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La carrera presidencial en Chile ya está en su primera curva

La carrera presidencial en Chile ya está en su primera curva para la del mes de noviembre, ya que los competidores terminaron por inscribir sus candidaturas y cumplir con los requisitos que el Servicio Electoral de Chile (Servel), exige para ello.

Lo primero que llama la atención es la cantidad de candidatos, que habla un poco de la dispersión y, por qué no decirlo, con las diferentes perspectivas que se han instalado en el país sobre sus problemas más urgentes y los mecanismos para solucionarlos.

Hay candidatos ya conocidos que se presentan por más de una oportunidad, desde el izquierdista Eduardo Artés, pasando por Marco Enríquez-Ominami, Franco Parisi, Evelyn Matthei y José Antonio Kast no son nuevos en estas lides. Los primerizos son la candidata oficialista Jeannette Jara, el pinochetista Johannes Kaiser y,  el hombre que viene del mundo de la administración deportiva, Harold Mayne-Nicholls.

Con ocho candidatos, la ciudadanía parece tener un abanico bastante amplio para sentirse representada, el problema es que las encuestas siguen delatando que una gran cantidad de ciudadanos no define su opción presidencial, específicamente, por que ninguno de los candidatos le representa.

Más allá de buscar identificar ideológicamente a cada uno de los candidatos, que en algunos casos resulta bien complejo y mueve la aguja del eje derecha-izquierda sin mucha claridad, es importante buscar hacia dónde se proyecta la esencia de su candidatura, cuál es el electorado que busca representar y de qué manera instalan su narrativa.

El caso de Mayne Nichols es el que resulta más complejo, dice que de convertirse en presidente gobernará con los mejores, sin importar su tendencia política. Este no es un discurso nuevo en Chile, los llamados gobiernos administradores fracasaron con Jorge Alessandri y también a los pocos meses de asumido Sebastián Piñera para su primer gobierno. Figuras connotadas de la derecha en el año 2010 se lo hicieron ver al extinto mandatario y lo obligaron a sacar a pesos pesados de la política del congreso para llevarlos a ejercer importantes carteras ministeriales, entre ellos Evelyn Matthei, Pablo Longueira, Andrés Allamand y Andrés Chadwick

El profesor Eduardo Artés sabe que no tiene muchas posibilidades, hasta última hora no había claridad con respecto a si era capaz de lograr el mínimo de firmas para inscribir su candidatura. Llego rasguñando y sabe que esta instancia es un espacio para instalar su discurso, visibilizar sus reivindicaciones, en palabras de la cultura política, es un saludo a la bandera.

Franco Parisi es, hoy por hoy, el que instala la lógica del hacer, el que tiene las recetas concretas, desde el mundo de la academia, para enfrentar desafíos importantes de Chile. Sigue profitando de la popularidad ganada en la época de “Felices y Forrados”, plataforma que buscó increpar al sistema de pensiones en Chile y que generó asesorías pagadas por los cotizantes cuando se abre, a nivel de Administradoras de Fondos de Pensión (AFP), los multifondos. Tiene un discurso claramente económico, instalado en la inversión, el empleo y el crecimiento. Sus problemas por pensiones alimenticias impagas y las rendiciones de cuentas ante el Servel, en la pasada elección presidencial, son temas que el imaginario colectivo no olvida.

Marco Enríquez-Ominami es el eterno candidato, le quedaría muy bien el epitafio que Salvador Allende levantó en su cuarta y exitosa candidatura presidencial, antes de ser elegido en 1970. Pablo Neruda cuenta que Salvador Allende, de no ser elegido presidente, solicitó que su epitafio dijera, “Aquí yace el futuro presidente de Chile”. Su discurso se instala en la narrativa del fracaso de los proyectos que hoy aparecen con mayores chances de ganar, considera que Kast y Jara, e incluso Matthei, son más de lo mismo y que, por defecto, las problemáticas más urgentes de Chile en términos de seguridad, pensiones, vivienda y empleo seguirán azotando al país. Juntó las firmas, pero no parece que su candidatura prenda al nivel de convertirse, como lo fue en su primera campaña presidencial del 2010, una alternativa que amenace o que demande que otros sectores busquen pactar con él.

