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La quinta de San Pedro Alejandrino y la literatura

Entiendo que La Quinta de San Pedro Alejandrino de Santa Marta no es una suma de sustantivos. Tampoco es un conjunto de letras unidas unas tras otras. Las palabras trascienden, van más allá de su simple denotación. Más bien se vuelven connotativas y es cuando amplían su existencia significativa. Pesan y llevan en los sonidos y en el significado la fuerza de muchos sentimientos. Ellas caminan, vuelan y se inmortalizan. Esta es una: Quinta de San Pedro Alejandrino. Sonora como los cantos permanentes de la población de pájaros que anida en la frondosidad de los árboles. Rítmica como el susurro del viento que baja de la Sierra Nevada y se cuela por entre las palmeras y los samanes, árboles milenarios, sembrados en su entorno.

En ese sentido, la Quinta de San Pedro Alejandrino abriga en su seno un enorme significado histórico que ha perpetuado uno de los acontecimientos más importantes de la historia colombiana y de Latinoamérica: Bolívar, el hombre que libertó cinco naciones, que cruzó los Andes a caballo, fue recibido por este hermoso lugar con su aire tropical y su clima cálido necesario para restablecerle su salud.

La relación con la literatura ha sido múltiple, sobre todo, en el tema de la llegada de Bolívar a Santa Marta, los días que precedieron a su muerte y de paso los escritores y poetas ofrecen una topografía de ese fantástico sitio que sigue siendo la Quinta de San Pedro Alejandrino. En la página promocional se anuncia: “La Quinta de San Pedro Alejandrino es una hacienda fundada el 2 de febrero de 1608 por Don Francisco De Godoy y Cortesía; fue el lugar en donde el Libertador Simón Bolívar pasó sus últimos días, y en la cual falleció el 17 de diciembre de 1830”.

Gabriel García Márquez, nuestro premio Nobel, describe en la novela: “El general en su laberinto” a la Quinta de San Pedro Alejandrino así: “La Florida de San Pedro Alejandrino, a una legua de Santa Marta en las estribaciones de la Sierra Nevada, era una plantación de caña de azúcar con un ingenio para hacer panela. En la berlina del señor de Mier, el general hizo el polvoriento camino que su cuerpo sin él había de hacer diez días después en sentido contrario, envuelto en su vieja manta de los páramos sobre una carreta de bueyes. Mucho antes de ver la casa sintió la brisa saturada de melaza caliente, y sucumbió a las insidias de la soledad”.

José Luis Díaz –Granados, poeta samario, en su libro El Laberinto y en el poema Canto Jubilar hace mención a este lugar:

“El padre de Colombia, el dios de América/ el que forjó la patria y sus caminos,/ llegó como relámpago sediento/y se apagó en San Pedro Alejandrino./San Pedro alejandrino, templo insomne,/bergantín enclavado en la memoria/ del tiempo heroico, matinal santuario/que guarda para siempre paz y gloria.”

Así mismo, la poeta samaria Marzia de Lusignan, en su poema “Romance a Santa Marta” poetiza así el lugar histórico: “Ay! San Pedro Alejandrino,/tú velarás su agonía…,/campamento de tristezas/te llamarán de por vida.”/

En el libro: “Santa Marta vista por viajeros” investigado y escrito por Álvaro Ospino Valiente, el viajero francés Henri Candelier (1889) da una breve visión: “La única cosa curiosa que vi en mi ruta fue la propiedad de “San Pedro” donde el general Bolívar, el héroe de la independencia, pasó los últimos días de su existencia”.

En la reciente novela: “La nostalgia del coronel” escrita por el poeta cataquero Rafael Darío Jiménez, se encuentra este fragmento: “(el coronel) Había tenido tiempo de enseñarle la bahía a su pequeño nieto…Y lo llevó a conocer la quinta de San Pedro Alejandrino, lugar donde murió el libertador Simón Bolívar.

--¡Aquí expiró el genio de América!-dijo a su nieto de cinco años, anonadado por la naturaleza silvestre del lugar, cubierto por el aroma fresco del cañaduzal. Superadas las sombras de imponentes samanes, en el interior de la quinta, indicó al nieto la pequeña cama con el tricolor encima, el aguamanil y el viejo reloj de pared detenido en la una y tres minutos.”

El 17 de diciembre de 1830, a la una y tres minutos y 55 segundos de la tarde, murió Simón Bolívar en Santa Marta en la Quinta de San Pedro. En el Altar de la Patria, otro monumento a la historia, está la estatua del Libertador que representa al guerrero, militar, estadista y visionario. Las últimas palabras pronunciadas por el Libertador marcan un destino político. Palabras que han quedado en la memoria de los colombianos, valdría la pena repetirlas, sobre todo, en estos momentos en que el país busca la reconciliación: “¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.

Hacienda de San Pedro, en Santa Marta, a 10 de diciembre de 1830.

Simón Bolívar”.

Años después frente a los monumentos modernos como el Altar de la Patria, construido en 1930 para honrar la memoria del Libertador Simón Bolívar, Marzia de Lusignan en su poema Romance de Santa Marta, canta así: “Diecisiete de Diciembre./Con esta fecha esculpida,/tu destino se ha elevado/ Santa Marta la que un día/ en el fallo de la Historia/estará siempre erguida./Si te olvidan, olvidado/--en el Altar de la Patria--/ habrá quedado Bolívar.”

Otra edificación es El Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo idea del artista Armando Villegas en el año de 1986 quien contó con el apoyo del Presidente Belisario Betancur, haciendo invocación de la Ordenanza No. 23 de Abril 27 de 1928, por medio de la cual se ofrece a cada uno de los países bolivarianos una parcela de tierra en San Pedro Alejandrino, para construir monumentos para que de manera permanente se exhibieran colecciones de arte latinoamericano,

“La Plaza de Banderas, construida en 1980, en donde permanecen izadas todas las banderas de América, como expresión del sueño de unidad continental.” Sentirse rodeado de todas esas insignias que resuenan su tela cuando el viento las choca, producen una sensación de amor a la patria, de amistad entre los pueblos, cuya voz al viento anuncia libertad.

Finalmente, visitar, caminar cada rincón de la Quinta de San Pedro o leer en las páginas de los autores que han tomado este territorio como tema literario, es recordar toda una serie de sucesos históricos, patrióticos. Es congraciarse con el verdor, la frescura de las palmeras, la sombra que prodigan los samanes, árboles centenarios sembrados en la Quinta. Es como meterse en ese laberinto de la historia y escuchar La Trinitaria, esa contradanza que era la favorita y del gusto musical del Libertador y que tanto hizo repetirla por todos los pueblos por donde andaba. Parece escucharse la melodía en toda la plazoleta de banderas, bajo un atardecer de arreboles. En la Quinta, se encuentran un Samán, una Ceiba y dos Tamarindos. Centinelas solemnes, de barbas colgantes, testigos mudos de los postreros días del Libertador. Ha pasado mucho tiempo y aún los escritores le encuentran encanto a la Quinta para seguir inmortalizándola.

 

Agosto 31 de 2016

Santa Marta, cerca del mar.