Espacio para la palabra
En esta oportunidad, y durante varias fechas, mi columna periodística ofrecerá el espacio para otras opiniones o puntos de vista. Se trata de voces nuevas. Son textos breves redactados en los procesos de construcción de textos. Los lectores opinarán:
La filosofía en el Caribe
Ser filósofo o estudioso de la filosofía no resulta muy atractivo para quienes desconocen su valor o quehacer; pues, muchas veces, cuando se escucha la palabra filosofía se relaciona con “algo raro”, “anormal” e incluso se le denomina a la persona “loco de remate”.
Por eso, hablar de filosofía actualmente en la Costa Caribe colombiana resulta aún tedioso en la mayoría de los casos, para quienes inclinan su actividad académica a las ciencias llámese prácticas o aplicadas u otras disciplinas. Sin embargo, hoy por hoy, la filosofía es mucho más aceptada en el ambiente académico que hace setenta años, cuando penosamente en Colombia esta disciplina no estaba institucionalizada, a pesar de que había algunos periodistas y abogados interesados en su estudio.
Por lo anterior, vale la pena resaltar que la filosofía es una disciplina humana, mas no una ciencia, es incluso anterior a ésta. En ese orden de ideas, la filosofía no busca un saber absoluto, no es algo terminado, sino la construcción incansable de nuevas ideas, busca el porqué de las cosas, encontrando siempre en vez de respuestas, otras preguntas que amplían el horizonte del pensamiento, así que en ello radica su gran valor.
Por lo tanto, el desconocimiento de la actividad filosófica en el caribe colombiano, en este caso, lleva consigo a dificultades en el desarrollo del pensamiento, a crear un tipo de homogenización mental, a la reafirmación de un ambiente tecnificado, donde el hombre y la mujer caribe se convierten en autómatas guiados por un sistema que los controla a través de varios instrumentos que, incluso, ellos mismos desconocen.
Finalmente, aunque existen varios centros académicos en el caribe, especialmente en Barranquilla, que promueven el estudio de la filosofía, se hace necesaria la puesta en práctica de su quehacer, esto nos permitirá una transformación de las estructuras sociales, políticas, además otras formas de ver y comprender el mundo.
Por Eimar Pérez Bolaños
Filósofo – Universidad del Atlántico
Magister en Filosofía Contemporánea – U. San Buenaventura