Johannes Kaiser, es el candidato que todos esperaban que se bajara antes de la inscripción definitiva. Parece el complemento perfecto de la candidatura de Kast, está haciendo la pega sucia, con un discurso de ultraderecha, muy apegado al pinochetismo más crudo, que justificaría un nuevo golpe con todas las muertes, persecuciones y torturas que por ello recuerda uno de los períodos más negros de la historia de Chile. El voto duro de derecha, que desprecia temas sensibles de los derechos humanos, se siente plenamente identificado y que traspasará al candidato de derecha que pase a la segunda vuelta, muy posiblemente su socio de listas parlamentarias, José Antonio Kast.

Evelyn Matthei parece la candidata más complicada, hace unos 5 meses tenía la carrera ganada y si Kast y Kaiser hubieran aceptado las primarias del sector, estaría tan bien aspectada que, podría haberla llevado a ganar en primera vuelta, situación que no ocurre en Chile desde la elección presidencial de 1994. Hoy deambula en un escenario político incierto en que parece no saber dónde está su verdadero adversario. El análisis político más frío debería decirle que es José Antonio Kast, con él, y a mucha distancia hoy, según las encuestas, pelea la posibilidad de pasar a segunda vuelta, donde vuelve a ser muy competitiva. De quedar en el camino, que es lo más factible a estas alturas, parece que llegó la hora de retirarse de la política activa, con más fracasos que logros.

José Antonio Kast, el candidato de la ultraderecha, pinochetista y fascista, parece hoy un corderito que habla desde la moderación, salvo en la crítica al actual gobierno. No pone nada en juego, cuida a tal extremo su discursos que, ante la pregunta que sea, del tópico más diferente una de otra, responde exactamente los mismo, referido a devolver a Chile la seguridad, el crecimiento y el control de las fronteras. Su forma pausada y que trata de ser respetuosa, está aprendida, no resulta natural, hay un costo electoral que está evaluando permanentemente. Las diferencias se instalan cuando sus propuestas son visibilizadas por los demás candidatos, no pocas veces se justifica, se instala en la lógica de un programa en construcción, que sigue escuchando a la gente y que parece darle los resultados que espera. Hoy no dice nada del aborto en tres causales o del matrimonio igualitario, temáticas valóricas que siguen estando en su ideario pero que no discursea. Se siente ganador frente a Matthei, del discurso violento para con la candidata de meses atrás, hoy ha pasado a prácticamente a ignorarla.

Por último, Jeannette Jara, la candidata del partido comunista que ganó las primarias de la centro izquierda y que ha tenido sus logros y sus reveces. Entre los logros, ser capaz de sumar a la Democracia Cristiana, lo que le ha dado una imagen de mayor moderación y que también se ha reflejado en su programa de gobierno, con temas sensibles muy distintos a los del programa con el que ganó las primarias, especialmente referido al fin de las AFPs y a la nacionalización del cobre. No se le puede olvidar que es la candidata de la continuidad de este gobierno, lo que hasta ahora sólo le asegura la segunda vuelta, en la que perdería ante cualquiera de los dos candidatos mejor aspectados de la derecha. No debe olvidar que su nivel de exposición subió notablemente al ganar las primarias, que es la única amenaza para una derecha que se siente ganadora y que, por lo mismo, le pasará la cuenta por lo que ya dijo, por lo que dice ahora y hasta por lo que podría decir. Sus posibilidades no mejoran, pero tiene el carisma, la capacidad de diálogo y la cercanía con amplios sectores populares que podrían justificar un batacazo en la segunda vuelta. Es importante que el abanico de partidos que la apoya, empezando por el propio, el partido comunista, no abran nuevas heridas que terminen por despotenciar sus posibilidades.

Está demás decir que el futuro de Chile está en manos de sus ciudadanos, es una realidad, la pregunta es si los ciudadanos votarán en función de sus convicciones, de un análisis real de sus realidades, de identificar sus más genuinas reivindicaciones, o serán presa de una campaña emotiva, envolvente y disfrazada en palabras hechas y eslóganes. Un tremendo desafío poder proyectar aquello.