habana" de un paro cardíaco,  uno de los vocalistas de la agrupación cubana la Sonora Matancera, el jueves 27 de octubre de 2016,  en Venezuela. De acuerdo con las crónicas periodísticas dicen que murió casi en la miseria, en una tierra que no fue la suya. Sin embargo, pienso que le dejó a América Latina  un legado de oro: sus canciones que lo inmortalizaron. Por ello, el mejor homenaje que se le puede rendir es sentir, recordar y cantar sus canciones: “Ya pasaron todas las quimeras/esas que me trajeron dolores/y ahora con palabras zalameras/ vienes a mi vera en busca de amores/Lo pasas delirando por un amor perdido/lo pasas delirando por un amor perdido”/

 

Santa Marta, cerca del mar.