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Lo mejor para Chile

No resulta fácil, por estos días, descifrar el escenario político de Chile, los variados procesos electorales que se avecinan entre noviembre y diciembre próximo, se ven cruzados por lo que para unos es un rebrote y para otros una tercera ola de la pandemia del Covid-19. El exitoso proceso de vacunación, en que un sector importante de la población ya cuenta con una tercera dosis, no ha impedido que algunas regiones del país superen en un 150% el aumento de los casos de contagiados y la positividad, que se había mantenido en tasas inferiores al 1%, haya aumentado a sobre el 3,5%.

Los candidatos presidenciales se vieron afectados por lo que, por lo menos para mí, es una tercera ola. Gabriel Boric, dio positivo durante esta semana, lo que llevó a declarar como contactos estrechos a casi todos los demás candidatos. La agenda electoral se vio alterada, las campañas, los debates e incluso programas televisivos que ya habían sido definidos tuvieron que reprogramarse o, definitivamente postergarse para la más que posible segunda vuelta electoral.

Lo mismo ha sucedido con la agenda legislativa, trámites emblemáticos y con una clara consecuencia electoral se han reprogramado, me refiero a la acusación constitucional en contra del Presidente Sebastián Piñera, como también la votación por el cuarto retiro del 10% de los Fondos Previsionales. Las disputas legislativas se han mediatizado más en términos de los tiempos de los respectivos procesos que en las cuestiones de fondo de cada uno de ellos.

Situaciones dispares para cada caso, pocas referencias en  lo que podríamos llamar el caso Piñera y preocupaciones por posibles tendencias inflacionarias derivadas del cuarto retiro y, a mi parecer el tema más relevante, es que 5 millones de chilenos quedarían sin fondos previsionales de aprobarse dicho retiro.

El panorama para las Administradoras de Fondos de Previsionales (AFPs) no parece nada halagüeño, la mayoría de los candidatos están por terminarlas, las rentabilidades negativas de los últimos meses son históricas, en especial para los fondos más conservadores, que son los que apuntan a las personas cercanas a jubilarse y, al mismo tiempo, las ganancias y utilidades siguen siendo pingues para las AFPs, para muchos la causa primordial de la desacreditación de un sistema que, desde el principio, estuvo pensado en generar concentración de capital que favoreciera la inversión de los grandes grupos económicos, pero que nunca pareció enrielado a ofrecer pensiones dignas a los trabajadores chilenos.

Los resultados de las encuestas, que en Chile salen todos los días, parecen avizorar una segunda vuelta electoral entre el izquierdista Gabriel Boric y el pinochetista José Antonio Kast.

La generalización expresada da cuenta de la polarización política del país, ya que entre ambos candidatos aparecen proyectos más cercanos a la antigua Concertación de Partidos por la Democracia, que gobernó Chile por un largo período pos dictadura y que parece no encontrar la vuelta política para volver a encantar a la ciudadanía con propuestas que, a la luz de los programas presentados, son muchos más radicales que lo obrado en 24 años que fueron gobierno.

Por su parte la candidatura oficialista de la derecha, la que siguió el proceso electoral con primarias incluidas, que buscaba representar a los más tradicionales partidos políticos del sector va en una franca y alarmante caída.

El independiente Sebastián Sichel cuenta cada día con menos apoyo de la ciudadanía. En un primer momento situaciones personales fueron socavando sus bases, las mismas que él había ventilado como un elemento de referencia positiva para su perfil de candidato pero que, como muchas veces en la vida de las figuras públicas, tardíamente se dan cuenta que abrir esa puerta deja más heridas y sinsabores en el camino que bondades y beneficios.

Su discurso perdió fuerza en un tiempo relativamente breve, pareció contradictorio, sin referencia política clara y con una serie de tropiezos que fueron allanando el camino del pinochetista Kast. La consecuencia, más electoral que ideológica por lo demás, ha sido que figuras relevantes de los partidos de derecha, que tenían un compromiso nacido de una Primaria Presidencial, empezaron a descolgarse del candidato abriendo una brecha que parece, a dos semanas de la elección, difícil de revertir.

Un mediático acto de salvataje, en que Sebastián Sichel convocó a la prensa, en especial la televisiva, en horario prime, para dar una muestra de coherencia y autoridad, fue un disparo a los propios pies.

Dijo no estar dispuesto a aceptar los chantajes de los partidos políticos, recriminó la falta de respeto a la palabra empeñada, una convicción más electoral que programática  de los partidos que lo apoyaban.

