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La Región Caribe desde el sentir independestista catalán

Como la Región Caribe, la Comunidad Autónoma de Cataluña es una región rica en recursos naturales, ubicada al margen nororiental de España, con un imponente puerto a orillas del mar mediterráneo, un sistema ferroviario envidiable y un aeropuerto con un flujo incalculable de pasajeros.

Sin embargo, al igual que en Colombia,  cuyo desarrollo ha entrado por el mar, por nuestros puertos y nuestras vías férreas, cuando existían, el poder central se ha llevado todo, quitándole lo que le corresponde a cada departamento de la región.

En Cataluña se habla de un separatismo estatal, es decir constituirse en un Estado independiente de España y con capacidad jurídica de hacerse miembro de la Unión Europea, situación disímil con la nuestra que buscamos una real autonomía regional, con capacidad y competencia para regular las materias que inciten el desarrollo de la Región Caribe.

Las medidas insaciables adoptadas por el Gobierno español con el fin de evitar siquiera una consulta popular para que el pueblo decida si se quiere separar o no, han despertado en muchos ciudadanos el sentir de una autodeterminación, dándole el nombre del derecho a decidir, y en muchos otros la secesión como mecanismo idóneo para alcanzar el fin, situación en la que estamos de acuerdo teniendo en cuenta el derecho que tiene el constituyente primario a manifestar su sentir frente a una situación determinada.

La argumentación superflua e inviable por parte del Gobierno español va sustentado en el principio de indisolubilidad de la Nación española, contemplada en el artículo 2º de su Constitución Política. Sin embargo, los defensores de la separación plantean el principio democrático, artículos 1.1 y 23 de la Constitución española, para sustentar sus planteamientos. Si bien, es un tema un poco disímil al nuestro, las luchas realizadas por el poder político catalán han alcanzado un grado de autonomía muy superior, respetado desde la Constitución, que al igual que la nuestra plasma a las comunidades autónomas como entidades territoriales y la nuestra a las regiones con las mismas características. A través de su Estatuto de Autonomía logra alcanzar el desarrollo que establezca pertinente dentro de su territorio.

En nuestro nivel regional, -colombiano- la Constitución Política permite la creación de estas, pero sin embargo no son reconocidas por el Gobierno central, ni por el legislador nacional, lo que nos lleva a tener represada una idea constituida desde nuestros antepasados y plasmada con furor en el texto superior de 1991, pero que por conveniencias políticas no se ha permitido su desarrollo.

Cuando hablo en anteriores artículos de mecanismos vinculantes para poder lograr nuestro sueño caribe, me refiero a términos jurídicamente relevantes y válidos, alzar la voz con nuestro voto y permitir que sea este quien impulse la propuesta que de manera tímida han iniciado nuestros dirigentes. Hacer lo que ha hecho el pueblo catalán es tomar como ejemplo la educación en valores culturales, sociales y regionales que incentiven la idiosincrasia y que generen en los niños y adolescentes el sentido de pertenencia por lo que tienen y los rodean.

El sueño catalán es lograr su independencia, el sueño nuestro es constituirnos en una región autónoma. Diferentes son los caminos, pero iguales son los medios para lograrlo.

Para los catalanes las rentas derivadas de sus actividades económicas, portuarias y aeroportuarias generan un desarrollo económico en la Nación que en ellos se ve reflejada en menor medida, siendo ellos los mayores productores del PIB en España, junto con el país Vasco. Así mismo en Colombia los mayores productores de rentas nacionales es nuestra región por la producción de gas natural, carbón, los puertos de Barranquilla, Santa Marta y Cartagena, la ganadería en los departamentos sabaneros, a nivel industrial, sin embargo vemos la desidia estatal reflejada en los Departamentos de la periferia como grotescamente lo llaman.

Este es el resultado de luchas silenciosas, basada en desigualdades sociales y económicas, amparadas en un modelo ineficiente que conduce a la inequidad social. Ahora, puesto en este plano, es muy necesario analizar y observar a fondo las experiencias de otros lugares y Cataluña es el ejemplo perfecto para observar cómo se lucha contra la hegemonía centralista.