Entre el contrato de Messi y la formación de un buen educador
Desde hace unos quince días, exactamente desde mi última columna de opinión, he divagado en relación a la temática que versará la siguiente, es decir, la actual. El proceso no es para nada extraño, es parte de aquellos que tenemos la posibilidad de acceder a una tribuna, expresar nuestra opinión y esperar que algunas personas puedan interesarse al respecto, ya sea para compartir o para disentir en torno a los conceptos expresados. Pero también es una responsabilidad en torno a la relevancia, el valor y el aporte que se puede hacer desde una tribuna.
Estoy cierto, y creo que muchas personas que no acceden a esta posibilidad (en donde yo estuve por muchos años) y que también pueden aportar en la construcción y deconstrucción de nuestra realidad, esperan que el ejercicio realizado por aquellos que cuentan con dichos espacios pueda aportar a la discusión, el debate en torno a aspectos relevantes de nuestra existencia.
No deja de ser un desafío el escribir con cierta periodicidad ya que los temas comunes y personales que durante mucho tiempo se fueron acumulando, se agotan y uno se esfuerza por no ser reiterativo. Es el momento de salir de esa zona de confort, leer e informarse, cumpliendo con el ejercicio de responsabilidad que la posibilidad de tener tribuna demanda. La cuestión no termina allí, ya que se produce un cambio de paradigma en que se deja de escribir sobre lo que uno siempre ha querido expresar, para pasar a escribir sobre lo que uno cree que a las demás personas puede interesar, lo que tiene una alto grado de riesgo (hablando desde la responsabilidad que ello implica) ya que no necesariamente uno puede estar preparado y calificado para escribir de aquello.
Más de alguno de ustedes podría expresar, con cierto grado de razón por lo demás, que es una consecuencia del modelo de sociedad y que termina por imponer las demandas del mercado. Esto es algo que no sólo le sucede a una persona como yo, creo que les sucede a los periodistas, a los medios escritos, a los canales de televisión, a los escritores, en fin a todos aquellos que quieren aportar en función de lo que a la gente le interesa.
Un intelectual de cuño dirá, y por demás lo comparto, que ése no es el objetivo de una columna de opinión, de un informativo de televisión, de un artículo periodístico y menos de un libro, que debe ser un aporte en sí mismo, que debe aportar a la comprensión de nuestra realidad, que debe educar e instruir y que no debe escribir en función de lo que los demás quieren escuchar y leer, ya que el peligro está en que aquellos temas complejos, relevantes y por lo demás muchas veces densos, dejen de tener el espacio necesario y sean reemplazados por lo anecdótico, lo pintoresco, lo entretenido. No tengo nada en contra de la entretención, pero creo que la vida hay temas que deben analizarse con la profundidad necesaria de una reflexión filosófica, ética, política, periodística, en fin, más allá de la forma en que son asumidos en los matinales televisivos.
En una oportunidad compartiendo un conversatorio con una relevante figura periodística de la televisión chilena, el reconocido expositor confidenció que la línea editorial del noticiero central de dicho canal de televisión estaba determinado en gran medida por las mediciones on line de audiencia. Si el caso del perrito que habla en el canal vecino, producto de un grosera manipulación de la garganta del animal por su dueño, marca más que el informe de las violaciones a los Derechos Humanos en el período del Estallido Social en Chile, el llamado del director será casi instantáneo para reducir el informe respectivo y pasar al perrito que habla.
La conversación derivó, en el caso específico, a la responsabilidad profesional del periodista, sobre la relevancia de uno y otro tema, del impacto de la entretención en los más variados aspectos de nuestra compleja vida (más de alguna vez me han solicitado que mis clases sean más entretenidas) y del rol del consumidor en la definición de la línea editorial de un noticiero televisivo central. Cada vez veo más perritos que hablan que informes periodísticos sobre temas complejos de nuestra sociedad.
En mi dedicado afán por exponer en esta columna de opinión una cuestión que sea relevante, la dicotomía entre analizar un tema de interés masivo versus una problemática social compleja se me apareció de una manera muy clara y concreta. La disyuntiva podría leerse de la siguiente manera: escribir sobre la filtración del contrato de Lionel Messi en el Barcelona de España o sobre una interesante reflexión del profesor de la Universidad de La Serena, Dr. Carlos Calvo, sobre las estructuras que no están permitiendo al profesor ser un educador.
Pero el tema no implica reducirlo a una simple caricatura entre lo que es y lo que debe ser. En el proceso reflexivo me di cuenta que más allá del tema, la posibilidad de educar también puede ser oportunista.
El compartir en la columna mi preocupación por los montos y las especiales cláusulas del contrato de Messi nos pueden llevar por derroteros interesantes, como por ejemplo la sobrevaloración del mundo de la entretención muy por encima, en términos de mercado, que el mundo de la cultura y de la educación; de la discusión, desde la perspectiva económica del valor entre los “creadores de valor” y los “tomadores de valor”; e incluso, desde una perspectiva más personal, como leí a un agudo opinante de las redes sociales, de la necesidad de revisar cada uno de nuestros contratos de trabajo y aprender, muy ilusoriamente por lo demás, de cada uno de los elementos que se pueden incorporar en ellos.
Creo sin duda que el abordar dichos temas desde la perspectiva antes propuesta puede ser aporte para compatibilizar el interés del “mercado”, ávido de anécdotas, entretención y oportunismo (que sin duda encierra un dejo de morbo) con temáticas un poco más profundas. A pesar de ello no dejo de cuestionarme qué tan interesante podría ser, desde la lógica del mercado, el exponer los interesantes planteamientos del profesor Carlos Calvo que discute sobre la importancia de resituar la subjetividad y el valor de aspecto del amor en la relaciones sociales, en especial en aquellas que se dan en un espacio tan relevante como es la escuela.
Que los problemas escolares , en gran medida resultan de la falta de relaciones humanas entre profesores y estudiantes, que se tiende cada día más a generar una relación técnica y despersonalizada, que, en la misma lógica, los esfuerzos gubernamentales se han puesto más en temas de infraestructura, del currículo y en la gratuidad con el fin de mejorar el acceso (lo que sin duda es muy bueno), pero con un cierto desprecio por reivindicar la cultura, el derecho a la palabra y al diálogo, con todos los componentes complejos propios de una sociedad envuelta en las tecnologías de la información y el mundo de las aplicaciones.
Seguiré un par de semanas más pensando sobre si escribiré del contrato de Lionel Messi o sobre las estructuras que están impidiendo que los profesores seamos buenos educadores y espero que ustedes, los que leen esta opinión, reflexionen también.