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Espacio para la palabra

En esta oportunidad, mi columna periodística ofrece el espacio para el último texto. Son textos breves construidos en cursos de lectura y escritura. A su disposición el siguiente texto:

 

La probabilidad de la pobreza en la Región Caribe

Si te consideras pobre Costeño, que no te roben la sabrosura

Por: Luis Bustamante Morrón

 

¡Agüeita!, que tan probable es ser pobre en la región caribe, acaso no hay guineo, yuca, tierra y trabajo en este paraíso casi virgen como Ángela Vicario en la obra de Gabo “Crónica de una Muerte Anunciada”. Aja, Costeño, si te digo que la pobreza en nuestra región es tan abundante como la fe que tenemos al apuntar la bolita o el chance.

¡CARAJO!, ¿Qué es ser pobre?, y, aún más, cómo considerarse pobre en la región Caribe, que según La Organización de las Naciones Unidas (ONU), la pobreza es significado de necesidades y carencias básicas que todo ser humano debe suplir para vivir dignamente, así mismo costeño, el tener hambre, el no tener para el bus, el caminar descalzo, lo vuelve a usted también pobre.

Según el DANE, Departamento Administrativo Nacional de Estadística, se enmarca como pobreza aquellas personas que viven con menos de 1 dólar diario, es decir, alrededor de $ 2.500 “barras”, por consiguiente, se imagina levantarse y solo tener esa cantidad de dinero para comprar un litro de leche, dos huevos y el café, si no miento, creo que le va quedar debiendo a la tienda, y si es padre de familia, sus hijos se estarán despertando seguramente con frío y con “filo”.

Compadre o comadre, para ilustrarle la situación de nuestra región, permítame echarle un cuento: “estoy en el municipio de donde es oriunda mi madre, después de un viaje de cinco horas, ¡qué calor bárbaro! y estamos en la plaza, un lugar polvoriento, sin parques, sin vías, niños caminando descalzos y con las barrigas infladas, una escuela en paro y un puesto de salud que parece más una casa descuidada que un lugar de asistencia, cuando de pronto mi madre me susurra al oído: ¡Todo sigue igual¡, y yo le digo finalmente con voz nostálgica y entrecortada ¡ENTONCES, SEGUIMOS SIENDO POBRES!