Fustigó con fuerza a la candidatura de Kast que significaba, según sus palabras,  un tremendo retroceso, una expresión de falta de disposición democrática del sector que parece querer volver al autoritarismo y una agenda valórica conservadora que discrimina y excluye, al estilo más cercano a la antigua dictadura militar de Pinochet. 

El centro de su discurso estuvo enmarcado en ello, en defender la renovación que significada su candidatura para el sector que parece más anclada en resabios autoritarios.

La respuesta de los partidos del sector reflejó una abierta disposición a descolgarse de su candidatura y apoyar al representante del partido Republicano, que no fue parte de la primaria electoral de la derecha, José Antonio Kast.

A partir del escenario actual, en política se ha visto más de una vez muertos cargando adobes, la segunda vuelta electoral presidencial, con fecha de 19 de diciembre de este año, parece que vivenciará el enfrentamiento entre Gabriel Boric y José Antonio Kast. Los denodados esfuerzos de Yasna Provoste, no auguran, a la luz de las encuestas, posibilidades reales de colarse en esta definición, en la última aparece en un cuarto lugar, detrás de Franco Parisi, con un 9% de adhesión ciudadana.

Las demás son sólo candidaturas testimoniales y emblemáticas que adquieren más valor en términos de chorreo de votos para los candidatos de la segunda vuelta, en donde de seguro tendrán un mayor protagonismo. Una salvedad que vale la pena expresar, las encuestas en Chile han tenido una tendencia a la pérdida de credibilidad después de la instauración del voto voluntario.

Con el voto obligatorio, con un padrón electoral conocido, parecían disponer de metodologías que daban señales que se legitimaban producto del resultado electoral. Desde el 2012 a la fecha, aquello ha cambiado mucho y por ello, un dejo de incertidumbre puede apoderarse de los resultados finales.

Si le creemos a las encuestas y pensamos en las opciones de Boric y Kast, la pregunta que se impone es ¿cuál de los dos proyectos está más cerca de lo que Chile necesita en estos momentos? Pregunta necesaria pero difícil de responder.

Más aún cuando ya sabemos que son las candidaturas que se encuentran en los polos, lo que abre complejas posibilidades para generar políticas de entendimiento y favorece más a posturas de imposición, ya sea de cambios o de tendencia más bien reaccionarias.

La figura de Kast construye su discurso sobre la base de recuperar el orden, la actividad económica, reducir el tamaño del Estado, replantearse el tema de los derechos humanos, la posición de Chile en la ONU, una agenda valórica ultraconservadora y una política migratoria más restrictiva.

Sin duda que es una visión muy general, pero que nos permite instalar un tema interesante. Lo que la sociedad en el mundo ha vivenciado en las últimas décadas es una pérdida respeto por la  autoridad, en especial aquella que no se obtiene por el convencimiento sino que más bien por la imposición. Las pancartas en las movilizaciones iniciadas en Chile desde el 2019 muestran una clara tendencia a ello, a desafiar al gobierno, a la policía, al poder judicial, a los grupos económicos, a la iglesia, en fin.

La actitud de Kast puede ser más una nueva fuente de conflicto que la solución a los problemas, de muestra un botón, la aplicación del Estado de Emergencia en la Araucanía no ha reducido la conflictividad en el sector, por el contrario, ha acrecentado posturas radicales que rechazan ése tipo de autoridad, en especial aquellas formas que reniegan del diálogo y que favorecen el uso de la fuerza, con apoyo de manifestaciones sociales  incluso en las más importantes ciudades de Chile.

En el caso de la posible elección de Boric, el escenario no es menos complejo. La tendencia refundacional, marcada por  el negacionismo de lo logrado post dictadura, genera una sensación de incertidumbre que, el estado social, económico y hasta emocional de la sociedad chilena parece no estar muy preparada para enfrentar. Son muchas las aspiraciones que el programa ha instalado y parece chocar con duras realidades.

El sentimiento de insatisfacción de sectores sociales, muy comprometidos con el estallido social, no le entregarán mucho tiempo al gobierno para que empiece a demostrar que los discursos de campaña no erar simplemente una estrategia político electoral.

 El futuro es complejo, las tendencias se polarizan, los sentimientos ciudadanos se tensan, las incertidumbres superan a las certezas, Chile se merece lo mejor, pero no sabemos donde está.